martes, 6 de mayo de 2014

Enemigos de la Corona #1

Es nuestra firme creencia que el derecho a la existencia debería basarse en el mérito, ya sea intelectual, moral, etc... lo que sea, y no en el mero accidente de haber nacido y respirado por cierta cantidad de tiempo. ¡Que muera de la gente!
Admito que cedí a la presión y me tomé unas cuantas gotas de rivotril, sin éxito alguno, porque ya van a dar las once y no tengo sueño, vaya, ni el menor asomo.
Por eso regreso a este mi pequeño hogar, mi casita del árbol en internet, para hacer declaraciones que a nadie le importan porque de lo contrario me vería en grandes problemas. No me gustaría que alguien me confrontara con lo que escribí hace tres años. En mi defensa: No se me puede juzgar. Soy inocente por causas de enfermedad o defecto mental.

Ya me pinté las uñas, terminé CHdR otra vez, me preparé té, vi los Simpson, y ahora que sospecho que no dormiré hoy tampoco vengo a quejarme amargamente de uno de los muchos enemigos de la decencia.
Hoy presentamos:
Hombres que acompañan a sus mujeres a comprar ropa interior y/o les compran ropa interior

Haciendo fila para pagar un camisón en una tienda de interiores y demás coqueterías femeninas, mi hermana y yo escuchamos un par de voces de lo más perturbadoras. El sujeto en cuestión manosea alegremente una tanga de encaje mientras le dice a su novia "¿este es como el que te compré?" y dice no acordarse de qué le habla cuando ella insiste que es parecido. Afortunadamente yo no uso ropa interior de prostituta, pero si lo hiciera me desagradaría mucho el que un desconocido con las manos asquerosas manoseara ropa que posteriormente alguna clienta incauta podría comprar sin saber que otra vieja se la estuvo exhibiendo a su novio vaya usted a saber por qué razón.
¡Ew!
No voy a cuestionar los motivos del tipo para prestarse a semejante transacción, lo que no entiendo es que una mujer sea capaz de meter al peoresnada de su vida a una tienda y lo ponga a opinar sobre cosas que sólo a ella deberían importarle. Amiga, es tu ropa interior, la vas a usar tú, no él (espero). Y te apuesto que a él le importa un carajo lo que te pongas o dejes de poner. ¿No tienen vergüenza, amor propio o algo parecido?
Lo peor es que después escuchamos como le canturreó un coqueto "¿me lo compras?", como si no fuera una situación por demás humillante (o debiera serlo) el que una mujer le enjarete la compra de sus prendas interiores a un tipo. Eso no se hace.
Recordemos que en Amor Real, don Hilario se enfurece cuando Augusta le sugiere dejar que Manuel pague por el ajuar de Matilde. ¿Va a someter a su hija a la humillación de saber que su marido pago hasta sus prendas interiores? ¡No es bonito! De hecho, la norma general es que en caso de matrimonio, hablando de uno de esos raros ejemplos donde el marido es el proveedor, es válido y noble el que efectivamente pague por dichas prendas, pero sin saberlo. ¡Para eso se usa su tarjeta y/o número confidencial de alguna cuenta! Ella compra lo necesario, incluyendo los interiores de él si es que así se prefiere, a veces, toda la ropa, y él sólo llega a la hora del estado de cuenta. ¡No tienes que meterlo a una tienda de ropa para damas! Para las demás clientas incautas, es vergonzoso levantar una caja de undies de Garfield y preguntar si ya no lo tienen en L o XL frente a un desconocido que manosea tangas y ve tu ropa de abuelita de reojo. ¡No te importan mis undies de abuelita, y si tienen dibujos animados te importa menos, lárgate a la sección de lencería para pirujas! ¡Es molesto para las demás!
Es perverso y desagradable. ¿No se les hace asquerosito? A mi me da horror.
Estimados caballeros: Si una dama los lleva a una tienda de interiores para que les compren ropa de prostituta francesa de la Belle Époque, no se emocionen, no es que de veras quiera complacer sus perversas fantasías o que valore su opinión, lo que quiere es que paguen, porque las telas con que se fabrica la ropa de piruja suelen ser mucho más caras que unos boxers normales de algodón que suelen salir en menos de 300 pesos, y eso si compras de los elegantes.  La ropa de piruja suele tener encaje, gasa, mezclas de seda y no sé qué más cosas que suelen subirla a precios exhorbitantes,he visto cosas hasta de 7000 pesos y más, es absurdo, lo que cuando piensas que se trata de un miserable pedacito de tela que nadie va a ver y se cambia en cuestión de un día la convierte en un lujo estúpidamente absurdo que no cualquiera se aventaría como si se tratara de unos pantalones a los que sí se les va a sacar jugo, usándolos al menos unas tres veces a la semana o más.

Háganme caso, corran y no miren atrás. No se conviertan en un creep del departamento de lencería.

No me obliguen a usar mi spray de pimienta. Lo digo en serio, tengo dos en mi bolso.

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