martes, 29 de mayo de 2018

El Estado soy yo

Todavía no logro procesar lo que seguramente será una de las anécdotas más bizarras en mis años de andanzas en el metro. 
Regresaba alegremente (NOT) del estúpido diplomado que cada vez me hace dudar más de qué diablos voy a hacer con mi vida cuando me atravesé con algo particular. En los torniquetes del metro, vi a una mujer todavía joven, vestida de una forma que me hizo pensar que venía de un festival de Jane Austen.  Llevaba un vestido blanco largo, algo que podría haber sido un vestido de novia en algún momento, de encaje, corte imperio y manga corta, con un sombrerito de fieltro color café, bastante gastado y una gargantilla de terciopelo. Iba acompañada de una chavita, le calculé unos doce años, que me llamó la atención por el vestido de gasa corte imperio y la muñeca que llevaba cargando. Otra vez pensé que sería una de esas personas estrafalarias que andan disfrazadas por la calle de regreso de un festival. Yo he andado caminando por la calle con un gigantesco vestido medieval y corona sin problema alguno. También es común que ande por ahí con una sombrilla, tengo la hindú y la de encaje, pero con este sol a veces lo más práctico es usar el paraguas que se puede doblar y así no andar golpeando gente inocente. ¡Es normal! Seguí mi camino alegremente y noté que se subieron al mismo camión que yo, pero siendo la loca paranoica que soy me fui a sentar al fondo flanqueada por dos hombres corpulentos que parecían estar muy ocupados en su propio pedo como para ser peligrosos y que servirían de muro humano en caso de irrupción delincuencial. Me puse el iPod y me dediqué a pensar en la salida de Andrew Lincoln de The Walking Dead y en las probabilidades de éxito de dejar a Daryl Dixon como líder del programa. No me malinterpreten, amo a Daryl con todo mi corazón y sus brazos sosteniendo una ballesta son un poema, pero no es material de líder en especial después de cómo han masacrado su personaje en las últimas temporadas. Si no hubieran matado a Carl hubieran podido sostener la serie otros diez años más pero ya es muy tarde, lo hicieron y sospecho que el programa morirá en cuestión de una temporada.

Pensaba en asuntos importantes, pues... al menos hasta que la cosa se puso extraña. 

De repente subió una señora que amablemente se acercó al asiento de la dama del atuendo particular y le pidió permiso, ya que previamente había colocado una gran bolsa de basura junto a ella en el asiento vacante, pero se lo negó. Categóricamente le dijo que estaba apartado. El amigo que estaba sentado junto a mí le dijo, "aquí hay espacio señora" y todos nos recorrimos para hacerle lugar.  Yo seguí adelante preguntándome cómo diablos llegó una canción de Ana Gabriel a mi iPod cuando empezó la conmoción. Mi vecino le explicaba a la señora que la dama del apartado siempre era así, que ya se la había encontrado varias veces y que con ella se portó decente porque si hubiera sido hombre... en ese momento, la señora de la gargantilla empezó  a quejarse en voz alta  en dirección de todos los infelices pasajeros que compartíamos su limusina, que teníamos que "respetar", que no tenía que compartir el asiento con nosotros si no quería porque no somos iguales (me incluyo, porque iba en el camión), que éramos unos cochinos comunistas (COMUNISTAS), indios infelices que no sabíamos que no éramos iguales porque ella es "la reina de México" (lo juro por Dios y no lo dijo en el tono que yo uso para declararme emperatriz del mundo). Claro, resentidos sociales, indios, negros, aunque también había indios blancos y príncipes morenos. Que ella era nobleza, que descendía de los Borbones y no recuerdo quién le había quitado los terrenos que tenía su familia en las Lomas. 
En este punto, nadie le respondía y aunque el camión estaba oscuro sospecho que todos estaban igual de conmocionados que yo porque mi otro vecino se quitó discretamente los audífonos para saber qué pasaba, igual que yo. 

"Es un soliloquio, así se va todo el camino, a veces hasta San Juan", insistió mi vecino que seguía hablando con la señora incrédula que había desatado la ira de la aristócrata. 
Después comenzó la perorata sobre la propiedad privada, porque no somos comunistas, no estamos en Cuba, si queremos igualdad y tener cosas que no nos ganamos, que nos fuéramos a Cuba. En ese momento, la chavita del vestido rosa, que parecía tener teñido el cabello de rojo y llevaba inexplicablemente una muñeca a pesar de encontrarse en la temprana pubertad, tímidamente intervino para sugerirle a la aristócrata "o en Rusia", aunque su esfuerzo por participar pasó desapercibido para su indignada señoría. "La clase media no se sube aquí, con ustedes, mugrosos, porque tienen coche".  Ya después comenzó a dirigir su ira hacia Lope Obrador, "su López Obrador, quieren que les de todo sin trabajar, pero ya verán".   Yo estaba asombrada.

