viernes, 14 de julio de 2017

Pintar por números

Buenas tardes, mi querido lector, espero que tenga un día divino. Estoy aburrida mortalmente y todavía faltan dos horas para que empiecen los Simpson. Bien, les voy a contar algo gracioso, lo único interesante que ha pasado y eso porque me dio mucha risa ayer. Desde que renuncie y quedé libre de la esclavitud me dejé convencer para ir a unas clases de pintura con mi psiquiatra, o en realidad, en casa de mi psiquiatra. Está divertido, hasta eso las señoras son simpáticas, aunque la maestra haya destruido mi arrogancia cuando me hizo borrar todo mi dibujo de Van Gogh (que lo admito, lo hice a mano alzada el mismo día) y repetirlo con cuadrícula. Y yo que me sentía muy mamona. No sé, eso de dibujar y pintar con medidas y reglas me angustia. Repetirlo se me hizo eterno y ahora me siento como si estuviera pintando por números, como una especie de criatura incivilizada.

El punto es que ni la maestra ni las otras señoras saben que soy paciente y no dudan en hacer bromas sobre "los locos" de "la doctora" todo el tiempo. "Ay doctora, las cosas que ha de ver" o "a esa amiguita la deberíamos mandar con usted doctora", etc. Yo no digo nada, nomás me río y a veces, cuando mi psiquiatra cuenta la anécdota jocosa de algún paciente me pregunto si contará las mías con otras personas. La verdad es que sí tengo episodios muy singulares. 

La verdad no me ofende, es más, se me hace divertido pasar por "normal", como una amiga historiadora que ayudaba a su hijo con la tarea, que si lo hacía, entonces, no es una mentira del todo. Total, nadie tiene que saber dónde y cómo nos conocimos.

"Oh sí, nos conocimos en su consultorio del Hospital cuando estaba en medio de un brote psicótico que me tuvieron que bajar con zyprexa."

FUN!!!

Ahhh, ahora el problema es que intento pintar, con óleo, como siempre y no con acrílico, y no puedo dejar de pensar en todas las reglas locas del tipo "la distancia de los ojos a la frente y la de la boca a la nariz", etc.

¡Así no se puede, chavos!

sábado, 8 de julio de 2017

Pegote de cera

Ayer me pasó una cosa de lo más curiosa. Verá usted, debido a la desgracia en la que se han convertido las librerías más cercanas, me di a la tarea de regresar a mi hogar... sí, el centro, donde ancianos desconocidos te saludan, puedes sentarte a fumar sin dar explicaciones y recordar todos esos momentos felices de la juventud que se requieren en los momentos difíciles. También disfruto enormemente el paseo en camión y metro (ya lo sé, suena extraño pero yo lo encuentro perturbadamente reconfortante). Precisamente estaba en mi lugar usual al final del camión, donde en caso de asalto hay menos probabilidades de que me maltraten, cuando pasamos cerca del mercado de Naucalpan y vi correr por la calle para atrapar al camión a una cara conocida. Claro, la reconocí porque visité su casa miles de veces, aunque me costó trabajo recordar su nombre, después de observarla con discreción un rato me acordé, quién era y de dónde la conocía: Olguita.

Era un joven rubicunda y alegre que trabajaba en un salón de belleza (o sea lo que sea que se le parezca) cerca de mi casa. Era muy buena depilando y eventualmente, a causa de las crueldades laborales de los patrones que explotan a sus empleados, decidimos ir a su casa o ir por ella y llevarla a la nuestra para que nos depilara a las tres en serie. 

No hay más historia, eventualmente mi mamá la odió como llega a odiar a todas las personas que conoce y la acusó de ser una "conchuda" y "abusar" de nuestra amabilidad cuando le pidió ayuda a mi hermana con un problema que tenía. Verán, ella, su mamá y hermana se dedicaban a coser, algo parecido a la maquila para una señora, que después del trabajo entregado no les quiso pagar. Mi mamá le pidió ayuda a mi papá que le pasó el número de un abogado amigo suyo que asustó a la señora lo suficiente con una llamada como para que les pagara. ¿Qué les digo? Mi mamá la odió desde entonces y al igual que Elena, la manicurista que cometió el error de preguntarle si quería ser la madrina de pastel del bautizo de su bebé, desapareció de nuestras vidas.

Me caía bien y me dio gusto verla tan alegre como siempre, sonriente y platicadora con la anciana que la acompañaba, asumo que su abuela. Sólo se pintó el pelo de rojo lo que considero que fue error porque se maltrata mucho, lo que me recuerda:

Sospecho que voy a tomar un estúpida decisión sobre mi cabello pero hay algo que me atrae y no puedo combatirlo. Lo tengo tan largo que ya puedo cortar cómodamente una trenza de los 30 cm necesariospara donarla. 

Mi mamá dice que no lo haga, que me voy a sentir muy mal, pero diría Cersei: "el cabello crece".

lunes, 3 de julio de 2017

Soy de titanio!

Bien, después de tomar un vuelo de dos horas, un ride de otras dos horas hasta un pueblo pesquero y un ferry de media hora para llegar a la isla más lejana que logré encontrar con ayuda de internet, lo pensé, pasé casi todo el día metida en el mar (con excepción de las horas dedicadas a dos novelas chafas pero entretenidas y un montón de cervezas) y me armé de valor para soltar el discurso necesario, despreciable y censurable, pero necesario: "Seamos amigos, eres el único que tengo".

Con ese problema despejado, ya podemos dedicarnos a lo importante, ya saben, a lo que nos hace felices, no los planes de venganza en contra de la humanidad que se purgan fastidiando a un buen hombre, es que de veras es bueno, no merece que nadie juegue con él. 

Alguna vez creí que nunca disfrutaría más un programa de televisión que Arrested Development, de hecho, el que Netflix lo renovara para una temporada más fue la única razón por la que lo contraté en un principio, pero he descubierto algo maravilloso que me ha hecho increíblemente feliz: Unbreakable Kimmy Schmidt! Ya me terminé todos los capítulos disponibles, es que el hotel no tenía tele y el día es muy largo para nadar todo el tiempo.


Ha sido un viaje maravilloso. No les voy a mentir, por un día o dos me tomé en serio el mudarme a Holbox, pensé en mi primo que vivió en Tulum un buen rato, consiguió trabajo y se las arregló solo, sin ayuda, entonces, en un arranque de valor dije, "damn, nada me ata a ningún lado, podría dar clases en la única secundaria o preparatoria de este lugar y regresar a mi casita maya al terminar el día a abanicarme frente a la puerta abierta y salir a pasear a mis hijos al amanecer". Los podía ver retroceder aterrorizados de la orilla del mar, una larga línea de conchitas y pedazos de caracoles, hasta que se acostumbraran al agua y el calor los convenciera de mojarse un poco, como el resto de los perros del lugar. ¡Era perfecto! Una especie de paraíso sin mezquindad ni presión ni rechazo injustificado a los padres consagrados a sus perrihijos. Vaya, mi hotel permitía perros, hasta tenían su propio bar con un par de tapetes y grandes platos de agua, claro, supongo que estaban pensando en perros extranjeros educados y elegantes, no la banda de criminales que tengo.

Hubo ataques de pánico, no lo voy a negar, pero flotando en el mar, con la cabeza apenas sobre el agua, era muy feliz. Detesto quedarme en la playa, en verdad nunca entenderé por qué la gente pasa el tiempo echada en la playa, tostándose en la arena. ¡El mar está enfrente, imbéciles! ¿Quién en su sano juicio prefiere tostarse, llenarse de arena y ser devorado por los mosquitos en la playa cuando enfrente está el mar? Sí, aunque las playas sean de arenas blanca y perfecta,  no lo entiendo.

