martes, 29 de abril de 2014

Ya

Tal vez no estoy enojada con Juego de Tronos, supongo que de alguna forma me gustaría que las cosas fueran diferentes. Supongo que es como esperar que Emmy y Donald fueran felices en La paga del soldado, o algo así. Ni modo.
Es injusto, sí. Es ridículamente injusto. Y uno quisiera pensar que existe el bueno y el malo, pero Daenerys comienza a ponerse insoportable desde Choque de Reyes, repitiendo las mismas babosadas que Viserys le inculcó, y quisiéramos que Sansa y Tyrion lograran entenderse desde que la salva de la madriza que le pone Joffrey. Y cuando están sentados, después de que la bañaron y curaron por órdenes de Tyrion, pensamos en lo que ella decía antes, en cómo soñaba con caballeros, pero había sido el perro y el gnomo los que la habían salvado. En Lancel sólo había odio. Ella concluye que no había caballeros, pero creo que sólo confundió dónde estaban los caballeros. Los caballeros estaban en el perro y en Tyrion. 
La vida es triste, ni modo y de alguna forma no hay refugio en ninguna parte. ¿Es raro que esa parte sea la más agradable de los libros de CdHyF? Ver sobrevivir a alguien es casi tan alentador como fue alguna vez la declaración de Mr. Knightley. Y ahora sabemos que Jane Austen nos contaba mentiras piadosas, que de acuerdo con los sujetos reclutadores cuentan como mentiras, pero hoy en la mañana, que me atravesé con el final de Emma, en la versión de Gwyneth Palthrow, recordé por un segundo lo que se sentía tener una esperanza todas las mañanas, antes de llegar a la Facultad, de atravesarse con el capitán Wentworth en la fuente de la biblioteca o en el pasillo. Por un segundo, un triste, asqueroso y patético segundo, ser la heroína de Jane Austen que cualquiera en algún momento de su vida se cree que es. 
El  capitán Wenthoworth dice "soy mitad agonía, mitad esperanza." En consecuencia, nos convertimos en Anne Elliot. 

Hasta que las esperanzas se mueren y sólo queda el mar rojo, la deshidratación y la hambruna. ¿Sobrevivirán nuestros pequeños dragones?
Se fue el agua y llené la fuente con agua de los tinacos para salvar a los peces. Se me han muerto tres, pero si puedo salvar al menos a alguno seré feliz.

Extrañamente, los monstruos tenemos la mala costumbre de cobrarle afecto a los animales y las personas. Todos somos malvados, supongo, pero algunos lo sabemos. Tal vez por eso enloqueció el detector de mentiras conmigo. ¿Creo que soy una mala persona? Si, aunque la respuesta correcta fuera "no". ¿He traicionado a alguien que creía en mí? Y respondí que sí y después que no, aunque sabía que la única que podría responder sería Fanny Price y que claramente diría que sí. ¿He sido irrespetuosa con mis seres queridos? Parece que irme de mi casa si no aceptaban a Fortunato cuenta. El peor pleito en el que haya estado. Pero todos los días, cuando salgo a rascarle la panza, darle de comer y aventarle su carnaza pienso: Chinga, valió la pena. No pasé el detector de mentiras, y eso que confesé todo lo que se me ocurrió. Ni modo. 
Apostarle al underdog... ¿quién lo hace? No apuesto y repruebo las peleas de gallos, pero admito que me gustaría ver ganar al hombre más feo del mundo. En algún lugar leí que George RR Martin había comenzado con el complot para angustiar nuestras vidas que se llama CdHyF cuando vio el muro de Adriano y luego se imagino un personaje, el hombre más feo del mundo.
Creo que me gustaría ver los restos del muro de Adriano algún día, aunque tenga que pasar por el aeropuerto odioso de Heathrow. Lo detesto, de verdad lo detesto. No sé por qué. Lo odio en verdad, siento que es demasiado gigantesco y malvado. Como un gigante malvado que se levanta con una masa y hace que corras por un puente colgante para evitar su ira.

Quisiera que Bran caminara y que Arya se casara con Gendry y habitaran Bastion de Tormentas, que Sansa y Tyrion se sentaran en el trono de Hierro o que Jon sobreviviera al ataque de sus propios hermanos y tomara su lugar como rey del Norte. Quisieramos, claro, que Dany descubriera que Rhaego está vivo y gobernara las ciudades que conquistó con un poquito más de sentido común hasta coronar a su hijo como rey de ciudades libres. Pero igual que todo lo que pasa todo los días, las ideas románticas se quedan en fanfics y sueños diurnos que no llevan a ningún lado.
A un año más, tal vez.
Si la cuarta temporada sigue masacrando la narración tan espantosamente entonces recuperaremos el corazón que pusimos en la función de cada domingo y lo pondremos en espera. Los Vientos de invierno tienen que llegar algún día, aunque los capítulos que han salido como adelanto nos aterren.
Si los Otros van a venir, que lleguen ya.

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