viernes, 28 de febrero de 2014

Escaleras

Se acabó Canta la hierba.  Se acabó mientras estaba subida en el aparto ese de las escaleras al que sólo me subí creyendo que tenía conexión para conectar mi iPod sin saber que no servía. De repente la maquinita anunció algo así como "entrenamiento terminado" y me sorprendí de haber aguantado veinte minutos, pero considerando que Mary y Moses desarrollaban una extraña relación que eventualmente llevó a un asesinato que no termino de comprender no es tan raro que se fuera el tiempo. De hecho, creo que me aventé otra hora en la otra maquinita extraña en las que andas como en patines y que está convenientemente cerca de la televisión, pero para variar estaba otro de los miles de capítulos repetidos de Friends con la cada vez más insoportable Jennifer Aniston y me vi obligada a repasar qué diablos pasó con Mary y Moses y cómo fue que pasó todo. ¿Qué pasó? ¿Tenemos pruebas de que la extraña dependencia que desarrolló Mary por el nativo al que anteriormente había golpeado con el látigo terminara en la relación que Marston supone que tiene? Sabemos que vio cómo Moses la vestía por la ventana, pero considerando el estado de Mary, podríamos suponer que simplemente le era imposible hasta ponerse el vestido? Ay, pero está el asunto de la obsesión y lo que dice la misma Mary que comenzó cuando él se estaba bañando y después él quería irse y ella lloró... ¡y cuánta confusión! Increible.
¡Mary y Moses! ¡Y la mató cuando estaba a punto de irse! 

Eso es, estoy aturdida. Claro, nos encantan los libros que nos dejan aturdidos, pero ese no es el punto. Esto fue como una especie de Corazón de las tinieblas en versión doméstica. Qué cosa. Lo mejor es que el libro me costó 60 pesos en las librerías de Donceles. 

Quiero hacer una pausa para que todos extendamos una oración y agradezcamos al Señor nuestro Dios por las librerías de viejo de Donceles.

Gracias.

Como les decía. Llegué a las once y salí a la una, sospecho que hice ejercicio porque la toallita que tenía en el cuello terminó empapada pero ni sufrí tanto, y alrededor de la una, cuando Moses ya se había decidido a esperar a sus perseguidores sobre el hormiguero descubrí que ya no tenía nada más qué hacer ahí. Se acabó el libro, tomé agua y me fui. Empiezo a creer que toda la excusa de ir al gimnasio es un método para poder leer a gusto sin sentirme ociosa. ¿Les ha atacado la culpa del lector ocioso? Es horrenda. Pasa cuando se pasan horas del día enfrascado en algún libro que no tiene mayor beneficio que extraerlo a uno de la deprimente realidad para ocuparlo con la deprimente realidad de algún personaje ficticio. Debería estar haciendo otra cosa, debería estar leyendo alguna de esas cosas que se supone que me expliquen cómo diablos debe abordarse el problema de la historia de algo a partir de marcos teóricos propios y no importados... o algo así, pero no quiero.
Los días son cada vez más calurosos, se acerca el día de la conferencia, no me he molestado en arreglar mi laptop para descubrir cómo diablos le haré para hablarle a esas personas desde la comodidad de mi casa, tal vez mi cubil canino, para sentirme más segura, pero hoy en la mañana me enteré de que el perrito con el hueso de la patita de fuera al que rescataron en mi asilo consentido no lo logró. Pobrecillo, después de dos operaciones no lo logró, a pesar de todos los esfuerzos de la protectora. Es como ese episodio de los Simpson en el que Lisa está deprimida, la medican y de pronto hay una carita feliz sobre cada indigente, Barney vomitando cerveza, y un montón de cosas más. Yo me he tomado religiosamente mi prozac y mi alprazolam, y aunque hacen el día soportable y puedo dormir en las noche, todavía no veo las caritas felices, por eso mejor nos perdemos en historias desoladoras y otros proyectos estériles... como por ejemplo mi pequeño mueble guardaespacio de inspiración steampunk. 

Verán, si de todas formas me tengo que bañar todos los días (bueno, al menos un día sí y otro no), al menos quisiera tener algo interesante y divertido en el baño. ¿Para qué un simple portatoallas cuando puedes sentirte en un libro de Julio Verne? Sólo necesito vagar un poco por home depot y dejar que las piezas de plomería el cortatubos y la pintura hagan su magia.

¡Nautilus, ahí te voy!

2 comentarios:

  1. He pensado que el tiempo debe trancurrir diferente cuando se lee haciendo algo que estando echado nadamás.
    Haría algo pero mareo hasta cuando intento leer en el autobus, metro, etc.

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  2. Es bien raro, hasta la semana pasada había sufrido cada uno de los ocho minutos que había aguantado en la maquinita esa pero ahora se fueron bien rápido y me aventé todo el rato, aunque tiene usted razón, el asunto del mareo es una complicación muy fea, no le voy a negar que casi me caigo un par de veces de la escalerita pero valió la pena!

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