martes, 27 de mayo de 2014

Lo peor

Hace ratito, mientras vigilaba a mis pequeños diablillos y leía cómodamente metida en la casa de Fortunato (las casas de perro pueden ser muy cómodas) me asusté mucho, lo que no me pasaba desde que me puse a leer sobre aquelarres en compañía de Jane ya bien entrada la noche hace muchos años:

"La caligrafía del infeliz Johansen se torna ilegible en esta parte. Dos de los seis hombres que nunca regresaron al barco murieron sencillamente de pánico en aquel momento desesperado, según se cree. El monstruo escapa a toda posible descripción. No existe un lenguaje adecuado para ese infinito horror inolvidable, aberrante negación de toda la legalidad de la materia, la fuerza y el cosmos.
[...]

[¡Ah, chinga! ¿pues qué podrá ser? Por supuesto me imaginé lo peor...
pero por suerte, estaba equivocada, no era tan grave.]
[...]


Era como una montaña caminando. ¡Dios Santo! ¿Puede resultar extraño que en la otra mitad del planeta un célebre arquitecto enloqueciese y que en aquel instante telepático el delirio atrapara el infeliz Wilcox? El monstruos de los dioses, el diablo verde y escamoso  venido de otros astros había despertado para requerir sus derechos. Los astros eran nuevamente favorables, y lo que un antiquísimo culto no había logrado en su empeño, lo había desencadenado accidentalmente un grupo de inocentes marineros. Después de millones y millones de años el Gran Cthulhu estaba libre nuevamente."

Los mitos de Cthulhu, H. P. Lovecraft

¡Pero qué pinche susto! Gracias a la santísima madre del verbo eterno sólo era Cthulhu, porque no sé ustedes, pero yo prefiero morir a manos de un ser mítico medio dragón, medio pulpo y medio demonio que a manos de Laura Bozzo o alguno de sus compinches. 
¿O a poco no preferirían encontrarse una cosa como esta, metida en su closet que a la otra pinche vieja gritándoles !QUE PASE EL DESAGRACIADO!
Hasta para la maldad milenaria hay límites, digo yo.

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