¿Qué diablos?

"Lo que se merecen es un Franco que los ponga a trabajar". Al final hubo un poco más de gritos del tipo "ateos", "lean la Biblia" etc., al menos hasta que se bajó al llegar al Palacio Municipal. 

La vi en la calle y me pregunté si era legal que tuviera la custodia de la chavita. 

Finalmente, mis vecinos siguieron su camino platicando hasta que la señora se bajó y un par de cuadras después me bajé yo.

Irónicamente, la clase de hoy se trató del siglo XVII y los monarcas absolutos. Who knew!

jueves, 17 de mayo de 2018

Adulting

Me pasó una cosa de lo más extraña la semana pasada pero por alguna razón lo olvidé... ah, si, fue el desastroso día de las madres que pasé y que seguramente me dejó más amargada de lo que ya estoy.

Bien, manejaba alegremente cuando pasó a mi lado un joven afro pidiendo dinero (no me refiero al peinado, sólo sé que era negro y no hablaba bien el idioma así que no me atrevo a aventurar alguna suposición sobre su origen). Le di algunas monedas, lo suficiente para una coca y una torta en mis cálculos del Oxxo cuando me dijo algo. Al principio no le entendí y entonces hizo el además de fumar. Creí que quería un cigarro pero me dijo que no: "No fumes". 

Huh?

Siguió diciéndome que me hacia daño y que no fumara, no todos los días, sólo a veces, con moderación. Le sonreí y le dije que sólo se vive una vez. 
Se puso el siga y me dio un apretón en el hombro. 

Pasé el resto del camino preguntándome. ¿Me acaba de dar un sermón de salud un completo desconocido que probablemente atravesó un espantoso camino lleno de calamidades para escapar de alguna guerra civil o pobreza extrema? ¡No mames, en esas circunstancias fumar es el menor de los males!

Extrañamente me sentí mal, como niña regañada, lo que no suele pasarme. Por lo general cuando alguien critica a los fumadores les recuerdo que si yo no ando preguntándoles a quién se cogen o los regaño por comer animalejos inocentes y ser parte del sistema de tortura y aberración del consumo de carne, no deberían meterse en lo que hago con mi cuerpo porque es mío.

Pero ese día no pude, hasta regresé por otro camino para no encontrármelo y que me cachara con el cigarro en la mano. Me sentí cohibida, qué chafa soy. 

¡Qué diablos!


viernes, 16 de marzo de 2018

Soy una amargada

La gente es patana, eso es todo. Hágame usted el favor, ayer, después de una larga tarde del "curso rápido para jugar a Indiana Jones", estaba a punto de bajar del camión para tomar el taxi a mi casa cuando un imbécil encaramado al tubo donde estaba el timbre a manera de odalisca se rehusó a moverse.

Grandísimo pendejo, hijo de tu repuestísima madre! Le cedí mi asiento en el metro a una mujer embarazada con un niño y me quedé aplastada durante seis estaciones con mis delicados pies hechos chicharrón, el karma dicta que seas gentil conmigo, pero no.

Se lo pedí amablemente, con el clásico "disculpa, podrías...", pero nada.

¡Eres un patán asqueroso embutido en un traje de tres pesos, hazte a un lado, bestia!

No se lo dije, pero tenía ganas. Por suerte, alguien más, en las filas más adelante de mí tocó el timbre y el camión se detuvo.

Sólo quiero decir que no es prudente retar a una dama de cierta edad armada con una sombrilla. Tengo muchas armas y tú podrías quedarte sin ojos.

¡DECIDE!

jueves, 15 de marzo de 2018

Estoy tocando el violín más pequeño del mundo

Preparaba mi mochila para ir a desperdiciar mi tarde con esos narcisos imbéciles que me tratan como si jamás hubiera visto un documento viejo en mi vida o tuvieran muchísimo que enseñarme sólo porque soy la persona más colorida de la habitación (en serio, eres una estudiante, ponle color a tu vida, verte me deprime), cuando reparé en algo: 

Los hombres son cobardes y cuando se les enfrenta con su propia cobardía se hacen las víctimas.

