viernes, 20 de enero de 2017

Maten a Tom Cruise

Les contaré algo sobre la depresión, la clínica y resistente. Muchas veces, como parte de todo el proceso, uno se siente responsable y culpable. "No le estoy echando ganas", como si fuera un defecto, una huevonería, una mamonería. "No estoy haciendo suficiente" y ahí se queda la culpa. "Debería comer mejor, hacer ejercicio, dejar de beber, trabajar y hacer cosas útiles". Entonces a la vergüenza y la desesperanza se suma la culpa porque se sabe (créanme, estamos conscientes) que nuestra tristeza, llanto y devastación afecta a los demás. Fingir gripe para justificar las señales del llanto o pasar tiempo absurdo en la regadera para ahogar el sonido de los chillidos se vuelve costumbre. A la gente no le gusta la tristeza. Llega un momento en el que se piensa que no hay remedio, que la mera existencia fue un error y que sólo se está desperdiciando aire... ahí es donde entran los medicamentos.

Los he probado todos, absolutamente todos. Puedo separar los periodos de mi vida a partir de los medicamentos que psicólogos, terapeutas familiares y psiquiatras me han recetado desde los 13 años. No estoy orgullosa, al contrario, pero uno de los maravillosos efectos secundarios de los antipsicóticos es la honestidad libre, sin culpa ni vergüenza. 
El domingo pasado me mandaron Zyprexa una vez más, no el normal, parece que Zyprexa Zydis engorda menos y la dosis es realmente muy pequeña. 
¿A dónde va este post? A mentar algunas madres y si fuera posible, asegurarle a cualquier otro infeliz que no sepa el por qué de su devastación cotidiana que sí hay remedio, que no es su culpa.

A cinco días de medicarme como Dios manda, Luvox en la mañana, Wellbutrin y un cuartito de Zyprexa Zydis en la noche, el ánimo y la capacidad para existir es tan absurda y diametralmente diferente que sólo puedo prender una veladora y darle gracias a Dios por la farmacología moderna... y si se nos cuela una oración por la muerte de la cientología, mejor.  
En dos días me mudé de oficina, armé un artículo en borrador, desarme, trasladé y arme de nuevo dos estanterías para mi pequeña biblioteca, me improvisé mamparas para la privacidad de mi bello acervo, imprimí papeletas, hice catálogos y me revolqué en la alegría de estar de nuevo sola, lejos de Monsieur LeGrand en un área para mí solita y mis libros. Eso haré, pondré un letrero en mi nueva oficina, que tiene ventana y vista al estacionamiento (YES!) "Khalessi del Mar de Libros". Bajé canciones y bailé, usé un collar que mi hermana me regaló cuando estaba en secundaria y nunca había sabido con qué ponérmelo, eché agua bendita en las oficinas donde alguna vez habitó la Sra. Elliot, bailé mientras movía libros y me debatía si pintar mi carrito de bibliotecaria de color azul o gris azulado, tal vez un leve turquesa.
Se acabó la semana y no siento el pensar que me tiraba a la cama tan pronto cruzaba la puerta, al contrario. Sí, me duelen los brazos, las piernas y el trasero por culpa de mi labor desarmando estantes, trasladarlos y armarlos de nuevo en mi pequeña biblioteca, también hay un poco de dolor de espalda por estar escribiendo en la computadora, pero los malestares físicos no son incapacitantes, al contrario. Sé que cuando me acueste y descanse soñaré satisfecha (de preferencia con Daryl Dixon) porque hice algo. Mi día valió la pena.  Me desperté cantando, trabajé, me gané mi cheque y ahora sé que puedo irme a dormir con emoción por todas las pequeñas tareas que haré mañana en compañía de Miss Lucas. Cambiar un suéter por una talla más pequeña, recoger dos acuarelas recién enmarcadas, comprar papel para enmicar, ir a la papelería y enseñarle a Miss Lucas mi pizzería favorita, beberemos cerveza y haré lo posible por hacerle ver que su novio es abusivo, aunque no tenga éxito, haré todo lo que pueda para salvarla de un golpeador. ¡Que la fuerza me acompañe!

Quiero estar viva.

Por eso, se los suplico, cuando conozcan a alguien con un desorden mental, háganme un favor y nunca, nunca, nunca, bajo ninguna circunstancia le digan: "hay que echarle ganas". No, hay que tratarse. Hay que ir con un médico calificado. Recuerden que los desórdenes mentales son más comunes de lo que parecen y en muchas ocasiones son hereditarios, en lo personal, a mi mamá le diagnosticaron esquizofrenia, aunque mi psiquiatra piensa que en realidad debe tratarse de una epilepsia del lóbulo temporal con episodios esquizofrenizantes (¿o algo así?)  y aquí entre nos, la manía religiosa de mi abuela suele ser síntoma de algún trastorno no diagnosticado. Suena exagerado, lo sé, pero es más común de lo que todo mundo cree. 
Los medicamentos existen por una razón. De hecho, este post tenía una sola intención: Mi querido lector, la próxima vez que tenga la fabulosa idea de "olvidar" tomar mis pastillas o evitar las que engordan, mejor dispárenme. 
Ojala pudiera describirles la enorme y ridícula diferencia que hacen, pero creo que no tengo el vocabulario necesario, sólo puedo decirles que el domingo pasado creía haber sido una equivocación de Dios y hoy salí cantando de mi nueva y elegante oficina, pensando: "Nunca había visto un atardecer tan bonito". Sí, mi nueva oficina tiene vista al estacionamiento y la calle. 
Tal vez pueda parecerles triste, pero esa pequeña vista, el movimiento de los camiones y coches y el olor a garnachas es como ser parte de un paisaje más grande que yo. Es como ser parte de una vida, alguna, la que sea. 

Recuérdenme comprarle un regalo a mi jefe. Amo mi nueva oficina, mi estantería, mis libros y mis catálogos. 
He sido feliz. 

martes, 17 de enero de 2017

No lo vuelvo a hacer

Por favor, no me pregunten cómo diablos llegué hasta aquí... pero tengo una teoría sobre el siguiente video de Westlife:




Creo que he descifrado la ruta que tomaron estos jóvenes. Partimos de que al pendejo de la playera negra le pusieron los cuernos, bien, lo que haría cualquier amigo que se precie de serlo es subirse en el primer convertible rentado y/o robado que encuentre e ir a recoger al desdichado, que asumo que se bajó del metro en la estación del Zócalo, en la esquina de la catedral y por eso daba vueltas alrededor de la bandera, ya saben, pa' que lo vieran. Total que se bajan sus brothers y le dicen "¿ves, pendejo? ¡Te lo dijimos!", pero ya para no hacerlo sentir mal se lo cruzan y agarran camino rumbo a Donceles, la que recorren enterita pasando frente a las librerías de viejo sin entrar, porque aceptémoslo, si acostumbrara usar su tiempo libre para leer jamás le habrían visto la cara de pendejo tan fácil. 
 Ya llegando al teatro Esperanza Iris notaron la existencia de una pequeña cantina cruzando la antigua Cámara de Diputados, si, justo a un ladito. Al entrar se encontraron con una mesera muy simpática, una señora de cabello negro azabache, labios rojos y atuendo ajustado color negro combinado con animal print que les dijo "adelante chicos, ¿qué les sirvo?" Ordenaron varias XX y otras Bohemias más, depositando cinco pesos en la maquinita de música donde encontraron variedad de canciones de angustia, dolor y revancha, aunque al final se gastaron el cambio que traían en los Babasónicos porque son güeros y su bagaje de música folclórica es limitada, pero no se los digan porque se ofenden. Les ofrecieron el guisado del día y se empacaron unas cuantas flautas de papa con algo de consomé que estaba inmundo, pero barato, hasta que estaban suficientemente borrachos como para perderse la pena y abrazarse, como hermanos. 

Se subieron al metro en Allende y se bajaron en Cuatro Caminos, donde agarraron un camión rumbo a Satélite, aunque no supieron atinarle a uno que los dejara cerca de Plaza, entonces se bajaron en Periférico donde para su alegría encontraron "La Polar" y total que se metieron a oír mariachis y pedir toda variedad de licores (derechos y secos, por favor), hasta bien entrada la mañana cuando en un arranque de ebriedad decidieron irse caminando hasta las Torres a las que llegaron después de cruzarse el periférico irresponsablemente.  Ahí en las Torres se pusieron a cantar otra vez hasta que dieron las ocho de la mañana y se empezó a llenar el periférico, aprovechando el embotellamiento se cruzaron y con el peligro de una patrulla cerca se siguieron caminando frente al antiguo Teatro Las Torres, hoy convertido en World Trade Center mexiquense y se comieron una paleta para ver si así se bajaban la borrachera aunque después de pagar un dineral en mariachis en La Polar, con trabajos y traían para los camiones de regreso al centro y mucho menos para el metro. ¿Qué hacían? 
Después de algunos momentos de deliberación caminaron hasta la esquina del Sucre, el que rodearon hasta descubrir que en un descuido las monjas habían dejado abierta la cochera que da al kinder y más importante: ¡la preparatoria! Se metieron con cuidado y subieron a los salones donde encontraron a un significativo número de jovencitas en faldas azul marino y suéter rojo que los veían con curiosidad, porque güeros no se ven todos los días y mucho menos afuera de su salón de clases. Aprovechando el recreo les pidieron su atención para exponerles su tragedia y pedirles una módica cooperación para el camino de regreso. Finalmente, juntaron una buena cantidad, suficiente para los pasajes que los llevaran de regreso al metro antes de que una monja en falda recta color café y blusa color beige abotonada hasta el cuello con una hilera de esos botones pequeñitos en forma de media perla los invitara a largarse "como los engendros de Satanás" que eran.
Corrieron...

