lunes, 3 de febrero de 2014

Lupa

Mis hijos son lobos. Eso pensaba la otra vez, cuando peleaban en el jardín de noche y  me entretenía viendo sus sombras. En la pared parecían lobos. 

Guillermina Nymeria de la Tormenta y Fortunato son dos mestizos medianos. Mina es en su mayoría color negro, de pelo corto y algunas partes pardas, y Fortunato tiene pelo de alambre color beige. Les digo "el borrego y la loba", pero Fortunato es fuerte y aunque Mina está flaca, es rápida y ágil. Tiene las piernas larguísimas y cuando corren juntos son la pura locura y destreza. Cuando al perrito de mi hermana le detectaron que tenía sarna (así lo vendieron en +Kota, a medio morir, repleto de sarna) salí corriendo a revisarlos toda paranoica porque compartían las camas, los juguetes, los platos y a veces, mi cama. Pero no, mis perros son toda salud. Fuertes como caballos. Y si suena a que estoy presumiendo, tienen razón. 
Mina, es lo que pasa cuando las personas dejan vagar a sus perras por la calle sin esterilizar y se molestan cuando salen con cachorritos que a diferencia de la madre, peluda y color blanco, se parecen al padre callejero, por lo que seguramente no la podrían vender. A Mina la iban a tirar a la basura. Así la encontró Flor, la señora que trabaja con nosotros. La cachorrita estaba sentada a la mitad de la calle en lo que los dueños de la madre decidían cómo deshacerse de ella porque según ellos "estaba bien fea". "¿Quién la va a querer?" Es lo que le dijeron a Flor, que intentó regalarla en el mercado en el que vende algunos días de la semana. Nadie la quiso. ¿Por qué? Porque Dios es grande y la gente estúpida.  A estas alturas de la vida ya ni siquiera debería sorprenderme lo estúpida que es la gente. Es de esas cosas que pienso y digo diario pero en verdad a veces me sorprende, aunque no debería. Es un given.
¡Era una cachorrita divina! Canija como ella sola y cuando me abrió la nariz de una mordida y me terminaron poniendo dos puntos y una antitetánica, me puse a llorar varias veces preguntándome si el entrenador, al que le pagamos una millonada para que sólo le enseñara a sentarse, tendría razón cuando decía que la gente debe tener perros que vayan de acuerdo a "su temperamento". 

¿Mi temperamento? Nunca pensé en eso.  Rito, el perrito callejerito, llegó a mi vida por suerte y desde el momento en el que lo saqué de la jaulita hasta ahora somos unos mismo. La forma tan fácil y natural en la que vivimos como sombras por más de trece años me hizo pensar que sería lo mismo con cualquier otro animal.

No, no lo fue.

Mina fue difícil hasta el cansancio. Se despertaba a todas horas, mordía todo, orinaba todo, se comía todo y por más que le gritara y/o suplicara no dejaba de morderme a mí. A veces tenía que correr con mi ropa al baño para cambiarme sin que desgarrara mis pantalones o me dejara una herida tan escandalosa que se me hiciera difícil escondérsela a mi mamá. Los dientes de los cachorros son como alfileres. Una vez se me prendió del dedo. Me abrió la carne en una herida tan larga y tan profunda que la tuve que empujar para que me soltara y ni así me quiso dejar ir. Las manos son escandalosas y sangran mucho pero esa noche me puse a llorar en el piso de la cocina sin saber cómo arreglarlo. ¿Y si mi madre tenía razón? ¿y si no era una perrita de casa? ¿había equivocado mi vocación animalera? ¿debería buscarle otro hogar? ¡Pero era mía! Al final pensé que lo único que podía hacer era seguir intentándolo. Esperar, coser y esperar. Es la costumbre de no dejar ir nada ni a nadie. Conforme fue creciendo fue dejando de morder.  Ahora que están tan grande que ocupa la mitad de mi cama individual, se me olvida fácilmente que hubo una época en la que tuve que encerrarla en una transportadora por las noches para asegurarme de que no me atacara en la cara. Ahora despierta, se estira, apoya su cabecita en mis pierna y vuelve a dormir un rato en lo que le rasco las orejitas. Es glorioso. 

 Y cada vez que la cachó en alguna travesura y me pone esos ojotes gigantescos de venado con los que se disculpa, pienso que no me importaría sangrar todo lo necesario para llegar al mismo lugar.

¿Será la combinación de prozac y alprazolam lo que me tiene tan relajada?