Pensaba en eso por lo que me dijo el capitán Benwick cuando les reclamé que se hubieran cagado de risa en mi cara cuando les pedí que hablaran con el contador para que dejara de acosar a una de las becarias, (que de plano tuve que esconder en mi oficina varias veces). ¿Saben qué dijo? "¿qué por qué  yo me reí cuando la ingeniera lo acosaba a él?" ¡No mames! ¿Yo tenía que protegerlo de una mujer de la mitad de su altura y peso?  Una mujer lo llama un domingo en la noche para decirle que lo extraña durante el periodo vacacional y ya está en peligro.

No mames.

Apuesto que ningún hombre se pregunta de lo más casual dónde será mejor guardar el pepper spray, el taser y la navaja con utensilios para cortar cinturones de seguridad y romper vidrios con la misma normalidad con la que se pregunta qué sombrero usará hoy. 



¿Lo ven?

Por eso, una llamada de teléfono (en la que no se queden respirando, hagan amenazas de muerte o digan obscenidades, que seguramente también le pasan a esos pobre mártires con testosterona) no me preocupa. 

MAN UP!

Ah y sobre el clásico. "a los hombres también los matan", sólo quisiera saber qué porcentaje de los cadáveres masculinos que aparecen diario tienen rastros de abuso sexual. 

ASÍ NO SE PINCHES PUEDE!


(Nota, todo el odio de esta entrada se dirige a los hombres adultos que opinan con la sabiduría de un asno borracho, no a los adolescentes, niños explotados todos los días y peor que en la antigua Roma o cualquier adulto sobreviviente de abuso. Ustedes son mis hermanos.)

Otra cosa que estoy segura que nunca le pasó a un hombre fue cargar con una estampa y una oración a Santa Inés para que te proteja de los violadores por recomendación de tu devotísima abuela. Sí, bueno, yo cargaba con una en cuanto me compraron mi primer y espantoso brasier de entrenamiento. 
Santa Inés.
 Había otras santas que intentaron violar pero Dios las protegió y mi abuela adoraba contarme sus historias continuamente en mi más impresionable infancia. Ya no recuerdo quienes eran, sólo que a una la llevaron a los burdeles de la ciudad para que la violaran pero Dios la protegió y a otra, la salvó dejando ciego al violador.

Ah, pero a ustedes les contaban cuentos de vaqueros y astronautas, ¿no? 

Mejor cállense y vayan a chillarle a su mamá. 

Gracias.

Y para que no digan que soy una amargada que odia a todo el mundo (sí, lo soy) le contaré que la otra vez vi algo maravilloso en la catedral.  Un sujeto usando una playera de Batman estaba bailando y ¿cantando, rezando? bajo un rayo de sol que se colaba frente al Cristo del veneno.

Fue la cosa más extraña y espectacular del mundo.




lunes, 12 de marzo de 2018

Una de las muchas reinas de las nieves

Ay Dios, tengo muchos problemas para estas pendejadas. En primer lugar, tengo que escapar de las atenciones del sujeto del museo que ya había olvidado que existía (y que había bateado varias veces anteriormente) hasta que descubrí que se metió al mismo diplomado que yo (aunque él se encargó de recordarme su existencia), buscar un proyecto, qué hacer con mi vida, alimentar a mis perrihijos, depositarles a los cachorros de los albergues con los que me comprometí y manejar mi depresión como para soportar berrinches.
Ay, cómo extraño a mis señoras de pintura.

El problema es muy sencillo: hablar. No se puede hablar con la gente y gracias a las señoras de la clase de pintura ya decidí que no es mi culpa. Hubo un tiempo en el que pensé que me había engañado a mí misma, que toda la época en la que recorría la ciudad en compañía de Jane y Fanny, al compás de Belle & Sebastian o Blur, había sido una fantasía, pero no. El problema es la gente.

Las veía una vez a la semana y pintábamos, dibujamos y reíamos... pero sobre todo, la pasábamos bien. Había chismes y una vez a la semana, sólo una vez, podíamos hablar de Van Gogh y sus amores frustrados o de Klimt o cualquier otro artista que a nadie le importa más a que a pocas personas, Hopper, cualquiera, después hablábamos de libros, telenovelas y actrices olvidadas.  Era una conversación que no dejaba de fluir. Maravilloso.

¡Tan bonito!