Al final, después de pedir informes en unos tres... o cuatro lugares, descubrí que el encontrar hospedaje era demasiado caro pa' mí, es decir, si quería encontrar un lugar dónde mudar a mis hijos, sin mencionar que mi búsqueda de empleo tampoco fue satisfactoria. Extrañaba demasiado a mis perros, ni siquiera podía dormir bien, tuve que ponerme un cojín en el estómago y uno sobre los muslos para equilibrar el peso que suelen significar Mina y el chaparrito dormidos para conciliar el sueño. No puedo estar sin ellos. 

En algún momento tenía que regresar y el tener a mis hijos en brazos (o una sentada sobre mi garganta mientras otro me ladra y alguno me muerde como si fuera una carnaza) me recordó que mi lugar está con ellos. No me iré, no si no puedo llevarlos conmigo, son todo lo que tengo y todo lo que quiero. Sí, cuatro perros, una encontrada en el estacionamiento de un Superama, uno salido del terreno baldío de al lado, otra rescatada de la basura y uno chiquito comprado con defecto genético y sarna en +Kota. Todos somos pequeños monstruos anormales y así seremos felices.

We are the underdogs!

Y nadie va a cambiar eso.

miércoles, 21 de junio de 2017

Conclusión

Al carajo, me compré una bolsa de playa y me voy a Bacalar... cuando regrese, todo estará bien.

UPDATE: Escapé lo más rápido y lo más lejos que pude, terminé en Holbox y decidí casarme con el mar. Sorry, no hay espacio para hombres en mi vida, soy una mujer comprometida. Sólo me hacen falta mis hijos, los extraño mucho, pero sé que serían tremendamente felices aquí.

Ya está, no volveré.

lunes, 19 de junio de 2017

Pregunta de lo más seria

Disculpe usted, mi querido lector, pero tengo unas cuantas preguntas y ni la inútil de Miss Lucas, ni mi hermana, ni mi psiquiatra, me han podido contestar:

¿Qué diablos se siente estar enamorada?

Verán ustedes, me encuentro en una situación algo comprometida con el Capitán Berwick (¡MI VIRTUD Y DECENCIA ESTÁN INTACTAS, MALDICIÓN, NO PIENSE TAN MAL DE MÍ!), que  me besó y dice que me quiere a lo que claro, yo también le dije que lo quiero, pero sé que lo quiero tanto como quería a mis amigas, las doñas, bueno, no realmente, porque no podía vivir ni un día sin ellas y ninguna de ellas me dio un beso, jamás, pero extrañamente mi dependencia emocional hacia mis amigas, a las que comparaba con las tres gracias, era de lo más importante y si no fuera porque no puede haber tal cosa como la amistad entre un hombre y una mujer, básicamente porque ellos son animalitos que quieren atacar todo, diría que es mi único amigo, aparte de mi psiquiatra, aunque también tendría que admitir que desde que renuncié he podido vivir perfectamente bien sin él. No obstante, lo quiero, no como las novelas de la adolescencia me enseñaron que se suponía que era el amor, pero claro que le tengo afecto... ¿qué hago? Hasta el momento parece que somos un "ítem", aunque llevamos dos años siéndolo, hasta que se le ocurrió, me gusta pensar que en el colmo de la embriaguez y la nostalgia, soltarme un discurso en el que me extraña y me quiere y le dije que sí, yo también lo quiero (¿a quién engaño? Ya nos habíamos soltados un "te quiero" y un "te extraño" en pleno uso de nuestras facultades, que sí lo quiero pero no como él quisiera, creo), lo que es mitad cierto porque estoy muerta y no siento nada por nadie. ¿Saben por qué? Porque estoy loca y severamente traumada.