Lo mismo con Fortunato. No porque él sea difícil, al contrario. Desde que apareció en mi calle fue toda docilidad. Yo no tenía intenciones de quedármelo. Sabía que me iban a correr. Por eso pensé que sólo le daría croquetas y agua, pero después de que se devoró dos platos de croquetas seguidas y un tazón entero de agua,y se echó a dormir en el piso frente a la cochera, ya no lo pude evitar. Fue una especie de fiebre la que se apoderó de mí. La misma por la que lloré toda la noche cuando efectivamente mi madre me expresó con lujo de ira su desaprobación y la misma que me llevó a manejar con todo y perro hasta Querétaro en la madrugada para ponernos a salvo en la casa de mi tía.
Estuve como una semana y media sin hogar hasta que mi hermana convenció a mis padres de que me dejaran regresar... con perro, claro. Sin perro, nada. ¿De dónde sale esa capacidad para hacer semejantes estupideces? Hasta la fecha, mis padres creen que fue un berrinche. No me sorprende. Se necesitaría conocerme bien para imaginarse que sufrí como condenada con el TOC desatado a todo lo que da pensando en cómo había fastidiado mi cómoda vida de mantenida y en cualquier momento llegaría mi tía a ponerme a trabajar de "paloma" en el banco de algún amigo suyo, al que llegaría caminando después de comer media toronja con queso cottage para ver si así se me quita "lo gordita". Aunque en esa época no estaba gordita, estaba ridículamente flaca, lo que llevó a varios comentarios desagradables de parte de las mismas tías. Como diría Kacey Musgraves "If you can't lose the weight then you're just fat, but if you lost too much then you're on crack." 
Encantador.
Pero mis hijos, mi pequeña manada de lobos lo solucionan todo. Sólo con ellos me siento segura. No tengo que atascarme de pastillas para bajarme la ansiedad, ni beber, ni encerrarme en un closet cuando me empiezan a entrar las obsesiones. Salgo a la terraza y me tiro en el piso con Fortunato. Desde que lo adopté ha subido dos tallas y no es tan ligero como él cree que es. Está pesadísimo. De todos modos me cae encima y nos echamos al sol.
Como perros al sol.
 Es increíble. A veces salimos a pasear y en ningún momento empiezo a perder la respiración por la certeza de que me van atacar, asesinar, torturar, secuestrar, violar (en ese orden). Sólo grito: "Mina, salte de ahí", "Fortunato, ven acá" o "Si hacen sus cosas al menos denme tiempo para limpiarlas". No salgo corriendo para tirarme boca abajo en el piso hasta recuperar la tranquilidad.  No necesito hablar con nadie, de hecho, la mayor parte del tiempo, el intercambio de palabras con personas, hasta para pedir un café o decir "no, gracias, estoy viendo" a la señorita en una tienda, me causa incomodidad y aburrimiento. La interacción humana es fastidiosa. Esa es la palabra. Fastidiosa e innecesaria. 
Tengo mejores conversaciones con mis perros, sí, hasta cuando empiezan a pelearse a dentelladas y jalones de oreja. 
Como la otra vez, cuando veía sus sombras reflejadas en la pared y pensé: "Parecen lobos".
Entonces, el maltés albino también conocido como Luke Skywalker, se sentó a mi lado. A él no lo aceptan en los juegos rudos porque es chiquito. Lo vi y le dije:

"Tú, tú eres un hamster".

Eso no quiere decir que no lo quiero. Claro que sí, le tengo muchísimo cariño al chaparrito. Los perros explotados en las tiendas de animales también se las ven negras y es mi sobrino consentido. Me gusta pensar que lo suyo fue un rescate. Cuando le ponen descuento a un perro y lo sacan al corral es porque ya va pa' fuera. A él lo cuido en el día y en la noche se lo regreso a su mamá. Es como un bebé. Mis hijos son lobos.
Y precisamente ahora debo ir a ver qué le pasa a Mina que está ladrando en la puerta de la cocina. Sospecho que es su manera de echar novio con el pastor alemán que vive en la cochera de los vecinos de enfrente.

Puppy love.

2 comentarios:

  1. Digame si está mal si paso de repente a leer por aquí, no cache bien, creo que soy humano y esto de alguna forma es comunicación. :S

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  2. Nombre señor, siempre es una alegría saludarlo! Usté pase cómo y cuando pueda, es cuate, siéntase como en casa. Saludos!

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