Una vez en Cuatro Caminos comenzaron a sentir los estragos de la cruda, y en algún punto uno de ellos decidió que el movimiento le estaba dando náuseas y le dijo a sus compañeros "me tengo que bajar, cabrones, me tengo que bajar" y fue así que se pararon en Revolución y como no sabían a dónde ir confundieron un hotel al que creyeron que podrían entrar al menos al baño con una torre de oficinas. Subieron por las escaleras sin poder abrir ninguna puerta hasta que llegaron a la azotea y se encontraron con una puta pista de helicópteros. ¿DE DÓNDE CHINGADOS IBAN A SACAR UN HELICÓPTERO?  "Ya ni pedo", pensaron y se pusieron a cantar en la pista porque lo volvieron a hacer, a pesar de que la última vez que agarraron la borrachera se prometieron, al siguiente día, que no lo volverían a hacer, porque eso sí, no hay borracho que no sea valiente ni crudo que no sea humilde.

Me gusta pensar que eso es lo que pasó en el video porque de otra forma no me lo explico. 


lunes, 16 de enero de 2017

No más vuelos ni que nada

Está bien, voy a tomarme un ligero descanso de hacer cosas que no debería hacer porque no me pagan para hacerlas pero que quiero hacer porque de otra forma ya no me sentiría historiadora y si dejara de incluir ese pedacito de información en mi autobiografía actual me suicidaría o al menos lo intentaría bebiendo cloro o masticando vidrio y así evadirme del hecho de que vivo con un gafete colgado, para hablar de algo profundamente perturbador que se me acaba de ocurrir no sé de dónde.
Esperen, sí sé de dónde. Todo empezó ayer, cuando salía de desayunar con mis padres en Sanborns, después de haber dejado profundamente preocupada a mi psiquiatra porque no es posible que mi terrible depresión no amaine con el Luvox y me mandara atascarme de Zyprexa hasta que mejore algo y ella pueda respirar tranquila sabiendo que no me voy a tirar por el balcón (que no tendría ningún punto porque caería sobre el techo de madera y vidrio del último piso, dudo que fuera una caída mortal, sólo quedaría madreada, como cuando me caí de la bicicleta estacionaria un día antes de Año Nuevo y sangré profusamente, aunque por suerte no me rompí ni fracturé la nariz, habría sido una tragedia porque salió muy cara). 

Bien, les decía, estaba sumida en ese lugar extraño al que me voy a veces cuando escuché algo familiar. En una de las televisiones había uno de esos conciertos de grupos de los noventas que se unen para regresar a la juventud a aquellas señoras que alguna vez fueron adolescentes y soñaban con los integrantes de las boy bands nacionales, y me quedé viéndolo con curiosidad mientras mi papá buscaba algo sobre un dueto de esas señoras de los ochentas que los padres gustan poner como soundtrack de las fiestas y viajes familiares para nuestra desgracia. Oh, sí, resultó que eran Magneto y Mercurio. Mi hermana era una fanática desaforada de esos jóvenes, los únicos aprobados por mis padres. Justamente, el viernes le contaba a Ser Coffee (que de hoy en adelante se llamará Capitán Benwick, perdón por no haberle puesto un nombre austeniano anteriormente pero no me imaginé que nos haríamos tan cercanos) que le llevé los cassetes (¿así se escribe?) de Thalia y Madonna a mis papás para denunciar su indecencia, lo que resultó en que mi mamá se los rompiera por tener fotos y letras inmorales y me preguntó: "¿entonces por qué te quiere tanto tu hermana?", cosa que no pude responder.  Esa pregunta me persiguió todo el fin de semana, pero mis arrepentimientos juveniles no son el tema de este post. 