¿Cómo se sabe cuándo estás enamorada? Claro que lo quiero, es un buen hombre, the ultimate nice guy, casi un feminista, o al menos a nadie le había importado tanto un carajo hasta que lo conocí. Es maravilloso saber que a alguien le importas, que va a sacar la cara por ti y que te abrazará cuando sufras pero mi capacidad de corresponder a dichos sentimientos e impulsos digamos que es... ¿dudosa? Tengo muchos traumas y todos son productos de las monjas, si no me propone matrimonio mañana, me sentiré la peor mujer del mundo y eso que sólo fue un inocente beso. ¿Qué diablos es el amor, qué se siente, cómo lo diferencio? ¡No lo se! Puedo enumerarles una cantidad de cosas, lo que me ha traído de cada viaje y lo que le he traído a él. ¿Eso significa algo? Por el amor de Dios, díganme, qué se siente, porque no lo he visto desde el jueves y he hecho todo lo posible por evitarlo, pero lo realmente preocupante es que... podría vivir sola siempre y estaría bien.
No mentiré lo peor es que no tengo ni un sólo amigo que me entienda. Miss Lucas se cagó de risa de mí en el teléfono mientras yo lloraba (claro, su pendejo es un abusivo golpeador, por eso entiendo que esté tan contenta con que el capitán Berwick , sí, hablamos de la mujer a la que su novio la golpeó el sábado como un animal, supongo que cualquier bestia se ve mejor en comparación, vaya, hasta me da pena-gusto que le de gusto) cree que estoy cagadísima. Mi psiquiatra está hasta la madre y mi hermana ya se hartó de mí, no puedo confiar en nadie más. 

Sólo necesito que alguien me diga, ¿lo amo o sólo lo quiero porque es el primer amigo genuino que tengo? ¿O es genuino? Es un buen hombre, no se merece que sea mala con él sólo porque tiene un gusto extraño por las mujeres mentalmente desequilibradas. ¿Y si hago como si todo estuviera casual y normal? Dio, no puedo.

Me estoy volviendo loca. 
Tengo que escapar. Lo malo es que el boleto a Casablanca, Marruecos, está muy caro.
Tengo que huir y tengo que hacerlo rápido.

Sólo díganme cómo es para saber si debo seguir con este tremendo error o esperar unas semanas antes de soltar mi discurso: No eres tú, soy yo.
¡Alguien, dígame algo!


P.S

¿Es que no lo vi? Sacaba mis facturas, me trajo un Automóvil de Homero, el coche rosa de Homero, miles de libretas de los Simpson, un dispensador para mi te´, un abanico de recuerdo de la boda de su hermana, pintado por su mamá, alebrijes, chocolate y café de Oaxaca: Soy una imbécil. Lo soy!!!

domingo, 28 de mayo de 2017

Frozen (adiós gafete)

¿Qué creen que hice? Renuncié. Finalmente, renuncié, hice un berrinchazo en la última de sus chingaderas y de ahí me agarré para largarme como un Rockstar. 

 Me sentí Jon Snow:

Mi guardia terminó, perras.

Y después solté el micrófono.

