viernes, 11 de julio de 2014

Cacharro

Compré una lámpara de lava en una venta de garage. ¿Por qué?
No lo sé, a veces me encuentro en lo que me gusta llamar "estado hipnótico post-caminata". Necesitaba una lámpara de buró para el cuarto vacío que hay abajo. Como nadie baja nunca, me he tomado la libertad de hacer con él lo que se me antoja. 
Poner una vela coqueta por ahí, acomodar las cosas en cajas que combinen, colgar cuadros, usted sabe... pequeñas alegrías de solterona. Creí que me había excedido cuando puse un perro de porcelana que compré en las antigüedades de la zona rosa a un precio reducido gracias a mis habilidades como regateadora profesional (si es que eso existe), pero la lámpara es el colmo.
La conecté, y aunque sí prende, no veo que se ponga interesante.
Si esa madre no sirve habré desperdiciado dinero que me habría alcanzado para un bagel y un café en starbucks... que no me gusta nada sobre Starbucks, pero ese no es el punto. Y eso que acepté el primer precio sabiendo perfectamente que era el doble de lo que esperaban obtener por ella. Probablemente el doble de lo que vale (no, ya chequé en Amazon, las que se parecen a la mía están entre 20 y 22 dólares, usadas, lo que significa que si pagué doscientos pesos, salió ligeramente más barata, aunque la etiqueta y el plástico de la base parece ochentero lo que me haría más feliz), pero está simpática, las que venden hoy en día parecen cohetes, esta tiene una forma más setentera y me encanta la cara de las personas cuando no se lo esperan. Eran dos escuincles de quince años.

Bueno, estoy más quebrada que antes, pero al menos hice felices a dos adolescentes encargados de vender la cantidad de madres que sus tíos dejaron abandonadas en la casa de la abuela.  Después de ver que hasta tenían un modelo de fibra de vidrio de Hulk... sin cabeza, estuve a punto de irme sin comprar nada cuando se me ocurrió preguntar si tenían lámparas de buró. Tenían esa y cuando la vi se me hizo la cosa más simpática del mundo. Ese era el momento de poner cara, preguntar el precio, tragar saliva, preguntar si es lo menos en que me la podrían dejar, poner cara de decepción, decir "bueno, muchas gracias", sonreír y estar a punto de retirarme con cara de decepción para que me hicieran la oferta buena, que habría sido entre 100 y 150, si empezaba ofreciendo 50 contra los 200 que querían. He sido entrenada en las artes del regateo en los mercados más sagrados del Medio Oriente y mi capacidad para ser tacañas es tan grave que esperé más de un año la operación que necesito para quitarme las muelas del juicio que tengo encajadas y en algún momento podrían seguir atorándose, o llegar al hueso, infección... blah, blah, blah. ¡Dinero! Viví con dolor para no gastar en lo que creí que era una operación innecesaria. ¿Quitarme las muelas del juicio? ¿Pa' qué, si ya tengo pómulos? ¿Nada más por el dolor y la certeza de que ya me enchuecaron algunos dientes de abajo? Nah.
Tal vez por eso compré la lámpara. Tengo corazón de pollo y viendo lo que había en ese garage no dudo que sea el único billete que vean pronto. Es mejor que comprar mamadas por internet. Al menos aquí se mueve en manos nacionales.

¡Hey, señorita rumana mística, ¿dónde está mi gargantilla de Melisandre? Llegó el anillo de los Baratheon y la corona de Cersei. ¿Dónde está mi gargantilla? Y no, vivir al otro lado del mundo no es una excusa. 

Como les decía, prefiero saber dónde está el dinero que ya no tengo, en lugar de gastarlo en cosas importantes como comida o doctores. Ahora que la lámpara ya empezó a funcionar me recuerda a algo que vi en una de las secuelas del Exorcista, ¿o eran Los Cazafantasmas? Ya no importa.

¡Paliativos, oh paliativos!

2 comentarios:

  1. En verdad se necesita habilidad para el arte del regateo, yo siempre compro cualquier cosa al primer precio que me dicen y la única vez que intenté que me bajaron el precio me dijeron “joven no estamos jugando… eso es lo menos” desde ese entonces no he vuelto a intentar algo así.

    Respecto a Starbucks debo de confesar que era un fanático de esos productos, hasta que hace poco volví a redescubrir las tierras coyoacanenses y me re enamoré de El Jarocho

    Comer para qué? Y darle el dinero a los médicos es tirarlo a la basura de todas maneras nos vamos a morir, no?

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  2. Ah, una vez fui al jarocho, es que a un ladito había un restaurante vegetariano y ya ve que es difícil encontrar de esos, pero estacionarse fue una complicación, aparte de que fui con Jane, su hermana y su prima en lo que terminó siendo una comida muy incómoda. Lo bueno es que la lámpara resultó padrísima. Se tarda horas en calentarse pero cuando empieza a moverse la dichosa lava es divertídismo ver como flota (me acordé de la película de "Eso", "Flotan, todos flotan"). Ah, es que el lugar para hacerlo son los mercados de antigüedades, ahí nunca falla, las ventas de garage no siempre son seguras, una vez una señora me vio con cara de ofendida cuando le pregunté si era el precio final. ¿Qué les pasa?¡Pues para eso son esos lugares! Ay don Fulgencio, hice algo malo. Hace ratito le reclamé a una de las señoritas de Slim Fast el que me deprimiera. ¡Es que me siguió! Y le dije que no era justo que me escogiera entre la gente para hacerme sentir gordita y deprimirme, que estaba harta de que me atacaran. ¿La pobre qué culpa tiene, es su chamba? Ya ni modo, se lo tenía que contar. Es que mi shampoo lo venden al lado del lugar ese, siempre tengo que pasar y siempre me toca. ¿Qué está mal con la gente? Ah, y el starbucks es un mal necesario, a veces es demasiado trabajo poner la cafetera. Poner el filtro y luego tener que sacarlo... es demasiado, y a veces la necesidad de cafeína no puede esperar. ¡Gente, gente por todos lados!

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