domingo, 15 de diciembre de 2013

Grabé en la penca de un maguey tu nombre

En algún año nuevo mi primo (el único que me cae bien) preguntaba por qué no bailo, mi explicación fue sencilla: Simplemente yo no bailo, eso es todo, no hay nada en este mundo que pueda convencerme de hacer algo tan... poco natural. Vaya, no bailaría ni en defensa propia, ni aunque mi vida dependiera de ello y fuera el único recurso que me quedara disponible.  Entonces llegó su hermano menor, que aunque no me cae mal sigue recordándome mucho al niño orejón e irritante que alguna vez fue, y me preguntó "y si el mundo se fuera a acabar si no bailas". La respuesta fue la misma, qué se pudra el mundo a mí qué me importa, y después preguntó "y si la vida de tu hermana dependiera de ello", en lo que me puso en un aprieto hasta que recordé que siempre podría ofrecerme en su lugar. Prefiero que mi hermana me vea morir con dignidad a sobrevivir las dos tamaña vergüenza para recordar.

Ahhhh... pero hay algo que no les he contado y que sólo les voy a decir a ustedes (gente inexistente) porque sé que mi secreto estará a salvo. Ahí va: A veces me dan ganas de bailar, y lo que es peor... a veces lo hago.


(GASP)

Y ahora quisiera explicarme. No se imaginen que a veces pongo música para ponerme a mover mis poco articulados miembros, no. Por favor, algo de crédito aquí. Pero considerando que traigo el iPod puesto todo el día y en las pocas ocasiones en las que se está cargando hay alguna película puesta, lo que sea para mantenerme alejada de la realidad, de repente sale una canción hindú a la que simplemente no me puedo resistir. También ha llegado a pasar con Margarita, la diosa de la Cumbia, pero en esas raras ocasiones me limito a agarrar al perro que tenga más cercano y bailar con él, lo que no cuenta porque el del ritmo es él.
Y aunque nunca, nunca lo diré en voz alta, a veces lo hago, en especial cuando limpio mi cuarto, tallo el piso con vinagre con la esperanza de que el perro de mi hermana deje de considerarlo su letrina personal o tiendo mi cama, y sale una de estas canciones en el iPod o las personas de la película se ponen a bailar, que como habrán notado en las películas de la India, pasa todo el tiempo.

Es que, es más fuerte que yo.

 
Y es todavía peor cuando se ponen creativos y graban una película hindú mitad en Brasil y mitad en la India con el señor Roshan, que tiene que ser el mejor bailarín que existe en el mundo (perdone usted señor Benjamin Millepied), aunque mi opinión no cuenta. Recordemos el lugar tan especial que guardo en mi corazón para Hrithik Roshan en el gris y amargadito corazón que todavía me queda. Claro, el que lo ame no significa que vaya a aprender algún día cómo se pronuncia su nombre. Por eso le decimos "señor Roshan", que es tan guapo, que ni siquiera nos importa que lo vistan de puto a cada oportunidad.
Y tal vez en verdad estoy muy loca y soy muy rara. Recuerdo la cara que puso Jane cuando le puse un video. La aburrió y puso algo más importante como Blonde Redhead o alguna de esas cosas respetables. Que lo fui a ver y sí son bonitos, pero hay tantas veces en el día en los que sólo quisiera fingir que el árido panorama, las rutinas tediosas y la compañía lejana y silenciosa de trabajadores y vecinos que sé que está ahí porque les digo "Buenos días" y "adiós" se convirtieran en un número musical digno de Bollywood que lo único que me queda es subirle al iPod, agarrar al perrito de mi hermana (que como tiene las patitas cortas no puede escapar como los otros dos) y bailar.






 Sospecho que Dhoom 2 debe ser la cosa más exótica que haya visto y eso que me faltan pedazos por ver. Un día de estos iré a buscarla a la tienda hindú del Centro, la misma donde compré Jodha Akbar. Jane también se aburrió viendo la película épica de más de tres horas, pero yo la amo, con todo y que no le entiendo un carajo porque está mal subtitulada y le mocharon la parte romántica.
Ver al Señor Roshan disfrazado de la Reina de Inglaterra vale todo el esfuerzo posible.

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