Extrañamente, los primeros días cantaba de felicidad pero después de una semana o algo parecido empecé a sufrir una crisis de identidad muy parecida al duelo. De pronto me faltaban los descansos de tabaco, a las once y a la seis con el capitán Benwick, el dispensador de agua para hacerme té, saludar a Dianita (la estudiante de Economía que pasaba a recoger la basura tres veces a la semana),  a Cesar, el becario que fue mi único usuario por casi un mes, mi biblioteca, bañarme regularmente y... bueno, nada más, pero el caso es que pasé por las etapas de negación, ira y todo lo demás. ¿Qué diablos? Lo que me sorprende es que haya aguantado dos años y dos meses, ese lugar está a punto de colapsar. No sé qué me pasó, tal vez la incertidumbre, pero hasta mi psiquiatra llamó a otro psiquiatra para que me examinara y opinara sobre el medicamento que debo tomar. Los dos querían que tomara el mismo antipsicótico que mi mamá.
De repente, estaba parada en la farmacia con dos recetas y me quedé pasmada. Estaba lloviendo y yo seguía cansada y aturdida por haberme metido en unas clases de pintura con acrílico en la casa de mi doctora, dos horas después de mi consulta, lo que resulta en que me paso horas en el tráfico cuando ya me había acostumbrado a no manejar más de media hora al día desde hace dos años. Sonó mi turno y extrañamente no me animé a sacar la segunda receta, la idea de tomar el mismo medicamento que mi mamá me horrorizaba. ¿Por qué? ¡No lo sé! Como resultado, decidí limpiar mi sistema de trancazo, lo que fue una idea estúpida y sólo resultó en más ansiedad e insomnio.
Fueron días malos... pero, como siempre sucede entre los enfermos mentales, la felicidad sólo está a unos días químicos de distancia.  Oh, bueno, adiós gafete, te voy a extrañar. Volví a tomarme el Luvox, como persona decente y con ayuda del tafil he logrado ser una persona más o menos funcional que alimenta a sus perrihijos con puntualidad, puede sentarse a leer sin tener ataques de pánico y hasta cumple con sus obligaciones sociales. Si, hasta cumplí con mis obligaciones sociales, lo que hoy me permite dedicar mi tarde a las cosas que realmente importa (en este mundo tan fuera de control, hay que mantener nuestras prioridades claras):

1.- Observar sin fin capítulos viejos de The Walking Dead, perdón, quise decir: observar los brazos de Norman Reedus en capítulos viejos de The Walking Dead. ¿Los han visto? Son la imagen más bella con la que podría morir un ser humano, como un amanecer o un cachorrito recién nacido saliendo al mundo.

2.- Preocuparme continuamente por qué diablos le harán a mi amado Gendry en la 7ª temporada de Juego de Tronos. Es que no confío en ese par de perras conocidos como D&D, son capaces de destruir cualquier cosa, vean lo que le hicieron a Dorne. ¿Qué podemos esperar de ellos? Mamadas, es más, le tengo miedo a la próxima temporada. No sé si pueda soportarlo. He invertido casi diez años de mi vida en esto, maldita sea. También me ha pasado algo muy raro con Juego de Tronos, desde que Miss Crawford y su hermana se volvieron "super-mega-fans" prefiero no hablar del asunto. Me irrita ver sus demostraciones de emoción desaforadas. Ay, por favor, un verdadero fan hubiera salido corriendo a buscar los libros después del 5º capítulo y ya los hubiera devorado, digo, es imposible no hacerlo y Miss Crawford tiene una de mis copias del primer libro desde hace más de dos años y no lo ha leído, lo bueno es que tengo tres juegos más. Su afición, tomada tan a la ligera, me ofende. Si fueran verdaderos fans, no sólo hubieran leído los libros al menos dos veces y subrayado las profecías para compararlos con eventos, lineas de tiempo y procesos históricos (por cierto, encontré el nombre de "Gerion" en una crónica de los primeros reyes de Britania que no sé dónde chingados puse y no les puedo decir exactamente cuál es pero que me emocionó como una adolescente en su primer concierto de Boy Band), también tendría sus propias teorías de la conspiración, hablaría al menos tres palabras en Dothraki y habría dedicado y/o instalado al vez un par de anaqueles exclusivos para la saga con todo y memorabilia, ediciones ilustradas y especiales, libro para iluminar, juego de mesa, Funkos, Historia de los Siete Reinos y tal vez, sólo tal, una corona Baratheon para cosplay. Lo que me recuerda, mi Margaery Tyrell no ha llegado. Amazon es una mentira, la ordené hace más de un mes. Disculpen, perdí el punto. Lo que importa es que a diferencia de cuando se envició el Capitán Benwick, que es el mejor cómplice de televisión que una persona pudiera desear, la afición de las Crawford es forzada y superficial, no me gusta y me irrita. ¿Acaso se pondrían una camiseta de Spock alrededor de trekkies? No, no lo harían, porque es buscarse un golpe en la cara.  ¡He dicho!

