domingo, 20 de julio de 2014

Mis grandes ideas

Cuando mi hermana y yo nacimos, mis padres no tenían una idea clara de cómo ser padres, en especial mi papá. El asunto es que él no tuvo padre, nunca, a diferencia de mi madre que al menos lo tuvo unos nueve años, creció entre sus primas que según mi madre son unas suripantas vulgares y un padrino que siempre traía manchas de ron en la guayabera y le gustaba presumir el dedo que le había cortado una maquina en la llantera. Por eso, desde que nacimos, en lugar de pensar en  asuntos psicopedagógicos o simplemente educarnos como se supone que se educa a las niñas, como si hubiera una diferencia con los niños, nos educó como Dios le dio a entender y nos intentó hacer hombres de bien, aunque al mismo tiempo me diga "princesa y/o princesita ", nos mandara a escuela de mojas porque supuso que eso era lo que se hacía con las niñas, y me llevara varias veces en mi infancia a buscar una corona y disfraces apropiados para poder gobernar justa y valientemente el reino que seguramente (de acuerdo a sus indicaciones) había conquistado con un basto ejército o por medio de guerra de guerrillas. No sé por qué sus cuentos siempre terminaban con una invasión de revolucionarios que salvaban el día o la intervención de la Liga de la Justicia.
Ahora las coronas se consiguen muy fácil, pero en mi niñez era todo un reto encontrar un disfraz de princesa y tener una corona. Me compró una de perlas por lo que decidí que sería la reina de la Atlántida mientras Miss Crawford era la reina de Egipto. Nuestras madres nos mandaron a hacer vestidos iguales pero de telas diferentes. Ahí está la paradoja, por naturaleza no puedo evitar ser una princesita mamona y delicada, ni modo, está en mí, soy una vieja bien vieja, pero siempre pensé que la forma correcta de comportarse es la de un charro. Quiero ser una soldadera pero soy una chaparrita quejumbrosa y no voy a ningún lado sin mi desinfectante para baños.
Yo siempre quise ser ruda, pero soy ñoña. Lo más rudo que tengo son unas botas, que por cierto son comodísimas y combinan con todo.Tal vez por eso me molestan los hombres que se esconden tras el asunto de "la modernidad" parea no portarse como hombrecitos (ahí está, otra frase de mi papá). Como esos que se cuelgan de la liberación femenina para no esforzarse en nada y sacar todo rápido, gratis y fácil.
Creo que no fue saludable el que mi papá me dejara quedarme a verlo jugar dominó con sus cuates en lo que solía ser un ambiente muy masculino lleno de ron y humo de puro, no estaba nada mal para él, que realmente no sabía cómo funciona todo el asunto de "las niñas se portan así y así", tan marcado en las visitas a la familia de mi mamá, donde a cada rato se me indicaba que decir majaderías está mal y "tienes boca de carretonero", "ve esos modales en la mesa, Yolis, educa a estas niñas" o aquella vez que regresamos del parque tan llenos de lodo y tierra que mi mamá nos hizo quitarnos la ropa afuera de la casa y sólo nos dejó entrar después de quitarnos la mugre de los brazos y cara con una manguera. Ponerme un vestido era todo un reto, nada me hacía más feliz que andar en jumper de mezclilla y tenis, eso sí, rosas. Cómo odiaba los vestidos, casi tanto como los amo ahora, y sin embargo, me cuesta trabajo usarlos, como que no me sale natural, y cuelgan del closet esperando a que aprenda cómo y cuándo van y para qué. Ocasiones especiales que nunca llegan.
 Sin darse cuenta, y seguramente si se lo preguntan, mi papá negaría habernos educado del todo, pero frases como "órale, de una vez, no le saque", "como machitos" y salir a "rompernos la madre a la vida" siempre han sido muy comunes, y sin embargo, finalmente yo era la menor, y a diferencia de mi hermana, que siempre fue una dama por naturaleza y por la influencia de mis tías maternas, yo crecí en algo más de aislamiento, por lo que adopté esta extraña noción de comportamiento que marca que las cosas se hacen bien, como los hombres, o no se hacen al mismo tiempo que mi mamá especialmente me mantenía pegada a sus faldas como si fueran a robarme/asesinarme en cualquier momento. ¿Será que de ahí viene mi necesidad de probarle no sé a quién que puedo portarme como los hombrecitos y aguantarme el dolor/alcohol/cansancio/trabajo, etc? Que no tiene ningún sentido porque es como tratar de hacer marometas en una pecera. Nadie lo nota y hasta la fecha, mi papá y hermana no dejan que haga nada peligroso porque todos sabemos que soy muy pendeja y me puede pasar algo. ¿Les he contado que Miss Crawford y yo entramos tarde al kinder porque ninguna de nuestras madres quería desprenderse de nosotras y por eso esperaron hasta el último momento? Creo que es la única amiga que tengo que es unos meses mayor que yo. Y 26 años después, me siento un poco culpable porque prometí ir a visitarla y no lo he hecho. Pobre, su hija la ha de estar volviendo loca.