En especial después de las pendejadas mesíanicas o grupos de herejes musulmanes que interrumpen en mi vida como si fuera tan pendeja como para dejarme impresionar por un hijab.

¡Estudié historia de la religión durante cuatro años!  ¡Me propusieron matrimonio en Egipto a los 12 años, no mames!

Sin mencionar que el único '8' que saqué en esa materia fue porque llegue ebria al examen de historia del Islam.
¡Perdón!

Me arrepiento (no es cierto), pero queda como testimonio de mi profundo respeto por la religión (porque esa es la peor parte, los respeto más que a cualquier hermano disidente cristiano) el que todavía sea amiga de la señora esposa del dueño de la tienda de souvenirs de Jordania a la que conocí hace algunos años. Maha es una persona maravillosa.
 ¿Cuál es la diferencia?

¡Ella es una musulmana de verdad!

He ido a Egipto, Turquía y Jordania... y recuerdo perfectamente la mágica llamada a la oración en el horizonte o la tarde en la que estaba en una tienda de souvenirs en Luxor y el señor vendedor vio el Cristo que llevaba en el cuello. Se detuvo en seco y señaló un tatuaje a en su muñeca, una cruz, una simple cruz. Así nos identificamos como hermanos. Fue un momento espectacular, justo en el periodo de adolescencia en el que me cuestionaba el milagro de la transustaciación y mi fe en el dogma que enumera el credo.
 Jane y yo fuimos amigas durante más de quince años y sin embargo nunca, nunca intentó imponerme sus creencias (su madre sí, pero ese es otro cuento). En todo caso, podría recordar cuando caminábamos en la oscuridad de la noche por las calles del centro, solas, rogándole a Dios que se ocupara de nosotras cuando ella dijo:

– No te preocupes, Dios, nos cuida.
– Lo sé, por eso traigo a San Benito.
 Saqué mi medalla de su escondite y Jane se escandalizó. ¡No!
– No, Jimena, eso es idolatría.
Y no se lo discutí. Los católicos deberíamos saber en que tradición nos metimos.


No soporto a las sectas y si eso me hace intolerante, que así sea. Tal vez me equivoqué de niña: sí puedo ser mártir.  La madre Esther se paseaba por el salón hablándonos de Santa Teresita y yo pensaba que no dejaría que me decapitaran en nombre de Jesús, pero no sabía en realidad de lo que era capaz. Mi vida no tiene importancia alguna.  Era una niña llena de ilusiones y esperanza. Creía que crecería para formar una familia pero no pasó. Tengo 33 años:

Hagan lo que tengan que hacer.

Creo en un Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra...

Nunca, nunca, había visto un espectáculo tan patético como el que vi entre esos payasos de la secta de herejes que se atreven a llamarse "musulmanes". No lo son, son herejes. ¡Son una secta, admítanlo!


AKBAR EL GRANDE ERA UN MUSULMAN, NO USTEDES, IDIOTAS!

Pero ya lo superé, o al menos eso intentaba, hasta que Miss Lucas me hizo un drama tipo "ya no me quieres" y me colmó la paciencia.

No mames, tengo preocupaciones más importantes!


Dijo que ya sabía lo que haría, que le daría largas hasta olvidarla y fingir que sólo era un mal recuerdo.
Lo negué a muerte pero en realidad mentí. Eso es exactamente lo que planeo hacer. Tengo demasiados problemas justo ahora y no tengo ánimo para ocuparme de dramas que no necesito.

Debería agradecerle a Fanny y Jane el haberme enseñado el camino para deshacerme de las personas que me estorban, pero eso significaría el admitir que pienso en ellas y mi orgullo no tiene espacio para ello.

Sólo seguiré adelante, como pueda y que todo el mundo alrededor se caiga muerto porque no me importa.

¡Y no me importa!

Ahora, le deseo que tenga una semana agradable y siga con su vida de la mejor manera.

Saludos.


domingo, 11 de febrero de 2018

Volando como nunca lo hiciera caballo alguno

El viernes en la noche me tuve que enfrentar a un fea realidad: Soy una desgraciada.