Finalmente, en lunes, en la oficina, ocupándome de un artículo con algo de ausentismo porque temo que resulte ser la misma basura que entregué para el del año pasado y que mi Mrs. Boss tuvo que cirugear enormemente para que fuera publicable, decidí en el colmo del morbo poner el concierto que vi ayer por alguna razón melancólica/curiosa. Estaba trascribiendo el trabajo de archivo de alguien más para apropiármelo con ayuda del bendito apud cuando escuché la canción esa de "Cambiando el Destino". No vamos a detenernos en casos como "13 años", que por el mero título podemos imaginarnos que raya en la pedofilia, no, ni en la cantidad de "puertas del colegio" que se mencionan en el repertorio,tampoco en los recuerdos amargos de niñas de primaria montando coreografías y burlándose de mis dibujos de marcianos y demás traumas (no eran "marcianos", eran egipcios, Tutankamon y Ankesenamon, para ser exactos), no, vamos a la letra de la canción que dio nombre a la magna película de Magneto:

Cambiando el destino 
Te descubrí aquella tarde 
Tan callada 
Para mirarnos, nos falto valor 

Entre la arena y junto al mar 
Nos acercamos tu y yo 
Buscando un beso 

Había miedo en tu mirada 
Yo temblaba 
Rozar tus labios fue tocar el sol 

Y con un nudo en nuestra voz 
Nos entregamos tanto amor 
Amor infinito 

Y volamos hasta tocar el cielo 
Con nuestros cuerpos 
Juntos ir cambiando el destino 
Y al atardecer tu piel 
Iluminó mi corazón 
Aquella vez 

Cayó una lagrima de niña 
Sobre tu cara 
Nos sonreímos abrazándonos

Y en el anden de aquel adiós 
La infancia se nos escapo 
Al doblar la esquina 

Y volamos hasta tocar el cielo

Bien, ya que la leímos con cuidado y echamos mano de todas las metáforas que hemos visto anteriormente en los FanFics del mundo, sólo quiero preguntar algo y ver si tengo razón. Acepto que no sé nada sobre el tema del ¿himeneo?, ¿desfloramiento? (¿o desfloraciones?) y/o pérdida de la virginidad, aparte de lo que me han dicho Miss Lucas, los libros, la tele, los FanFics y principalmente Simone de Beauvoir, pero ¿se trata de adolescentes perdiendo la inocencia, cierto?

Veamos la evidencia:
Había miedo en su mirada y él temblaba, hasta aquí podemos asumir que tal vez era su primer beso y todos podemos seguir pensando que no hay ninguna agresión a la moral, pero luego se "entregaron" tanto amor y "volaron hasta el infinito con sus cuerpos". ¡Por dios, estaba muy claro!
Luego cayó una lágrima, aunque después de interrogar a quien ha querido contarme porque han de saber que muchas mujeres se niegan a dar mayores datos sobre el asunto, no estoy segura de qué tan dolorosa sea la experiencia en verdad, aunque uno nunca sabe, supongo que es diferente para todos pero asumo que al menos debe ser molesto y tres de las cuatro personas a las que les he preguntado me lo confirmaron. Bien, tomando la lágrima como indicación de dolor y leyendo que se sonrieron abrazados y que en el siguiente verbo se les escapó la infancia podemos concluir que efectivamente se trata de la iniciación sexual de menores de edad.

¡SE ME ESCAPÓ!

Jamás debí haber delatado a mi hermana por escuchar a Thalia y Madonna, debí haber denunciado a esos pervertidores de menores. Desafortunadamente, era todavía más joven que ella, cinco años y eso significa que estaba más tonta. A esa edad, Thalia cantando sobre sangre, sudor y saliva se me hacía mucho más escandaloso que un grupo de jóvenes aparentemente sanos y decentes que todo este tiempo nos estuvieron cantando sobre estupro y demás delitos inmencionables.

Lo que me asombra es que nadie haya protestado veinte años después cuando la ingenuidad ha sido exitosamente erradicada de entre nuestras juventudes. 
Así es, en verdad, yo sé que suena mal pero no conozco ni un sólo adolescente que no sepa más de la vida que cualquier estudiante del CONALEP.
Ahora, si me disculpan, debo regresar a mis vacías y estériles tareas.
Gracias por su atención. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

La ausencia de ruido

Oh, Dios, entre que uno no puede salir a fumar tranquilamente sin que una pareja de escuincles descocados se estén reproduciendo en las bancas que les aseguro no fueron planeadas para servir como refugio de bajas pasiones y que la becaria de mi vecino se viste como prostituta, necesito gritar de horror o me voy a ahogar en la indignación.

¡¿QUÉ PUTAS ESTÁ MAL CON LA JUVENTUD?!

lunes, 28 de noviembre de 2016

Más medicinas



Ni siquiera es la una y ya me deprimí... otra vez. La Dra. Pills está preocupada de nuevo y me mandó Wellbutrin, aparte del Luvox.


Veamos: "Wellbutrin SR 150 mg está indicado en el tratamiento de enfermedades depresivas. Después de haber obtenido una respuesta satisfactoria, la continuación de la terapia con Wellbutrin SR resulta eficaz para prevenir alguna recidiva o para evitar una recurrencia de episodios depresivos ulteriores." Se supone que también ayuda a dejar de fumar: ¡JA!






