viernes, 16 de marzo de 2018

Soy una amargada

La gente es patana, eso es todo. Hágame usted el favor, ayer, después de una larga tarde del "curso rápido para jugar a Indiana Jones", estaba a punto de bajar del camión para tomar el taxi a mi casa cuando un imbécil encaramado al tubo donde estaba el timbre a manera de odalisca se rehusó a moverse.

Grandísimo pendejo, hijo de tu repuestísima madre! Le cedí mi asiento en el metro a una mujer embarazada con un niño y me quedé aplastada durante seis estaciones con mis delicados pies hechos chicharrón, el karma dicta que seas gentil conmigo, pero no.

Se lo pedí amablemente, con el clásico "disculpa, podrías...", pero nada.

¡Eres un patán asqueroso embutido en un traje de tres pesos, hazte a un lado, bestia!

No se lo dije, pero tenía ganas. Por suerte, alguien más, en las filas más adelante de mí tocó el timbre y el camión se detuvo.

Sólo quiero decir que no es prudente retar a una dama de cierta edad armada con una sombrilla. Tengo muchas armas y tú podrías quedarte sin ojos.

¡DECIDE!

jueves, 15 de marzo de 2018

Estoy tocando el violín más pequeño del mundo

Preparaba mi mochila para ir a desperdiciar mi tarde con esos narcisos imbéciles que me tratan como si jamás hubiera visto un documento viejo en mi vida o tuvieran muchísimo que enseñarme sólo porque soy la persona más colorida de la habitación (en serio, eres una estudiante, ponle color a tu vida, verte me deprime), cuando reparé en algo: 

Los hombres son cobardes y cuando se les enfrenta con su propia cobardía se hacen las víctimas.

Pensaba en eso por lo que me dijo el capitán Benwick cuando les reclamé que se hubieran cagado de risa en mi cara cuando les pedí que hablaran con el contador para que dejara de acosar a una de las becarias, (que de plano tuve que esconder en mi oficina varias veces). ¿Saben qué dijo? "¿qué por qué  yo me reí cuando la ingeniera lo acosaba a él?" ¡No mames! ¿Yo tenía que protegerlo de una mujer de la mitad de su altura y peso?  Una mujer lo llama un domingo en la noche para decirle que lo extraña durante el periodo vacacional y ya está en peligro.

No mames.

Apuesto que ningún hombre se pregunta de lo más casual dónde será mejor guardar el pepper spray, el taser y la navaja con utensilios para cortar cinturones de seguridad y romper vidrios con la misma normalidad con la que se pregunta qué sombrero usará hoy. 



¿Lo ven?

Por eso, una llamada de teléfono (en la que no se queden respirando, hagan amenazas de muerte o digan obscenidades, que seguramente también le pasan a esos pobre mártires con testosterona) no me preocupa. 

MAN UP!

Ah y sobre el clásico. "a los hombres también los matan", sólo quisiera saber qué porcentaje de los cadáveres masculinos que aparecen diario tienen rastros de abuso sexual. 

ASÍ NO SE PINCHES PUEDE!


(Nota, todo el odio de esta entrada se dirige a los hombres adultos que opinan con la sabiduría de un asno borracho, no a los adolescentes, niños explotados todos los días y peor que en la antigua Roma o cualquier adulto sobreviviente de abuso. Ustedes son mis hermanos.)

Otra cosa que estoy segura que nunca le pasó a un hombre fue cargar con una estampa y una oración a Santa Inés para que te proteja de los violadores por recomendación de tu devotísima abuela. Sí, bueno, yo cargaba con una en cuanto me compraron mi primer y espantoso brasier de entrenamiento. 
Santa Inés.
 Había otras santas que intentaron violar pero Dios las protegió y mi abuela adoraba contarme sus historias continuamente en mi más impresionable infancia. Ya no recuerdo quienes eran, sólo que a una la llevaron a los burdeles de la ciudad para que la violaran pero Dios la protegió y a otra, la salvó dejando ciego al violador.