Pero regresando al tema. Una vez Jane me dijo que era muy extremosa. En mi pecera, me gusta pensar que si se va a hacer algo, hay que hacerlo como Dios manda. ¿Quieres un café mi reina? Pues tómatelo como debe ser, americano y bien caliente. La última vez que vi a Fanny, mi mejor y unica amiga en el mundo, sabía que era la última vez que la vería, me lo prometí a mí misma y con todo el dolor de mi corazón lo cumplí. También le prometí a Rito que íbamos a estar juntos hasta el final y se lo sigo cumpliendo, aunque me tenga que sentar en pasto enlodado para hablar con él. Como sabrían si alguien escuchara mis diatribas semanales con la Dra. Pills, estoy llena de errores y defectos, pero al menos me queda esa virtud, no hacer las cosas a medias. Estaba orgullosa... estaba.
Hasta el viernes, que me di de topes por esa burda necesidad de sacarme los curitas de un jalón

¿Te quitamos las cuatro muelas del juicio de una vez? ¡Sí, ya de una vez, vamos a acabar con esto!
Claro que las de abajo estaba enterradas en las encías, ya casi hasta llegar al hueso, y tuvieron que  abrir, romperlas y arrancarlas en lo que fue una operación corta pero infernal. Yay, inyecciones al paladar.
Pero ni modo. Así es la vida, parezco hamster almacenando comida en los cachetes, estoy llena de suturas, no puedo comer y la medicina para el dolor que me dieron es de risa (¿en serio, ketorolaco? Olvídenlo, en mi casa tengo dolac... y otras bondades)
Pero ni modo, aunque me hayan entregado mi corona de Ana Bolena el viernes y me guste retacarme de bisutería y zapatitos bordados, hay veces en los que hay que portarse como los hombres, como ahora y ponerse las gasas para contener la sangre con una sonrisa de Fernando Lujan en Los perversos y aguantarse como los hombres, como ahora:

Por cierto ¿Soy la única que opina que Fernando Lujan ha sido el actor mexicano más guapo de la historia?
Disculpen, creo que necesito medicina para el dolor.

Las cuatro de una vez, ándale mi reina, ¿pus por qué no?

3 comentarios:

  1. Con este relato puedo decir que su papá ahora me cae rebien! Me imagino que no ha de ser tan bueno para usted tener ese tipo de actitudes en su vida pero creo que es la mejor manera de educar a una mujer, digo… si a nosotros nos “educan”, o por lo menos a mí, tratando de explorar nuestro lado femenino, también a ustedes deben enseñarles la contraparte y si alguna vez tengo una hija (cosa que creo nunca pasara) tratare de educarla como lo hizo su Sr. Padre.

    Lo que no entiendo en porque dejo de tener contacto con Fanny se ve como una decisión muy radical.

    Lamento mucho su sufrimiento molar pero a veces es mejor deshacerse de esas cosas de una vez para no prolongar la agonía, le echo porras!

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  2. No es que sea mi apá pero la verdad sí es bien padre, claro, pasé dos días con cara de hamster pero lo peor ya pasó, la peor parte fueron las inyecciones, les aguanto los cuchillos que sean pero no las inyecciones, lo bueno es que creo que ya dejó de sangrar todo el asunto y en un par de día todo será un extraño recuerdo de cuando me pongo radical. Ay, es que ese es el problema don Fulgencio, el todo o nada en la vida. Pero ni modo así es. Nota: Mejor no explore su lado femenino, la mayor parte de nosotras somos bien perras, y yo sé que suena horrible, pero es la verdad. Justo ahora libro una batalla de chantaje y resistencia para no ir a los quince años de mi prima (que ni la conozco), ya le contaré cómo me va, pero el asunto ha estado feroz, mientras debo enseñarle unas imágenes muy perturbadoras que me encontré cuando ando de ociosa. Ah, y si tiene usted alguna hija alguna vez, hará bien en tomar su educación en sus manos, las mujeres tenemos una especie de maldición... inevitablemente terminamos convirtiéndonos en lo que más odiamos de nuestras madres. De cualquier forma, las muelas se fueron y si intentan volver a ponerme braquets (o como se escriba) de nuevo, me voy del país, se lo juro!

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