martes, 3 de junio de 2014

Con Anakin al lado oscuro

Como todo buen lunes iba a quejarme de las cosas importantes de la vida. Vamos a empezar por las que odio:
1.- El collar de Darth Sansa (tun tun tu tu tun tu tu tun tu tuuuuun).
2.- ¿Ahora resulta que el perro llega cómodamente a la puerta sangrienta y dice "hey, traigo a la pequeña Stark, chicos".
3.- La situación entre Sansa y Baelish es cada vez más desagradable y perversa.
4.- Larguísimo diálogo sin propósito claro entre Jaime y Tyrion. ¿Era algún tipo de metáfora? Parecía relleno.

Y ahora las que salvaron a D & D de su cachetiza guajolotera semanal:
1.-El juicio de Tyrion o el duelo entre la víbora y la montaña. Sin quejas señores.
2.- El horrible acceso de fiebre que padecí desde jueves hasta más o menos ayer en la mañana.

Quería platicar con ustedes de eso, pero hoy, por primera vez me trataron con tal patanería, prepotencia y majadería en una biblioteca, que tuve uno de mis muy inusuales accesos de ira que alguna vez le hicieron pensar a la Dra. Georgina la fea que era bipolar. No sé si podré regresar a la biblioteca del Museo Famoso del Tlaloc actualmente bajo restauración. No sé qué fue peor, el regresarle los libros y decirle que lo olvidara, que prefería irme cuando me salió con que ya no podía consultar el mismo material que llevaba revisando cinco horas a menos que me prestara  unos guantes asquerosos todos sudados vaya usted a saber por quién (después de que me dijo "hay que escribir bien" porque no le entendía a u número en mi boleta o me aventó la pluma que le pedí para anotar los datos de una carta que se supone debería redactar, pero ni madres que vuelvo. "Hay que traer pluma y papel" ¿se refiere a la pluma que está adentro del cuartito como de comisaría gringa donde me metieron, con mi computadora, libreta y el material que me acaba de prestar?), o el acceso que me atacó una vez que hube recuperado mi mochila de paquetería. Si fuera a una archivo llevaría mi coqueta bolsita bordada donde guardo mis guantes, mis propios tapabocas, los que no lastiman mis bellas orejitas, y mi lupa, pero no iba a un archivo, iba a una biblioteca a buscar revistas del siglo XX. Ni siquiera sabia si las tenían y me las prestaron durante cinco horas sin indicarme en ningún momento si era opcional o si era obligatorio. Créame señora, si fuera el libro de registro de un hospital para sifilíticos del siglo XVI ni siquiera me cuestionaría los putos guantes. Que ni siquiera fue ese el problema, una vez se me olvidaron en el archivo del ISUE y amablemente me llevaron unos. Me los prestaron y los agradecí. El problema era esa mujer. El problema fue su puta actitud. Es que la actitud. No pude soportarlo. Le dije no, cerré mi computadora y le dije que se podía llevar los libros, estaba muy cansada para revisarlos ya. ¿Y saben qué me dijo? "No tienes que inventar excusas para no cuidar tu salud". ¡Se llama educación! Si no quería excusas le hubiera dicho "Me largo porque sus peladeces ya me cagaron la madre, cacatúa de puesto ilegal." Pero aguanté con dulzura y prudencia como debe ser... al menos cinco minutos más en lo que recuperaba mi bolso y de repente perdía la razón. Entonces... no me pude controlar. Se fueron las cabras, me regresé por ellas y se fueron las cabras.
 El punto es que fue uno de esos extraños momentos de locura, en los que la indignación se te revuelve en el estómago como tres red bulls servidos con café negro y te llevan a momentos extraños... y que me regreso con la pinche vieja. Ya ni me acuerdo qué le dije a la señora, aparte de que no me podía tratar como si no supiera lo que hacia, que su actitud era ofensiva y grosera, que yo no era ninguna escuincla, que era una  mujer de treinta y tantos años a la que no podía tratar de esa forma porque todos vamos ahí a trabajar y  ganarnos un sueldo que necesitamos, no a pasar el tiempo... y sospecho que en algún momento subí la voz cuando le dije que tenía 10 años metida en archivos y biblioteca que sé cómo funcionan y no había necesidad de ofenderme, qué feas maneras las suyas, qué falta de decencia... ya supongo que ya me acordaré de más. El punto es que al final lo único que dijo la pinche vieja fue "si te ofendí por mi preocupación porque no aparentas tu edad y deberías preocuparte por tu salud, lo lamento".
Y sí señora, yo sé que eso no fue una disculpa, pero como no iba a conseguir nada mejor le dije "sí, me ofendió" y salí corriendo lo más rápido posible para encender al menos tres cigarros entre la entrada y el estacionamiento que estoy segura que se me consumieron de puro coraje. 
Y el coraje seguía ahí, al menos hasta hace rato. Ahora, se transformó en una cosa extraña.
No estoy segura, pero creo que ya me arrepentí. Sí, ya me arrepentí. Son las tres de la mañana, no puedo dormir y de repente pienso que me vi muy pendeja y apocada con mi discurso de "quiero discutir su fea actitud con el público" cuando le debí haber aventado una boleta y gritado chinga tu madre, y luego pienso que al revés, está en chino que regrese a sacar las imágenes que quería Mrs. Boss porque sí me puse muy loca, al menos para mis estándares. Debi haber cerrado mi imprudente bocota. ¿Ahora cómo chingados voy a regresar?
¿Qué está pasando conmigo?
¿Es la falta de sueño?
¿Estoy ovulando?
¿Terminé de volverme loca?
O a lo mejor no fue ninguna de las anteriores. Lo que pasa es que la pinche vieja era una patana y aunque mi mamá me haya repetido hasta el cansancio que "la educación es de quien la da, no de quien la merece", me cae de madres que nada me hubiera hecho más feliz que meterle las uñas en los ojos y arrancárselos con todo y pestañas postizas de piruja a dos pasos de caducar.

¡Muérete pinche vieja, muérete!

Al otro día:
Ah, la trama inventada entre Missandei y Gusano Gris es completamente inventada pero la agradecemos, recordemos que básicamente el romance en CdHyF es un concepto semi-desconocido, y el hecho de que lo tracen alrededor de un eunuco y una ex-esclava que no pueden "consumar" sus afectos del todo lo hace todo más trágico y cautivante. Como Gambito y Titania. ¡No puede tocarlo! ¿Se imaginan tener a Gambito coqueteándote sin caer derrumbada en sus dibujados brazos? ¡No se vale!
Claro, el asunto de Gusano gris no es tan grave, pueden tocarse, sólo tendrán que buscar formas alternativas de expresar su afecto.
¡Es que lo castraron!
Pero oh bueno, muchachos, si algo nos han enseñado Amy Farrah Fowler y Sheldon Cooper es que el amor verdadero no tiene necesidad de andar montándose unos sobre otros. No sé ustedes, pero a mí me suena encantador. True love waits...
Soy una romántica.

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