No sé que es lo peor, la repetición o la falta de esperanza, sólo es triste, un continuo pasar de los días sin propósito ni utilidad, una y otra vez. Es como el vacío. La semana pasada fue infernal. Me obligaron a pasar dos días de nueve a ocho, con una sola hora libre para comer, aprendiendo todo lo que supuestamente debo saber sobre la fabulosa nueva norma que regirá a este lugar de hoy en adelante. Fue eterno y agotador. En la noche tengo la cabeza tan llena de todo lo que escuché sin poder evitarlo a lo largo de todo el día que sólo quisiera poder caer inconsciente.






Se supone que la especial tristeza y desesperanza de la semana pasada era culpa de mis hormonas, ya saben, una de las múltiples desgracias del periodo menstrual pero no hay razón alguna para que siga tan evidentemente destruida, de ahí la preocupación de la Dra. Pills. Ya no me importa nada, en verdad nada, mucho menos la gente. Miss Lucas me insistió que fuéramos a comer desde el lunes y por más que me negué y supliqué me arrinconó. Ah, cómo me caga que me obliguen a hacer cosas que no quiero hacer. Accedí a ir a comer el sábado pero simplemente no me pude parar. No pude, no quise, me negué. Abracé mi almohada y me dediqué a ver tele hasta que fue inminente que tuviera que levantarme para socializar y ser persona. Al final cancelé de último momento.






No quiero hablar, simplemente no quiero hablar. Me paso todo el día fingiendo alegría y sociabilidad, no puedo hacerlo los fines de semana también es demasiado. Me gustaría que el mundo se callara, todo el mundo. ¿No sería maravilloso, un mundo en silencio? No estamos contando la música, por supuesto, me refiero a las quejas y el odio. Todo está lleno de odio y resentimiento. Estoy cansada. Ya ni siquiera es mental, también es físico. Tener que saludar, responder, poner atención, encontrar una respuesta para que la conversación fluya mientras que sólo quiero evadirme requiere energía que no tengo. Hasta he pensado pedirle ritalin a la Dra. Pills pero tampoco quiero seguir aficionándome a más medicamentos, ya tomo bastantes. ¿Saben qué sí necesito? A mis hijos, los únicos que tendré. Ya es muy tarde para que llegue a tener una familia propia y la idea de ser madre soltera, ya sea por acceso de ligereza imposible o inseminación artificial está fuera de la cuestión. Jamás podría mantener un niño, apenas si me alcanza para los cigarros y el psiquiatra. No me han contratado ni pagado desde septiembre. Ni modo. Tengo a mis hijos. Quiero abrazar a mis perros y no soltarlos. Hay algo increíblemente cálido y reconfortante en escuchar los latidos del corazón desbocados de alegría en sus pequeños cuerpos repletos de vida y felicidad.






Eso falta, alegría. ¿Cómo puedo hacerlos tan felices con sólo rascarles la pancita? Y el chaparrito se acurruca bajo mi barbilla mientras Mina se sienta sobre mí, como si fuera su cojín. Estoy llena de moretones cortesía de Fortunato y su completa incapacidad para comprender que no es un chihuahua sino un perrazo de treinta kilos. Son momento, pequeños momentos gracias al eterno cansancio y las dos horas libres que me quedan al día pero son lo único que hay en el mundo. Sin ellos no hay nada. Los abrazo y me aferro a ellos y espero que todo esté en silencio y las cosas estén bien, momentáneamente, porque nada está bien, nada, nunca está bien. La paz es terriblemente frágil, en cualquier momento mi mamá estalla y tengo que controlarla. A mí nadie me perdona nada. Mi hermana presume su vida licenciosa y sin embargo, yo soy la que tiene los peores defectos existentes. Bebo y fumo: Soy lo peor. ¿No cuenta mi incorruptible y enfermizo sentido de la moralidad? No, parece que no. No sé cuándo pasó, pero le guardo un rencor muy profundo por su rechazo, no es justo, no después de todo lo que he hecho por ella y sin embargo, yo soy "impresentable". A mí que me lleve el cuerno, realmente a nadie le importa lo que me pase. ¿Yo? A nadie le importa, afortunadamente ya lo digerí y asimilé. Es más, preferiría ahorrarme los "favores" o "gestos huecos de compromiso". ¿No estamos muy viejos todos para jugar a que de veras nos queremos?






Jane apareció con su novio y su bebé en mi casa el día de mi cumpleaños. La verdad es que tuve que hacer un gran esfuerzo porque ya me había preparado mi whisky sour de celebración y me quería ir a dormir. Digo, agradecí el pastel, serví los pedazos le di una cerveza al esposo humanos y fui lo más parlanchina que pude aunque de veras me quería dormir. ¿Le importa si me caigo en un pozo? No, entonces... ¿para qué seguir con el teatro?