Estaba echada pacíficamente, leyendo De hombres y ratones,  cuando Miss Lucas llamó. La verdad es que no contesté porque detesto hablar por teléfono (sí, lo detesto y aunque lo mencioné sutilmente parece que a ella no le importa y me ha llegado a tener una hora pegada al puto aparato y a marcar diez veces cuando me niego a contestar) y en segundo lugar porque odio todavía más las historias de intereses amorosos y tener que inventar pendejadas para hacer sentir mejor a la otra persona cuando en realidad podría soltar la verdad y resumirlo de la siguiente forma: STOP WHORING AROUND! Pueden ser entretenidas de vez en cuando pero no cuando se ponen sórdidas y se multiplican sin control. Sí, ya sé que soy una amargada, pero detesto darle vueltas al mismo tema una y otra vez, en especial cuando el grupo de señoras en pintura me ha hecho reír de nuevo. Son maravillosas y muy divertidas. 

No contesté, me hice pendeja y justo cuando Lenny forcejeaba con la mujer de Curley porque no dejaba de gritar y él solo quería que se callara para que George lo dejara cuidar de los conejos porque prometió no meterse en líos, pero fue un accidente y... volvió a sonar. Lo apagué y dejé morir la pila deliberadamente. 

Ah, pero ahí no se acaba mi maldad, no. No sé si fue ayer o tal vez hoy, quién sabe (oh, sí, debió haber sido ayer porque hoy estuve trabajando en el jardín), pero me habló y contesté. Su jefe resultó ser un acosador sexual aprovechado que hizo lo posible por embriagarla lo suficiente para ponerle sus asquerosas manos encima pero por suerte se lo logró quitar de encima. Supongo que debería hacer algo, no sé, reconfortarla tal vez pero no puedo. 

Miento mucho, más que nada porque la honestidad está sobrevalorada y de hecho es contraproducente. Si me dicen que me quieren y me adoran, yo lo exagero y resulta que todos nos adoramos y seremos amigos para siempre... pero es pura cortesía. Es que no quiero herir los sentimientos de nadie. No es culpa de los demás que yo no los tenga. Tal vez es amargura o un deseo perverso de venganza o retribución, quién sabe. ¿Por qué tendría que estar ahí consolando a alguien cuando nadie estuvo ahí para mí? ¿Quién estuvo ahí cuando se me murió Rito, cuando me atacó el maniaco del bosque o mi papá me impidió ir al funeral de mi abuela, quién ha estado ahí? ¡Mi psiquiatra! 
Ya tengo mis cruces de nacimiento, no me voy a echar más encima. 

Gracias, no.



jueves, 5 de octubre de 2017

Yodo

Por alguna razón, mis amigas nunca me cuentan todos los sórdidos detalles de los eventos de sus vidas. ¡Yo lo hago! Por alguna razón, Mrs. Weston me está ocultando detalles importantes sobre el cortejo del maestro de Zumba y eso lo sé porque el lunes, que desayunábamos en pants como dos señoras, se le salió "lo de los mensajes" y luego siguió hablando como si hubiera reparado en el error y quisiera evitar el tema y después (en realidad una semana antes), Miss Lucas no quería contarme que había ido a un lugar de esos de mala nota donde una serie de fulanas bailan para sacarle dinero a un montón de hombres patéticos que en realidad no pueden costearlas... puteros, pues. ¿Me espanta?  Claro! Lo admito, pero a mí me horroriza la desnudez en general, la de todos y acepto que hice un esfuerzo para mantenerme neutral cuando mencionó un baile privado pero no soy nadie para juzgar (especialmente porque llegué cruda al desayuno) y nunca les digo nada. ¿Las juzgo? ¡También! Pero yo juzgo a todos, incluyéndome, sólo que no lo digo. Ahí está el asunto de mi temor infantil a que me leyeran la mente. Creo que estaría en primaria, en los últimos años y me aterrorizaba que la gente supiera lo que pensaba sobre ellos.  Ya sé, es una locura, pero era una niña rara y sin amigos. 

Los libros dañan a la gente, hoy, que me cancelaron la clase, decidí deliberadamente que no saldría de mi cuarto y me quedaría a leer. No tenía una buena razón para ir muy lejos, aunque sí salí un rato a la terraza a echarme sobre los cojines con los perros a ver las nubes, fue muy agradable. También les di de comer pero no tuve la energía para bajar al jardín, así que limité mis actividades. Hoy leímos cosas maravillosas sobre los Papas más escandalosos del Renacimiento. ¡Puro chisme jugoso! Cada vez que me sienta mal conmigo misma pensaré en ellos y diré: soy una santa. Mis grandes pecados siguen siendo la gula y la vanidad. 

No tengo la consciencia tranquila pero en realidad... ¿quién la tiene?