3.- Lo que realmente quería contarles (es más, si quieren saltarse todo lo anterior pueden hacerlo sin problemas), es una extraña sospecha que me atacó hace unos días y que hoy confirmé como un temor que se quedará conmigo para siempre: ¿Qué clase de ropa interior usan los hombres de gimnasio? Yo sé que suena extraño, pero hace unos días (porque ahora que soy libre puedo dedicarme a hacer cosas frívolas como hacer ejercicio y leer tirada en el pasto con mis perros al atardecer) estaba luchando por bajar las lonjas cuando observé una pareja de esas que viven en el gimnasio. Imagínese usted, él, un sujeto tatuado (no en el buen sentido, uno creería que los tatuajes no pueden no ser atractivos, bueno: ¡Sorpresa!), con una de esas muscle shirt flojas que cuelgan de su musculoso cuello como si fueran los tirantes de una blusa halter, de preferencia en colores fosforescentes, man-bun y ¿mallas, leggings, lo que sea?, más ajustados que los míos, obviamente todo en lycra. ¿Ya tenemos esa imagen? Bien, ahora colóquelo junto a una joven en atuendo de ejercicio perfecto a la que supervisa con atención. En un momento así me pregunto cómo putas le hace ella para verse tan tranquila y feliz mientras yo estoy escupiendo flemas y tal vez el alma después de ocho minutos en la escaladora, si le agregamos la faja y la tanga que se transparenta debajo del atuendo, la incógnita sólo se hace más grande. Hasta ahí era una de las ocurrencias normales, hasta que noté que los pantalones de él estaban más apretados que los de ella y lo único que se me ocurrió fue esto:




Ya sé que les parecerá extraño pero de verdad me pregunto, ¿su ropa interior es más pequeña y delicada que la mía? Sí, probablemente. Lo peor es que desde entonces cada vez que voy a gimnasio me da por comparar los pantalones. Por favor, no me juzguen, pero ya van al menos tres veces esta semana que cuando me siento en el aparato ese para bajar la panza cervecera me quedo pensando en qué clase de comodidad les puede proporcionar un atuendo semejante y cómo lograr desplazar tanto peso en ropa tan pequeña y extendida haciendo saltos kilométricos y otras acrobacias. ¿No se sienten sofocados por sus propios pantalones? Bueno, si es que a eso se le puede llamar pantalones y no mallas de bailarina de ballet, en toda su fabulosa variedad. Sí, he visto mallas en colores fosforescentes, con estampado de cebra, flamas y psicodelia, lo único que falta son unos malditos polka dots! 

¿Qué pasó con la hombría? 

Al salir, me encuentro con la barbería que pusieron en el local donde solía estar mi spa de preferencia y sufro, de verdad sufro. ¿Dónde están los hombres? Y no, no me importa que ese lugar use botellas vacías de Jack Daniels como recipientes y floreros, eso no hace su labor más masculina. 
Es más, me pregunto si me harán manicura gratis si les llevo una botella vacía. 
¿Así funciona? ¿O les ofendería mi olor tabaco y sudor?
Espero que esta extra fijación desaparezca pronto, pero por el momento tendré que dejar de ir al gimnasio al menos hasta el miércoles, no es que sea floja (sí, sí lo soy), pero en mi defensa mi mamá ha decidido usarme como asistente personal desde que estoy sin trabajo y tengo más obligaciones que antes, claro, puedo hacerlas en menos de tres horas, a diferencia de las once horas y media que me consumían el alma, pero a final de cuentas son obligaciones.

Con su permiso, debo ir a lavarme los ojos con imágenes positivas, con suerte en un par de días volveré a ver el mundo con algo de paz.

