domingo, 3 de agosto de 2014

Sobre películas



Sí, ayer Mrs. Weston, Jane y yo fuimos a ver una película: Paraíso.

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Les voy a ahorrar la sinopsis, porque básicamente son dos satelucos con sobrepeso que parece que sólo pueden ser felices y amarse felices y con sobrepeso en satélite porque "El D. F." es una gran, mala y triste ciudad que destruye el amor y hace a la gente superficial y malvada. Él baja de peso, ella no, una vieja de la oficina se le avienta, ella conoce unas gallegas, hace trampa en la dieta, deja al marido sin gran razón, se mete con un tipo que al principio creemos que podría ser un buen tipo pero es horrendo, escena sexosa que me dio ganas de aceptarle la oferta del convento a mi tía abuela, la buena Madre Anita (ay, pero me van a querer cortar el pelo y no me dejarán usar mis coronas y mi cabello es demasiado bello para ser cortado), para que de alguna forma ganara un concurso de cocina que realmente no tuvo mayor impacto en su vida y al final se reencontraran en Satélite donde podrán vivir su amor.

Es decir, la película no es mala... es malísima. Tonta como piedra y fea como una blasfemia. Sin mencionar que aunque efectivamente se robaron la estética de las casas familiares satelucas, que cuando uno está triste y desubicado va a Plaza Satélite a ver gente pasar y que los tacos de Los Arcos son lo mejor que le ha pasado al mundo (aunque un sateluco de cepa les dirá que Don Ra es el verdadero Señor Gobernante del mundo de los tacos), el que haya escrito y/o creado esta película de forma alguna no ha sido un propio sateluco en un buen tiempo o es un pésimo observador. Los satelucos representados en la películas son bienintencionados, ingenuos y cursis. Es cierto, las parejas satelucas combinan sus atuendos, pero aparte de eso, cada vez que voy al archivo o la oficina de mi jefa o al dentista, al cirujano plástico, al oftalmólogo o a todo lo que se va al D. F., no veo esa sofisticación chilanga que nos tratan de vender en la película. Y al contrario, en satélie, si hay algo son madres superficiales que gastan el dinero de su marido en uñas adornadas con pedrería. ¿Han visto a los satelucos? Camine por Plaza Satélite y si ve a una mujer de más de 45 años con plataformas transparentes de teibolera, conjunto de mezclilla deslavada adornada con piedrería, peinado de Daniela Castro en los noventas, 200 capas de maquillaje y una bolsa con logos gigantescos, esa es una verdadera sateluca. 

Somos suburbanos, no pueblo feliz de telenovela y gracias a los dos últimos presidentes municipales esto ya se parece a Mordor, o peor, a la Comarca cuando Saruman decide destruir el hogar de los hobbits para vengarse. Por otro lado, la mayoría trabaja en el D.F, es raro un sateluco que trabaje por aquí. Yo manejaba alrededor de tres horas diarias para ir y venir desde C.U., cuando estudiaba, luego hacía hora y media entre camión y metro cuando iba al servicio social en el centro y ahora voy a ver a mi jefa a la Colonia del Valle y a mi psiquiatra a la Narvaez.  ¡No es otro país! De hecho, la mayoría de los satelucos apenas tomaron conciencia hace algunos años de que no eran chilangos. (Nota para el resto del país: los mexiquenses, especialmente los naucalpenses, no somos chilangos no nos odien como a ellos). 

El punto es que la película me ofendió. Como sateluca, como persona, como mujer y especialmente como tacaña que no puede creer que gastó en semejante mamada.

Por cierto, si tienes que pedir un permiso hasta para hacer fiestas infantiles en el Naucalli. 
¿Cómo chingados le hicieron para plantar su árbol donde se les dio la gana?

Ahí se los dejo de tarea.

2 comentarios:

  1. Ok debo admitir que al leer su post (o como se diga) me entro la curiosidad por ver la película y el día de ayer gaste (de manera innecesaria) mi dinero en el cine, mis resultados concuerdan con los suyos solo que yo me siento OFENDIDO por la manera en que catalogan a los defeños, no somos tan malos o si?.

    No concuerdo con usted “deja al marido sin gran razón” yo diría que cualquier nimiedad de un engaño o sospecha del mismo es una buena razón.

    Y me va a usted a disculpar pero a veces los del Edomex si se pasan de ingenuos.

    Debo de admitir que ayer si me vi un poco simple y reí un poco, aunque no entiendo muy bien como es que funciono eso de la reconciliación.

    La moraleja que me dejo es “los gorditos son felices” y ahora debo de reconsiderar mis visitas al gimnasio.

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  2. No lo son! Ponen a "la gran mala ciudad, uhh, tan peligrosa" llena de edificios donde no pueden vivir familias y es taaan complicado moverse en ella y te corrompe,cuando Satélite se está hundiendo en baches y asaltos!
    ¿De veras no cree que sea buena razón? Ella no era feliz de todas formas y ese señor ya andaba coqueteando con una de las pirujas de la oficina que a mí me advertían desde chiquita que debía mantener alejadas de mi papá a costa de lo que fuera. Además ¿por qué cobrar venganza en el gatito, él que hizo? Y no, no todos somos gordos... sin importar lo que digan las caza-gorditas de Slim Fast.
    Fíjese, yo salí de ahí con ganas de no volver a comer jamás.

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