jueves, 5 de diciembre de 2013

Es culpa de Catelyn

Ya ven que me estaba quejando de que no publicaron la ponencia... pues resulta que un artículo que me fusilé de mi propia tesis y que mi jefa arregló si lo publicarán o publicaron en otra parte. Lo raro es que no sé cómo quedó al final.
Verán, la fecha que tenía para escribirlo coincidió más o menos con la enfermedad y muerte de Rito, el perrito callejerito, mi sol y estrellas. Por eso no tengo ni puta idea de qué diablos hice. Recuerdo que lo intenté pero estaba en uno de esos estados alterados en los que todo duele, absolutamente todo y al mismo tiempo las cosas carecen de importancia o si se hacen, se hacen por inercia y como Dios nos da a entender. Ya sé, estaba como Catelyn cuando matan a Robb y ella, a cambio, mata a cascabeles. Los Frey la rodean y ella piensa que ya nada importa.  
Durante toda la enfermedad de Rito lo único importante era obligarlo a que no escupiera el ensure o la papilla de alimento en lata que le mezclaba con agua y le daba con una jeringa con la esperanza de que comiera. Luego le vigilaba el sueño para que no se cayera de la cama y lo bajaba y subía dependiendo de si tenía que vomitar o hacer pipí. También recé, especialmente cuando perdió la vista, pero ya ven que Dios no hace mucho caso cuando de perritos callejeros y ermitaños se trata. En ese periodo de tiempo sé que escribí algo y lo corregí y lo mandé. 
Sé que Mrs. Boss lo arregló y sé que en algún momento me mandó el artículo final pero no recuerdo haberlo leído. Fue una época mala. Ni siquiera sé qué estaba tomando entonces, pudo haber sido Inveda,  Risperdal, quetiapina, vaya usted a saber. No recuerdo cuándo empecé el luvox pero sospecho que fue la época en la que mi doctora y yo experimentábamos a ver con cuál nos quedábamos. Es la completa desconexión. Por eso hacemos lo posible por no vernos obligados a medicarnos de nuevo.

Ahora mi jefa me mandó el correo, pero yo, no sé por qué, no siento... sólo no siento. Creo que dejé de sentir cuando puse a Rito sobre la mesa para que lo inyectaran. Sí, es verdad que llegó Fortunato, que tenía que atender a Mina, que está loca, y buscar una excusa tras otra para levantarme en las mañana para hacer pequeños trabajos estériles que seguido me pregunto si servirán. Básicamente me levanto todos los días a las siete de la mañana porque Mina me obliga. Si no me levanto jalará la cobija de peluche imitación de piel de lobo (es polyester, lo juro) y la romperá, como acostumbra. Tengo una vida tan buena que a veces pienso que la sueño. Ahí viene el interrogante que tiene a mi doctora tan consternada: ¿de dónde viene la tristeza? Es como si la tuviera pegada en las tripas. Quiero sentirme feliz. Quiero responder sintiéndome plenamente feliz. Se lo agradezco infinitamente, en verdad, pero ¿cómo se lo pongo? En especial ahora que sólo paso los días como relleno hasta que se publiquen Los Vientos de invierno aproximadamente en el 2015. No tengo intereses, ni ambición.  ¿Cómo se oculta semejante cosa?

Recuerdo que cuando estaba en los últimos pasos de la tesis, me dio por leer Juego de tronos con locura. Cada vez que me asustaba pensaba en Daenerys después de la muerte de Drogo, y eso que todavía no se me moría Rito. A veces era molesta la repetición de "si vuelvo atrás, estoy perdida", pero me resultaba muy útil pensar en dragones y pilas funerarias para comprobar si uno se puede quemar.

THE RED WASTE

 Tengo que encontrar suficientes fórmulas para asegurarme de que la gris verdad quede bien enterrada bajo  expresiones de entusiasmo por el futuro y el éxito. ¿Cómo? Ya sé, le pongo la verdad. La verdad es que le estoy muy agradecida y que jamás lo habría intentado sin ella, es verdad, no tengo que poner que estoy muerta por dentro.
Tal vez será que ya me tomé mis gotitas de rivotril para dormir bien, en especial porque mañana me toca búsqueda implacable de vestidos de dama de honor, pero creo que con un poco de relajación pienso mejor. Chale, pusieron mi nombre primero. ¿No era más correcto que pusieran el de ella? ¿Qué les pasa? Debieron poner el suyo primero.

Ya estuvo. 

Eso no quiere decir que vaya a leer lo que aparece con mi nombre, mi nombre completo, tan delator. No, No. Sólo, veré que todo pase. Y entonces volveré a consumir los días como se debe, viendo Honey Boo- Boo, Duck Dynasty y realizando profundos análisis de canciones inmortales como 1+1= 2 enamorados.

¿Alguien ha notado como Luis Miguel empieza a maullar como gato en algún momento? Ya casi al final.  Aquí está la prueba:




Cada vez que alguien se pregunte el porqué Luis Miguel no puede tener relaciones estables con las mujeres de su vida, la explicación es simple: Fue torturado de joven. Lo hicieron usar ropa de cuero negro con botas blancas. ¿Quién se recupera de algo así?

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