Ah, pero a ustedes les contaban cuentos de vaqueros y astronautas, ¿no? 

Mejor cállense y vayan a chillarle a su mamá. 

Gracias.

Y para que no digan que soy una amargada que odia a todo el mundo (sí, lo soy) le contaré que la otra vez vi algo maravilloso en la catedral.  Un sujeto usando una playera de Batman estaba bailando y ¿cantando, rezando? bajo un rayo de sol que se colaba frente al Cristo del veneno.

Fue la cosa más extraña y espectacular del mundo.




lunes, 12 de marzo de 2018

Una de las muchas reinas de las nieves

Ay Dios, tengo muchos problemas para estas pendejadas. En primer lugar, tengo que escapar de las atenciones del sujeto del museo que ya había olvidado que existía (y que había bateado varias veces anteriormente) hasta que descubrí que se metió al mismo diplomado que yo (aunque él se encargó de recordarme su existencia), buscar un proyecto, qué hacer con mi vida, alimentar a mis perrihijos, depositarles a los cachorros de los albergues con los que me comprometí y manejar mi depresión como para soportar berrinches.
Ay, cómo extraño a mis señoras de pintura.

El problema es muy sencillo: hablar. No se puede hablar con la gente y gracias a las señoras de la clase de pintura ya decidí que no es mi culpa. Hubo un tiempo en el que pensé que me había engañado a mí misma, que toda la época en la que recorría la ciudad en compañía de Jane y Fanny, al compás de Belle & Sebastian o Blur, había sido una fantasía, pero no. El problema es la gente.

Las veía una vez a la semana y pintábamos, dibujamos y reíamos... pero sobre todo, la pasábamos bien. Había chismes y una vez a la semana, sólo una vez, podíamos hablar de Van Gogh y sus amores frustrados o de Klimt o cualquier otro artista que a nadie le importa más a que a pocas personas, Hopper, cualquiera, después hablábamos de libros, telenovelas y actrices olvidadas.  Era una conversación que no dejaba de fluir. Maravilloso.

¡Tan bonito!

En especial después de las pendejadas mesíanicas o grupos de herejes musulmanes que interrumpen en mi vida como si fuera tan pendeja como para dejarme impresionar por un hijab.

¡Estudié historia de la religión durante cuatro años!  ¡Me propusieron matrimonio en Egipto a los 12 años, no mames!

Sin mencionar que el único '8' que saqué en esa materia fue porque llegue ebria al examen de historia del Islam.
¡Perdón!

Me arrepiento (no es cierto), pero queda como testimonio de mi profundo respeto por la religión (porque esa es la peor parte, los respeto más que a cualquier hermano disidente cristiano) el que todavía sea amiga de la señora esposa del dueño de la tienda de souvenirs de Jordania a la que conocí hace algunos años. Maha es una persona maravillosa.
 ¿Cuál es la diferencia?

¡Ella es una musulmana de verdad!

He ido a Egipto, Turquía y Jordania... y recuerdo perfectamente la mágica llamada a la oración en el horizonte o la tarde en la que estaba en una tienda de souvenirs en Luxor y el señor vendedor vio el Cristo que llevaba en el cuello. Se detuvo en seco y señaló un tatuaje a en su muñeca, una cruz, una simple cruz. Así nos identificamos como hermanos. Fue un momento espectacular, justo en el periodo de adolescencia en el que me cuestionaba el milagro de la transustaciación y mi fe en el dogma que enumera el credo.
 Jane y yo fuimos amigas durante más de quince años y sin embargo nunca, nunca intentó imponerme sus creencias (su madre sí, pero ese es otro cuento). En todo caso, podría recordar cuando caminábamos en la oscuridad de la noche por las calles del centro, solas, rogándole a Dios que se ocupara de nosotras cuando ella dijo:

– No te preocupes, Dios, nos cuida.
– Lo sé, por eso traigo a San Benito.
 Saqué mi medalla de su escondite y Jane se escandalizó. ¡No!
– No, Jimena, eso es idolatría.
Y no se lo discutí. Los católicos deberíamos saber en que tradición nos metimos.