Por otro lado, tengo la constante atención de Miss Lucas, cuya principal preocupación en la vida me es indiferente: su novio. Sé que está sufriendo pero no encuentro forma de entender el por qué una mujer, la que sea, soportaría el abuso verbal y psicológico de un hombre que no le tiene la menor consideración o respeto. Puede darle vueltas y vueltas como si fuera madeja de estambre y yo sigo viendo lo mismo: Pérdida de tiempo, error. Tampoco tengo interés en que estén junto o no, la verdad me da igual. Lejos quedaron aquellos tiempos en que le dejé un milagrito a San Antonio cuando Fanny comenzó su romance con el Suéter Twin o cuando pasé horas tranquilizando a Jane después de su primera cita con Mr. Bingley I. Supongo que era era joven. Justo ahora las únicas parejas que me importa que sean felices con Arya y Gendry o Sansa y Tyrion, pero como sé que eso no pasará lo mejor que puedo hacer es leer algo que me tenga distraída. Un jovencito trabajador en nuestra librería de confianza me recomendó un libro mitad horror y mitad suspenso con sus chispazos sobrenaturales que al final resultó muy bueno, sólo hubo un pequeño respingo de desagrado cuando la protagonista es rechazada por el salvaje de su predilección y se dedica a manipular los poderes mágicos del bosque para vengarse de los habitantes perversos de la colonia. Oh, bueno, no estuvo mal. Para finales felices está Jane Austen y recordemos que si los escribió es porque nunca tuvo uno, igual que nadie los tiene. En realidad... ¿alguien es feliz? Dudoso, muy dudoso y eso porque estoy contando a los jóvenes que probablemente se están drogando en los jardines universitarios en este momento.


Es que... estoy agotada. Nunca me había sentido tan hecha mierda y no lo entiendo. El manejar cinco minutos para estar sentada durante once horas y media no amerita el cansancio. Tal vez es la falta de propósito. No tengo absolutamente ninguna razón para hacer nada. Si desaparezco nadie lo va a notar en este lugar: "Ah, sí, ya se fue la recomendada que no hacía nada y se la vivía de huevona", lo mismo en mi casa, mi hermana podría pasar días viendo su teléfono hasta que descubriera que nadie le ha dado de comer a los perros y se preguntara ¿dónde está Jimena? Mi papá pasa días sin hablarme y mi mamá me habla constantemente pero no es a mí, sólo necesita que alguien la escuche, en cuanto abro la boca recuerda quién soy y la gigantesca decepción que resulté y entonces repite la misma anécdota para no sentirse sola. A menos que me vea llorando, entonces se enfurece y empeora las cosas echándome en cara que no tuvo caso traerme al mundo para que sea tan infeliz. Es que han de saber que es mi culpa. Supongo que tiene razón, la verdad es que nací dañada. No sé qué le pasó a mi cerebro o por qué no funciona como el de los demás. Quisiera ser como mi hermana, que justo ahora vive su fantasía del amor. No digo nada, me guardo lo que estoy pensando. Verán, les voy a explicar algo.


El amor existe por dos razones: Una persona se enamora de un trofeo o de un interés. En el caso de las mujeres, hay dos razones para que un hombre se declare enamorado y se case, la primera es que esté buenísima y pueda presumirla frente a sus amigos y disfrutarla en privado, la segunda es que tenga dinero y/o pueda servirle de vehículo para obtener dinero o influencias. Estábamos en Venecia cuando se detuvo a comprar una pluma para el susodicho. Yo no compré nada, ya tenía un sello maravilloso con una 'J' que compré la última vez y no tenía suficiente dinero para comprarme otra cosa así que la esperé. Le compró una pluma y me dijo "le prometí una pluma especial para cuando firmáramos nuestros contratos". Ahí me cayó el veinte... no sé si estaba más decepcionada o triste porque le vaya a pasar exactamente lo mismo que ya le pasó otras tres veces antes o porque se comprobara mi teoría una vez más. No le dije nada, por supuesto, ni lo haré. Ella puede decirme las cosas más hirientes que se le ocurran cuando más madreada estoy, ya saben, el momento para patear a una persona es cuando está en el piso, pero yo sé que ella se las ingeniará para construir un discurso oficial donde su siguiente gran amor falla por vicisitudes del destino en lugar de un vil episodio de "uso/explotación/fraude", pero yo no soy nadie para decirle algo cruel y desmentirla. Ni me va a creer ni servirá para que no vuelva a caer en la trampa, entonces no tiene caso. Lastimar por lastimar es un crimen.

