jueves, 24 de julio de 2014

La batalla del lago

La mañana había sido cálida, pero muy pronto, casi al mediodía, la amenaza de lluvia comenzó a descender sobre la fortaleza de la Cañada de Cuarzo:
"Es un mal presagio" dijo Guillermina Nymeria de la Tormenta, pero considerando que seguía enojada por haber sido llevada a baño y corte de uñas a fuerzas tan sólo el día anterior, no le di importancia.

La fortaleza había resistido el asedio, teníamos víveres, agua (vino, lo más importante) y no habíamos perdido ni una sola batalla. Nada podía pasar. Mi tercera tía/madrina de bautizo que en treinta años jamás me dijo que mi padrino, el prometido al que le puso los cuernos antes de la boda había preguntado por mí varias veces en estas décadas para saber si estaba bien y no necesitaba nada) había sido derrotada, debo decir, que fue una batalla para la Historia. Vi a mi orgulloso Señor Padre leyendo el mail que decididamente había escrito como respuesta. "Mándalo wey, mándalo o te desconozco". Y lo hice, Tal vez fue la confianza que me infundió el colocar mi nueva y flamante corona sobre mi despeinada cabeza. Luego habló mi Tita, que recurrió a una estrategia demasiado vieja para que permitiera a mis tropas caer con ella. Salí, yo misma, en compañía de mi valiente manada y contesté el teléfono. Antes de que se me pudiera atacar, fingí voz jovial y le dije "mi mamá no está Tita, pero le digo que hablaste". Fue difícil, intentó seguir hablando, pero entonces cuando me preguntó por qué nunca la iba a ver, acabé con la batalla en un ágil movimiento de martillo: "Vives en Churubusco". Y ahí se acabó. La siguiente fue mi segunda tía, la que considero la más desafortunada de la camada. Envió mensajes melosos, llenos de promesas y juramentos falsos de lealtad. Si alguna vez se ha usado la democracia para acabar con una batalla. Confieso que ese fue un momento ejemplar, pero no funcionó. Salí triunfante de mi encuentro en los profundos bosques de las tías orgullosa de mis heridas de guerra y mi situación triunfante.

Sabía que podía haber algún otro frágil intento de rebelión. Todavía esperaba algún avance. Cubierta de sangre de batalla (o de las gasas que me tuve que poner en las boca hasta que me dejaron de sangrar las suturas) esperé, hasta que ingenuamente supuse que la guerra estaba ganada. Incluso si me veía envuelta en otra escaramuza, del otro lado del mar de asfalto nos quedaban aliados, Mrs. Pills, por ejemplo, cuya lealtad es incuestionable. 
Sin embargo cometí un error. Esperando un ataque frontal de alguna de las tres vasallas de mi Tita que han quedado fuera de la contienda, concentré la mayor parte de mi caballería e infantería a la vanguardia en una ofensiva violenta que pretendía dar fin a esta guerra sin sentido y sólo dejé algunas fuerzas a pie a la retaguardia, en caso de que quisieran usar otro chantaje maternal que fácilmente podría repeler. Y lo hice,confié en que las barreras naturales que me confería el escarpado terreno a mi flanco derecho y la vigilancia de mi aliado, el identificador de llamadas, al izquierdo harían que cualquier nuevo ataque a mi resolución fuera aplastado. Sostendría el sitio...

HOLD YOUR GROUND!

A menos claro que la que escribiera fuera mi tía, la madre de la quinceañera. A diferencia de mis oponentes anteriores, no pude hacer uso de la cortesía, la hipocrecía y el humor para salir victoriosa. Esta es la mujer que abandonó una prometedora carrera de periodismo para largarse lo más lejos posible para hacerla de nana en otro país, casarse con el mejor amigo de su jefe y producir hijitos a consecuencia del ferviente deseo de alejarse de una vez por todas de esta familia. Mi tita y mis tías la odian con pasión. ¿Por qué le organizan una fiesta a su hija? Mi madre prácticamente la crió, siendo la penúltima de la camada. Mis recuerdos de la infancia sobre ella incluyen a Maná (juicio marcial por eso), la vez que por alguna razón me quedé en casa de mi Tita y vi como se levantaba cruda. Mi tita la vio con la tal reprobación y asco mientras se preparaba jugo de limón para la cruda (receta que nunca olvidé) que hasta me espanté, recuerdo que cuando le dio el avión con el clásico "sí, mamacita" (cuando todavía se les hablaba de usted), mi Tita le dijo "lépera" que en esas jóvenes fechas se me hacía el peor insulto, pero supongo que un recuerdo conmovedor fue ver a mi mamá emocionada cuando grabamos el especial de navidad  que condujo en  canal once en algún año ochentero que nunca he podido olvidar, especialmente por el permanente y las hombreras del saco beige. Cuando todavía había videocaseteras beta. ¿Así se escribe? La alegría de mi madre, su hermana más pequeña (es la penúltima, pero la última siempre ha sido insoportable), que salía a la vida después de soportar la media orfandad y la madre que les dejaron a cambio del padre protector que terminó su vida en la carretera. ¿Por qué, por qué ella? Yo sé que no se siente ningún interés por mí, sé que me cuidó cuando estaba recién nacida y los rumores dicen que tenía la costumbre de ponerle whisky a mi leche para que me durmiera, pero no conozco a sus hijos y el único que me cae bien es su marido, que cuando vino a México a casarse decidió ponerse a jugar con mis hamsters porque de plano se cansó de no entender ni madres. Eso fue hace veinte años o algo así, pero por poco que eso sea, significa una deuda de honor que no podía ignorar.  Me privó de todos los recursos. ¡Ni modo que le diga: Hey, no me interesa conocer a tus hijos! Yo soy el familiar que por lo general se esconde encadenado en el sótano. ¿Pa' qué quieren que vaya?