Es que, ¿cómo lo logran?..

No lo sé.



jueves, 23 de marzo de 2017

¡Qué hermoso salvar la vida de alguien!

He leído muchas cosas muy extrañas en mi vida, pero ahora sí que me quedé pasmada. Mire usted:

Desde lo alto de la roca, el hombre de la saliva salobre se lanza al mar y nada hacia la alfombra agradablemente coloreada [nota: coloreada por la sangre de náufragos devorados por tiburones], llevando en la mano ese cuchillo de acero que no lo abandona nunca.
Ahora cada tiburón tiene que vérselas con un enemigo. Avanza hacia su fatigado adversario y, tomándose su tiempo, le hunde en el vientre su aguda hoja. La ciudadela móvil se libra fácilmente del último adversario... Se encuentran frente a frente el nadador y la hembra de tiburón, salvada por él. Se miraron a los ojos durante unos minutos; y cada uno se asombró de encontrar tanta ferocidad en las miradas del otro. Giran en redondo nadando, no se pierden de vista y se dicen a sí mismos: "Hasta ahora me he engañado; he aquí uno más malvado que yo". Entonces de común acuerdo, entre dos aguas, se deslizaron el uno hacia el otro con mutua admiración, la hembra de tiburón apartando el agua con sus aletas, Maldoror batiendo las olas con sus brazos; y contuvieron su aliento, en profunda veneración, deseosos ambos de contemplar, por primera vez, su vivo retrato. Llegados a tres metros de distancia, sin hacer ningún esfuerzo, cayeron bruscamente el uno sobre el otro, como dos imanes y se abrazaron con dignidad y reconocimiento, en un abrazo tan tierno como el de un hermano o una hermana [Ok, todo bien hasta aquí... digo, si quitamos la salvaje masacre y el consumo de carne humana]. Los deseos carnales siguieron de cerca esa demostración de amistad. Dos muslos nerviosos se adhirieron estrechamente a la piel viscosa del monstruo, como dos sanguijuelas [*giggles*, lo siento, nunca podré pensar en sanguijuelas sin recordar a Gendry y las Cincuenta Sombras de Melisandre] ; y los brazos y las aletas entrelazadas alrededor del cuerpo del objeto amado que rodeaban con amor, mientras sus gargantas y sus pechos no tardaron en formar únicamente una masa glauca con exhalaciones  de fuco; en medio de la tempestad que seguía recrudeciéndose; a la luz de los relámpagos; teniendo por lecho de himeneo la ola espumosa, arrastrados por una corrientes submarina como en una cuna y rodando sobre sí mismos hacia las desconocidas profundidades del abismo, ¡se unieron en una larga, casta y horrenda cópula!.. ¡Por fin acababa de encontrar alguien que se me parecía!.. [Sí, una tiburona asesina, a love story] ¡En adelante ya no estaba solo en la vida!.. ¡Ella tenía las mismas ideas que yo!.. ¡Me encontraba frente a mi primer amor!

Los Cantos de Maldoror, Conde de Lautréamont

WTF! Digo, este libro ya había estado raro desde que se reproducía con una pioja y le cosían los ojos a alguien, pero esto fue demasiado desconcertante. Asumo que se trata de un simbolismo muy complejo para mi humilde entendimiento pero pa' todo hay límites, chavos. Ya si mencionamos que antes de conocer a su amor y meterse a fraternizar con los tiburones se entretenía rematando náufragos cuando estaban a punto de llegar a la playa pues la cosa se pone peor.

¿Qué rayos? Digo, lo voy a seguir leyendo, tengo todo el día sólo espero que no haya más romances asesinos entre diferentes especies. Hey, estoy a favor de todas las preferencias pero pongo mis límites en la zoofilia. ¡Los animales no son nuestros esclavos! Si quieren casarse con muñecas o coches está bien, no me importa, pero dejen a los animales en paz.