viernes, 14 de febrero de 2014

Rito era mi corazón

¿Saben cómo celebra el 14 de febrero un ermitaño? Pensando "¿Qué me voy a comprar, qué me voy a comprar?" Y es una buena pregunta. No se me ocurre nada.


Varias horas después:

Ya se me ocurrió. ¿Qué hacer en un día igual a todos en el que la única persona con la que estás en una relación es el abogado guapo de Raising the bar?
Fui a comprar algo, por supuesto. También llevé a Fortunato al veterinario pero eso no tuvo nada de particular. Está sano, gordito y feliz, aunque le tomaron muestras de cabello para verificar que no tenga pulgas, sarna o cualquier otra amenaza macabra producto de vivir afuera. Tiene su casita, pero de todos modos me angustia. No está en mis brazos todo el día, eso significa que no está del todo seguro.
Como les decía, fui a comprar cosas.
Entre las buenas noticias me encontré con que la librería con nombre de hindí pacifista tenía en oferta los libros carísimos de Siruela que contienen maravillosos cuentitos medievales como el de Melusina y Tristan e Iseo. ¡Rebajados de entre 400 o 500 pesos a 150!
Si eso no es un regalo de San Valentín no sé qué pueda serlo.

Por otro lado, compré como tres libros de dibujo. últimamente tengo ganas de dibujar y pintorrajear lienzos hasta que me canse. No sé para qué, a nadie le gustan mis cuadros, hasta la fecha me pregunto si a Miss Crawford de veras le gusta el almendro que le regalé o sólo me da el avión porque fue un regalo. No importa, es terapéutico y consume muchas horas. Hoy en la mañana leía una de las cartas de Van Gogh a su hermano Theo (es lo que hago cuando me siento mal por ser una freeloader y vivir de la generosidad de mi hermana) en la que decía que vivió un fin de semana con sólo 27 cafés negros y un poco de pan que debía porque prefirió enmarcar sus cuadros que comer. Muy razonable.
Mi hermana gastó un dineral en enmarcar ni última idea extraña. Básicamente es un explorador del siglo XIX y su novia, perdidos en la selva. Ella sabe que están perdidos, pero él decide dejar el mapa en el piso, olvidado como está, porque está seguro de saber hacia dónde van. No sé, la idea se me hizo divertida y ahora que lo veo con marco me hace sonreír, aunque no sé si los demás sepan de qué se trata.
Por eso compré los libros. Todo se aprende en los libros, Dios sabe que de mi maestra de pintura jamás aprendí un carajo. Esa mujer tenía severos problemas, no se debería dejar a ningún adolescente a su cuidado, aunque admito que me enseñó a fondear... y eso es todo.

Cuando estaba en la caja, pagando, la señora del al lado me preguntó "¿eres pintora?", a lo que pensé "¿por qué observa qué compran los demás?" y respondí, casi en automático, "no, son para mi sobrino, espero que él lo sea". ¡No tengo ningún sobrino! Pero me gustó la idea de inventar uno. Si tuviera un sobrino lo pondría a dibujar y no sé por qué me encanta mentirle a los desconocidos. Cuando se trata de personas que me concocen, la verdad se me escapa como si fuera vómito, pero con los desconocidos puedo decir cualquier cosa, es divertido. Como decir un nombre absurdo en Starbucks. 
Si, me llamo Matatena. A ver, compruébamelo. 

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