Pero no podía lanzar el aceite, ni alistar a los arqueros. Debía enfrentarme a ella con honestidad. Después de todo, es la que dejaba los platos sucios bajo su cama para desesperación de mi Tita, fue ella la que me regaló mi primer libro de Heinrich Böll. Mi ahora amado Heinrich.  ¿Por qué son los dioses tan crueles? No tenía opción, mi honor y el de mis hijos estaban en juego. Me vi forzada a tomar mi lanza y salir a combate singular. Un sólo error, un error... y caí.
En la serie de mensajes tuve la gran idea de soltar: "Júrame que a Natasha le encanta la idea del vals y el pisar uvas en viñedos y me cae que voy".
Un error de último momento, cuando ya había realizado mis famosas maniobras con el mandoble, que si bien es más lento que la lanza, es más sólido y esperaba poder dar un golpe seguro cuando dije que "mis perros eran tan mal portados que no me los aceptaban en ningún hotel".
Muy tarde. No debí contar con que ella pelearía honorablemente. Yo sí. Fui honesta y terminé rindiéndome en la arena.

¡Iré, iré, encontraré un hotel para perros e iré a su maldita fiesta!


Ha caído el sitio hijos míos, no habrá saqueo ni pillaje, sólo la honra destruida de la que alguna vez una feroz manada.

¡Qué los dioses nos guarden!

4 comentarios:

  1. Es momento de rendirle un homenaje por tan heroico esfuerzo y desearle suerte en la fiesta y en futuras batallas

    Los Héroes En Silencio

    Caminando sobre la línea,
    fatigados y cansados, en los espesos campos de batalla,
    van los soldados defendiendo su honor,
    y su patria que llevan por dentro,
    arriesgando su vida,
    en medio del peligro de poder quedar dormidos,
    en un desafío entre la victoria y la muerte,
    que dejarían su sangre derramada,
    que tiñen la tierra y los campos vestidos de verde,
    que serian los testigos del sufrimiento de los soldados en guerra,
    atravesando ríos y praderas,
    y en medio del frio que les llega hasta los huesos,
    y el calor que les reseca la boca.

    Pero, como buenos guerreros siguen adelante,
    tratando de pasar la línea imaginaria
    entre las oscuras noches,
    llevando la esperanza de volver,
    y repitiendo las palabras “Dios mío ayúdame ”
    y llevando en su mente la palabra “Victoria”
    para alzar las manos de alegría
    y no volver con la cabeza viendo hacia el suelo,
    o en un ataúd, por defender su patria,
    y que los reconozcan como unos verdaderos héroes,
    por ser quienes sufrieron en los campos,
    y que hasta dejaron sus mejores amigos dormidos.

    ResponderEliminar
  2. Por favor no me odie, pero en honor a la verdad debo confesar que nunca he escuchado a los Heroes del silencio, Es que, es que, compréndame, eran los noventas y esos grupos eran para la gente ruda que usaba chamarras de cuero y tomaban drogas. Aunque la letra de esta canción se parece mucho a lo que me va a pasar cuando me toque ir a saludar a mi abuela, sólo que la canción es más optimista, yo sé que voy a regresar en un botecito lleno de cenizas y no habré vencido a nadie.

    ResponderEliminar
  3. No se preocupe, comprendo perfectamente que no haya oído a ese grupo, soy yo quien le ofrece una disculpa por la confusión pero no es una canción es un poema a lo héroes caídos http://eldesvandelpoeta.ning.com/profiles/blogs/soldados-de-guerra
    Si pierde recuerde que lucho hasta el fin! Ay las abuelas ese es otro graaan tema SUERTE!

    ResponderEliminar
  4. Jajajajajajajajajajajajajajaja, leí "Los Héroes del silencio", ya se me hacía muy raro que esos personajes tuvieran una buena letra, aunque tan trágica. Ay don Fulgencio, no sabe como me reí, ahora sí me aborregué gachísimo, es como cuando me levanto con mucho cuidado en la noche para no despertar a Mina y tiro el bote de basura accidentalmente. Fíjese, casi no leo poesía, a lo mejor porque no tengo corazón, lo que si le aseguro es que estando cerca de mi abuela a lo mejor hasta me toca leer el evangelio. Jesucristo, aplaca tu ira!

    ResponderEliminar