sábado, 29 de marzo de 2014

Su guardia ha terminado

Mi pescadito se murió. No Cuco, el grandote malo que parece samurai, fue su feliz compinche, el sidekick que siempre andaba con él. Lo encontré flotando en la fuente y le di cristiana sepultura en el limonero. 
A los sidekicks nunca se nos aprecia, siempre cargamos con toda la culpa y al final somos reemplazables. Pero no reemplazaré a Cuquis. ¡Nunca!
Y ahí estaba sentada en la fuente cuando a la distancia vi la cosa más rara del mundo. 
Como todo este fraccionamiento está en el cerro, desde un principio había dos opciones para construir, levantar una plataforma o hacerlo pegado a la roca hacia abajo. Nosotros escogimos la segunda, pero la mayoría tiene una plataformas espantosas cuyo exterior se ha convertido en hogar de todo tipo de naturaleza resistente, incluyendo algunos árboles que salen por los agujeros que asumo que sirven para dejar salir el agua en épocas de lluvia.

Desde el jardín puedo espiar a todos (y creo que todos me pueden ver a mí) y en eso estaba, cuando escuche un ruido y vi cómo se caía un árbol gigantesco y enterito de la plataforma sobre la que se levanta la casa que tiene una especie de minicabañita que usan todo el tiempo para vaya usted a saber qué tanta fiesta. Recuerdo que Jane me vino a ver en mi cumpleaños y tomábamos cervezas en el jardín cuando la música empezó en esa casa y pensamos "ellos tienen mejor música".
No sé quiénes sean, ni me importa, pero hoy se les cayó un árbol de la pared y seguramente no se darán por enterados.
En verdad, no creo que se enteren nunca.

Por suerte estaba yo de chismosa para despedirlo. Adios arbolito, intentaste sobrevivir en un mundo de satelucos con mal gusto arquitectónico que te obligaron a crecer en el agujero de una pared. No temas, tus semillas se esparcirán por el terreno baldío que alguna vez se dijo que serviría para construir un club y tu línea se prolongará por generaciones.

¡No temas Bárbol, no te olvidaremos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario