miércoles, 9 de julio de 2014

Los peligros del teléfono

Hace un par de semanas, me encontraba felizmente en mi casa, en compañía de mis perros, viendo Investigation Discovery mientras fumaba un par de cigarros (camel blancos por favor) y le daba algunos retoques al retrato póstumo de Rito que no me termina de convencer (no logro captar la inmensa ternura de su mirada y la locuacidad de sus bellos cabellos y orejitas), cuando sonó el teléfono y resultó ser Jennifer López (les juro que así se llama), la de la asociación de colonos. Preguntó por mi mamá, luego por mi hermana, pero como la única que anda por la vida de ociosa, psicoanalizándose, comprando por internet y aplicando para trabajos que nunca responden a mis correos coquetos adornados con carta de súplica y curriculum soy yo, pues me pidió mi colaboración y le dije que sí.
 Me dijo que el municipio les estaba pidiendo una especie de asociación de vecinos que revisaran los problemas que había sobre agua y electricidad para regularizar el fraccionamiento. Gracias a que mi papá mandó al diablo a todos y se hizo cargo de los trámites de la casa, somos de las pocas casas que reciben suministro oficialmente, pero la mayoría se surte con pipas de agua y cosas así. Le dije que se había topado con la peor persona para el trabajo porque si se cayera una palmera yo ni me enteraría. 
Por lo general, todo lo que pase fuera de mí, mis perros, y a veces, mi familia nuclear, no tiene consecuencias en mi corazoncito, pero me aseguró que sólo era un trámite para que regularizaran el suministro. Movida por mi estúpido y muy inútil complejo de hermanita de la caridad, les dije que sí y le mandé una foto de mi credencial de elector. Ya saben, para ayudar a J. Lo, en especial porque en la última reunión de colonos (la que hubo por el escándalo del intento de secuestro), llegó mi hermana muy enojada y la confundió con alguna trabajadora del municipio, tratándola de acuerdo a lo que creyó que hacía (hacerle publicidad a un presidente municipal de lo peor). Después se aclaró que no tenía nada que ver y le pidió una disculpa, pero yo pensé que no pasaría nada si le echaba la mano. Digo, ¿quién no ha ayudado a alguien en problemas laborales?  Recuerdo que el señor del archivo a veces me daba chance de escapar un ratito para hacer mis compras importantes en el centro, como la época en que me dio por comprar medias y/o mallas de todos los colores y estampados que hasta la fecha no he usado mucho.

Después de eso, olvidé todo el asunto. Había cosas mucho más importantes en la vida, como por ejemplo la eliminación de Lady Stoneheart de Juego de Tronos, lo que tardará en llegar mi corona de Ana Bolena, si el pobre Alonso Moncada, al que hicieron fraile a la fuerza logrará escapar del convento al que metieron en el libro de Melmoth el errabundo. ¿El tal Juan le puso una trampa? ¿Podemos confiar en su hermano? ¿Lo acosará Melmoth?, el cambio de horario en la programación de Investigation Discovery, el bazar al que fui de compras con Mrs. Weston y Jane. ¿Dónde usaré mi nuevo collar coqueto de venado? (How very Baratheon). Ya saben, cosas importantes. Pensé que efectivamente era "puro trámite", hasta que hace rato, cuando llegaba de ver a la Dra. Pills, mi mamá me dijo que habían hablado de la asociación. Como a mí me vale gorro todo lo que tenga que ver con mis vecinos, no hice mucho caso, hasta que abrí mi correo y vi:  "Estimado representante de calle."

¿Quien, yo?
¿Me hablan a mí? Por favor, díganme que representante de calle se lo dicen a todo mundo de cariño.

¿Cuándo putas me convertí en representante de calle?


¿Es en serio?

¿Ahora tengo que ir a una reunión? ¿Por qué? ¿Yo cómo chingados voy a saber si la gente quiere poner botones de pánico en sus casas? 

¡¿Qué putas?!


Ahora sí, por favor, dispárenme.

2 comentarios:

  1. Es el destino que le da armas para vengarse de su vecino Muajaja

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  2. Ay, qué más quisiera? pero era una reunión para ofrecer la cómoda instalación de botones de pánico en las casas, los cuales, por supuesto deben ser negocio de alguien porque quieren cobrar mil mensuales por el cochino botón!

    Y por eso hice lo mismo que hice cuando me tocó ser encargada de casilla: Esconderme y evitarlos. No fui.

    Ya tengo mis propias versiones de botón de pánico, son tres perros con el sueño ligero que gritan como endemoniados, un spray de pimienta y un taser. No necesito que me roben datos. Aunque fíjese que estuve checando hoy, así como que no quiere la cosa, y creo que no hay cámaras.
    No sé para qué me sirve eso, pero es bueno saber.Mientras tanto he estado de lo más ocupada tratando de arreglar una corona réplica de una de las de Juego de Tronos que compré por internet. Le recomiendo nunca comprar por internet bajo medicación.
    Está tan chafa que intentaré rehacerla. Ahora esperemos que la otra corona elegante que quiero usar cuando cumpla 30 años sí esté decente. Ahí luego le cuento cuando llegue.
    Saludos don Fulgencio!

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