No soporto a las sectas y si eso me hace intolerante, que así sea. Tal vez me equivoqué de niña: sí puedo ser mártir.  La madre Esther se paseaba por el salón hablándonos de Santa Teresita y yo pensaba que no dejaría que me decapitaran en nombre de Jesús, pero no sabía en realidad de lo que era capaz. Mi vida no tiene importancia alguna.  Era una niña llena de ilusiones y esperanza. Creía que crecería para formar una familia pero no pasó. Tengo 33 años:

Hagan lo que tengan que hacer.

Creo en un Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra...

Nunca, nunca, había visto un espectáculo tan patético como el que vi entre esos payasos de la secta de herejes que se atreven a llamarse "musulmanes". No lo son, son herejes. ¡Son una secta, admítanlo!


AKBAR EL GRANDE ERA UN MUSULMAN, NO USTEDES, IDIOTAS!

Pero ya lo superé, o al menos eso intentaba, hasta que Miss Lucas me hizo un drama tipo "ya no me quieres" y me colmó la paciencia.

No mames, tengo preocupaciones más importantes!


Dijo que ya sabía lo que haría, que le daría largas hasta olvidarla y fingir que sólo era un mal recuerdo.
Lo negué a muerte pero en realidad mentí. Eso es exactamente lo que planeo hacer. Tengo demasiados problemas justo ahora y no tengo ánimo para ocuparme de dramas que no necesito.

Debería agradecerle a Fanny y Jane el haberme enseñado el camino para deshacerme de las personas que me estorban, pero eso significaría el admitir que pienso en ellas y mi orgullo no tiene espacio para ello.

Sólo seguiré adelante, como pueda y que todo el mundo alrededor se caiga muerto porque no me importa.

¡Y no me importa!

Ahora, le deseo que tenga una semana agradable y siga con su vida de la mejor manera.

Saludos.


domingo, 11 de febrero de 2018

Volando como nunca lo hiciera caballo alguno

El viernes en la noche me tuve que enfrentar a un fea realidad: Soy una desgraciada.

Estaba echada pacíficamente, leyendo De hombres y ratones,  cuando Miss Lucas llamó. La verdad es que no contesté porque detesto hablar por teléfono (sí, lo detesto y aunque lo mencioné sutilmente parece que a ella no le importa y me ha llegado a tener una hora pegada al puto aparato y a marcar diez veces cuando me niego a contestar) y en segundo lugar porque odio todavía más las historias de intereses amorosos y tener que inventar pendejadas para hacer sentir mejor a la otra persona cuando en realidad podría soltar la verdad y resumirlo de la siguiente forma: STOP WHORING AROUND! Pueden ser entretenidas de vez en cuando pero no cuando se ponen sórdidas y se multiplican sin control. Sí, ya sé que soy una amargada, pero detesto darle vueltas al mismo tema una y otra vez, en especial cuando el grupo de señoras en pintura me ha hecho reír de nuevo. Son maravillosas y muy divertidas. 

No contesté, me hice pendeja y justo cuando Lenny forcejeaba con la mujer de Curley porque no dejaba de gritar y él solo quería que se callara para que George lo dejara cuidar de los conejos porque prometió no meterse en líos, pero fue un accidente y... volvió a sonar. Lo apagué y dejé morir la pila deliberadamente. 

Ah, pero ahí no se acaba mi maldad, no. No sé si fue ayer o tal vez hoy, quién sabe (oh, sí, debió haber sido ayer porque hoy estuve trabajando en el jardín), pero me habló y contesté. Su jefe resultó ser un acosador sexual aprovechado que hizo lo posible por embriagarla lo suficiente para ponerle sus asquerosas manos encima pero por suerte se lo logró quitar de encima. Supongo que debería hacer algo, no sé, reconfortarla tal vez pero no puedo. 