En todo caso, me he equivocado antes. Como aquella vez cuando tenía quince años y le dije a Mrs. Palmer que el matrimonio y el amor verdadero no eran lo que soñaba, claro, admití que se podía ser feliz en el matrimonio, siempre y cuando se de por sentado que tendrás problemas, habrá desacuerdos, te pondrán los cuernos al menos unas dos o tres veces y no hay garantía de que quieras a tus hijos o tus hijos te quieran a ti. En ese momento se enojó y me dejó comiendo sola en la banquita. Creo que no me habló en todo el día. Más de quince años después puedo reconocer que me equivoqué. No se casó y tuvo un matrimonio infeliz. En cambio, se convirtió en actriz y es aficionada a todo tipo de actividades sexuales y demás parafilias en las que se involucra con sujetos que conoce en internet a través de sitios dedicados a poner en contacto a aquellos hombres interesados en mujeres mórbidamente obesas y aquellas damas que cumplen con los requisitos y consideran que es buena idea dejar evidencia fotográfica de sus cuerpos en situaciones comprometedoras. ¿Ven? A veces me equivoco.


Bueno, ya casi es la una, después saldré a comer, regresaré, estaré una media hora sola hasta que llegue mi vecino de oficina para contarme algo sobre política y administración pública, luego saldré a fumar con Ser Coffee que pasará alrededor de veinte minutos fumando en silencio mientras yo hablo como merolico sin cuerda, a menos que haya un chisme y entonces podamos criticar a alguien pero esto está muy muerto, entonces regresaremos en silencio a nuestras respectivas oficinas donde contaré los minutos para regresar a mi casa y a abrazar a mis perros, los únicos hijos que tendré y que por desgracia se morirán antes que yo. Igual que hizo Rito. Sigo sin entender por qué se murió Rito y en cambio me quedé yo. Sigo sin encontrarle sentido y no me vengan con las reglas de la naturaleza, porque esas son mamadas. Él era un ángel, yo sólo ocupo espacio y la verdad es que no creo tener nada más qué hacer en este mundo. ¿Qué podría hacer, algo por alguien? No sirve de nada. Nadie puede ayudar a nadie.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Procedimientos

Ayer vi a Jane, Mr. Bingley y la pequeña sin nombre, que ya tiene nombre pero como se me hace un nombre completamente repetitivo y común, prefiero seguir llamándola "bebé sin nombre", suena mejor. Podría ser como una de esas criaturas fantásticas que nacen de una almendrita porque en lo que a mi concierne, la niña nació de una almendrita. La cargué un momento pero descubrí que no soy capaz de creer que tendré algo que ver en la vida de la bebé, nunca, igual que Jane es una completa extraña. Le deseo lo mejor, en verdad, aunque tampoco la incluyo en mis oraciones, después de todo yo le rezo a los santos que para ellos son ídolos falsos. Confío en que su Dios la mantendrá feliz y segura. Yo, por otro lado, me quedaré conmigo misma que soy lo único que me queda. 

Mi hermana ya se fue, no sé a dónde ni cómo pero cada día me queda más claro que me está vedada la calidez que hasta hace unos tiempos era capaz de proporcionar. No sé cuándo pasó pero un día dejé de serle importante. Ella no lo sabe, claro, no se ha dado cuenta. No se escucha a sí misma, especialmente cuando me lastima. "Nunca haría o diría algo con la intención de lastimarte" y sin embargo me lastima, el que tuviera la intención de hacerlo o no, es irrelevante. He puesto mi distancia, aunque en las noches, cuando Mina y Luke se van a dormir con ella, me siento especialmente sola. Afortunadamente le compré una funda de peluche a un cojín que abrazo y me hace sentir mejor, creo que es el hueco de Rito. Dormí tantos años abrazada a él que tengo que dormir con algo, un cojín, un peluche o una almohada que llene el vacío, de lo contrario me ataca el insomnio, sin importar que haya recurrido al tafil que mi madre aborrece por razones que nunca lograré comprender. 

