lunes, 30 de junio de 2014

Plantagenet

Esto va a sorprenderlos pero de vez en cuando veo algo más que programas de crímenes, Juego de Tronos, Duck Dynasty o telenovelas. Alienígenas ancestrales suele ser muy importante en nuestras vidas , a menos que empiecen con sus mamadas de "Aztlan estaba originalmente en Utah y ahí encontraremos algún día el tesoro de Moctezuma", en ese caso le cambiamos.  Tal vez por el vacío que ha causado el final de la 5° temporada de Juego de Tronos, recordé otra serie que vi la otra vez, aunque sólo duró una temporada, según esto porque así estaba planeada pero vaya usted a saber: The white Queen.
Esto viene a cuento porque en resumen, la protagonista, Elizabeth Woodville y su romance con Eduardo de Inglaterra me da toda la hueva del mundo, en todo caso podríamos rescatar sus pequeñas habilidades sobrenaturales y alianzas mágicas con Melusina entre otras maldiciones, pero los que de verdad resultan interesantes al final son Ricardo III y Anne Neville. Son encantadores y los amo. 
En uno de esos ratos de ocio en los que leía que Ricardo III probablemente no sufría de espantosas deformidades o jorobas gigantescas sino de escoliosis, me topé con un video padrísimo que tengo que compartir porque soy muy ñoña.

 

 Ahora, que si alguien quiere una sugerencia para hacer una serie sobre una señora muy acá con matrimonios y relaciones interpersonales realmente  locas, al menos como para hacer una serie de  unas tres temporadas, les recomendaría  a Leonor de Aquitania, mi amiga, por supuesto (nos hablamos de tú). Nada más su matrimonio con Enrique de Inglaterra debió haber sido la pura disfuncionalidad. De que echaron pasión queda de prueba su montón de hijos, y de que se odiaron a muerte después queda de prueba que ella terminó encerrada por andar conspirando contra su infiel marido. Para variar había una jovencita de por medio, Rosamunda (¿creo). Típico cuento de mi marido terminó enculado con una escuincla pendeja.  O "la flaca de la farmacia" como decía en las revistas Vanidades que leía en los consultorios de la multitud de médicos que visité durante mi infancia, ya fuera para mi madre, mi hermana o para corregir mis defectos de nacimiento. Nota: Mi madre me llevó a un ortopedista la otra vez para que revisara qué rayos está mal con mi espalda pero odié tanto el consultorio y a la secretarias ojetes que mejor me largué. Y si tengo escoliosis... ¿qué?

 Isabel también está buena pero a veces me desespera la forma manipuladora en la que intentan suavizar la responsabilidad de la buena católica en algunos menesteres. Aparte de eso, no me puedo quejar.
La tele es mi amiga. 

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