Miento mucho, más que nada porque la honestidad está sobrevalorada y de hecho es contraproducente. Si me dicen que me quieren y me adoran, yo lo exagero y resulta que todos nos adoramos y seremos amigos para siempre... pero es pura cortesía. Es que no quiero herir los sentimientos de nadie. No es culpa de los demás que yo no los tenga. Tal vez es amargura o un deseo perverso de venganza o retribución, quién sabe. ¿Por qué tendría que estar ahí consolando a alguien cuando nadie estuvo ahí para mí? ¿Quién estuvo ahí cuando se me murió Rito, cuando me atacó el maniaco del bosque o mi papá me impidió ir al funeral de mi abuela, quién ha estado ahí? ¡Mi psiquiatra! 
Ya tengo mis cruces de nacimiento, no me voy a echar más encima. 

Gracias, no.



jueves, 5 de octubre de 2017

Yodo

Por alguna razón, mis amigas nunca me cuentan todos los sórdidos detalles de los eventos de sus vidas. ¡Yo lo hago! Por alguna razón, Mrs. Weston me está ocultando detalles importantes sobre el cortejo del maestro de Zumba y eso lo sé porque el lunes, que desayunábamos en pants como dos señoras, se le salió "lo de los mensajes" y luego siguió hablando como si hubiera reparado en el error y quisiera evitar el tema y después (en realidad una semana antes), Miss Lucas no quería contarme que había ido a un lugar de esos de mala nota donde una serie de fulanas bailan para sacarle dinero a un montón de hombres patéticos que en realidad no pueden costearlas... puteros, pues. ¿Me espanta?  Claro! Lo admito, pero a mí me horroriza la desnudez en general, la de todos y acepto que hice un esfuerzo para mantenerme neutral cuando mencionó un baile privado pero no soy nadie para juzgar (especialmente porque llegué cruda al desayuno) y nunca les digo nada. ¿Las juzgo? ¡También! Pero yo juzgo a todos, incluyéndome, sólo que no lo digo. Ahí está el asunto de mi temor infantil a que me leyeran la mente. Creo que estaría en primaria, en los últimos años y me aterrorizaba que la gente supiera lo que pensaba sobre ellos.  Ya sé, es una locura, pero era una niña rara y sin amigos. 

Los libros dañan a la gente, hoy, que me cancelaron la clase, decidí deliberadamente que no saldría de mi cuarto y me quedaría a leer. No tenía una buena razón para ir muy lejos, aunque sí salí un rato a la terraza a echarme sobre los cojines con los perros a ver las nubes, fue muy agradable. También les di de comer pero no tuve la energía para bajar al jardín, así que limité mis actividades. Hoy leímos cosas maravillosas sobre los Papas más escandalosos del Renacimiento. ¡Puro chisme jugoso! Cada vez que me sienta mal conmigo misma pensaré en ellos y diré: soy una santa. Mis grandes pecados siguen siendo la gula y la vanidad. 

No tengo la consciencia tranquila pero en realidad... ¿quién la tiene?


O algo así

"Hijo, no importa lo que te digan, no hay vergüenza en escapar vivo."

Homero Simpson

sábado, 30 de septiembre de 2017

La cochina duda

Tengo que confesar que me preocupa el Capitán Benwick. No sé cómo le haya ido en el temblor y no tuve teléfono por días, aunque de todas formas no creo que sea apropiado escribirle, sería peor. También está su familia, su mamá y primos en Oaxaca. Nunca lo agregué a Facebook y él nunca me agregó a mí así que no hay forma de saberlo. No, mejor no lo molesto. No es como si pudiera hacer nada por él, en cambio sólo puedo fastidiarlo más. Soy perra pero no tan perra.