A veces creo que lo único que me queda es mi mamá, afortunadamente creo que podremos sobrevivir los años que nos queden con ayuda de cocteles y cigarros. A mi papá lo perdimos cuando murió mi abuela. Vaya, hace un par de días le pregunté si me podía llevar a Toluca a recoger el número de una de esas compilaciones que nadie lee donde salió un artículo que escribí con Mrs. Boss. Pensé que le alegraría, que estaría orgulloso, pero siguió desayunando sin dirigirme la mirada y se limitó a preguntarme cuándo quería ir. El camino fue largo y durante el trayecto escuchamos noticias. No sé si la información aportada por la tarotista de mi hermana (sí, las cartas le hablan y le advierten cosas, como por ejemplo que nos pelearímos terriblemente en el crucero, cosa que yo pude vaticinar sin ayuda de cartas) sea acertada o no, tampoco creo que los temores de mi mamá sean ciertos y en caso de que lo fueran no tendría nada qué opinar. He pasado toda mi vida aterrorizada ante de la idea de que una "mala mujer" apareciera para llevarse a mi papá, sumir a mi madre en la locura y destruir mi vida. A esta edad ya no tengo energía. Mi papá me ignora, lo que es un golpe durísimo.  La otra vez me mandó mensajes Miss Crawford, reclamándome andar desaparecida. Me contó que su papá sigue sin aparecer. Desde que se fue con la otra mujer, abandonando esposa, hijas y nietos por igual, no ha querido saber nada de ellas. Me decía que le duele muchísimo y por supuesto le saqué todas las invenciones tranquilizadoras que el haber estado en terapia desde los trece años me ha enseñado para hacerla sentir mejor. No le iba a decir: Sé exactamente cómo te sientes, a veces pasan días sin que mi papá me dirija la palabra y no sé qué hice para caer de su gracia. No, claro que no. Y ahí está, otra vez tengo diez años en el patio de la escuela mintiéndole a Miss Crawford, repitiendo la historia que mi mamá me hizo aprenderme para ocultar que mi papá se había ido de la casa. La mordaza. Que a todo esto me pregunto de qué sirve que sigamos viviendo todos juntos si no me habla. Al menos cuando estaban separados me tocaba un fin de semana de atención personalizada y constantes llamadas con recordatorios de que "soy la luz de su vida" y demás afirmaciones que hasta hace unos meses no dudo que fueran verdad. Ya no lo son. Lo mismo con mi hermana, puede consentirme y decirme que me adora cuantas veces quiera, al final cuando está conmigo me ignora. Bueno, no la culpo, supongo que no puedo competir con un teléfono. Lo más especial es cuando empiezo alguna historia sobre algo imbécil que a nadie le importa (mi triste vida, por ejemplo) y sin voltearme a ver contesta o hace una llamada en el altavoz y debo regresar al silencio para no molestar.

Por favor, no interrumpa a la gente importante con sus pendejadas. Iré a ver qué hay en Netflix. Luego, me reclama o hace muecas de desaprobación y "habla muy seriamente conmigo" por mi mal comportamiento y múltiples defectos y miserias. Yo sé que cualquiera diría: "Nadie te puede hacer sentir mierda, tú solita permites que te hagan sentir mierda". Oh, bueno, no puedo evitarlo. Necesito conocer a uno de esos niños psíquicos que se comunican con fantasmas. Hay una buena probabilidad de que haya estado muerta durante todo este tiempo. Por eso hago preguntas que no me responden o cuento historias que nadie escucha y nadie recuerda. ¿Dónde está el niño del Sexto Sentido cuando se le necesita? Ah, sí, se metió en drogas o algo así. 

Claro, ahora tengo a la Dra. Pills, ya no estoy sola, ni tengo que cargar con mis tristezas sola. La tengo a ella, a Luvox, Tafil y mis hijos para llevarle la contraria a ese chiflón de aire helado que me saca lágrimas en momento inadecuados. Yo sé que Miss Crawford y Mrs. Weston son amistades con guión, pero las aprecio porque al menos se quedaron. 

Tal vez sólo es fatiga o falta de alimento. No tengo hambre. En la mañana comí unos takis, aunque no me acabé la bolsa, sólo fueron algunos para calmar el gruñido. No tengo hambre. ¿Me pregunto si serán las pastillas esas que me dieron? Sí, ya sé que la dieta dice que debo desayunar, comer y cenar, aparte de las colaciones de las doce y las cinco, pero a veces el retortijón de estómago me resulta terapéutico, como el frío. Es agradable. De cualquier forma el único momento en el que me siento bien es cuando me baño en las mañanas. No sé por qué pero quedarse tirado en el piso de la regadera con el agua caliente cayéndote encima debería ser el estado natural del hombre. Yo no nací para la tierra firme. Es muy difícil cargar con este cuerpo/persona/carne (como le quieran decir) todo el día. Debería ir a nadar y quedarme flotando de muertito durante horas. El problema es que la alberca de su club deportivo de confianza siempre está hasta la madre y nunca se puede disfrutar a gusto. 

¿En serio pretenden que nade en circuito con un imbécil que se piensa el Michael Phelps marginal de nuestros tiempos y una señora que seguramente es más rápida que yo y aguanta más tiempo la respiración porque no fuma pero no tiene empacho en detenerse a contarme toda la vida de sus hijos, nueras, yernos, nietos y demás? Gracias, no.

Algún día viviré en una pecera. Le pondré uno de esos castillitos o ruinas egipcias o griegas de plástico que venden en PetCo y un montón de algas y corales de mentiras para sentirme en mi casa y dedicaré mi tiempo a quitarme los pellejitos de las uñas o exfoliarme las escamas. 

Mientras, mataré el tiempo. Todavía me falta media hora para salir de este corral donde vivo. No importa, algún día...