lunes, 1 de septiembre de 2014

Ataque de austenismo

¿Qué rayos está mal conmigo? Es que nunca lo había visto de cerca. Puta madre. Qué cosa es esa en el ¿colon? ¿estómago? ¿intestinos?
La media sonrisa inexplicable por una pendejada. Es un completo extraño, un desaliñado amable con perros, eso es todo, uno en el que ni siquiera Mrs. Weston había reparado. Porque han de saber ustedes que con la sutileza que me caracteriza lo mencioné casualmente hace unos meses y lo único que me dijo fue "¿a poco llega hasta ya? yo lo veo seguido por mi casa con sus perros."


¿Qué me pasa? Mi día empezó espantosamente mal. Me sentía mal, hasta me fui más temprano a recoger a Flor para poder dar una vuelta en el coche sin rumbo alguno y llorar a gusto sin que me vieran. Ahhhh, pero mi madre necesitaba cigarros. (Ay, aparte de las fachas y los granos seguro traía los ojos hinchados... y bueno, a mí qué chingados me importa.)

Y entonces, por pinche media hora recordé qué se sentía esperar ver a alguien hecha "mitad agonía y mitad esperanza" en el fondo del salón de clases. Recordé lo que se sentía vivir en el mundo de Jane Austen, ser joven, estar medio viva, soñar con cualquier otra cosa que no sean esas pesadillas espantosas que dice la Sra. Doc son resultado del medicamento. "Sueños vívidos". La otra vez me desperté aterrada porque soñé que chocaba contra un VW blanco y un tubo me atravesaba el estómago. 

Vivir, en alguna forma al menos, aunque sea a medias y de broma, cuando compraba ropa con la intención de usarla alguna vez, ropa que no fueran playeras XL o pants para el gimnasio. Se siente horrible, ver otra vez ese cachito del pequeño remolino de vestidos corte imperio y peinados altos con un grueso fleco que daba vuelta alrededor del Sr. Tilney y las probabilidades. 


Ahora sólo debo recuperar la cordura. Todo está igual que ayer y que el día anterior y el día anterior a ese.  Hace años que no me daba un ataque de austenismo así. Creo que desde la última vez que vi al escritor que habitaba las profundidades de la fuente cuando fui a una de las fatales revisiones de la tesis. Pero ya pasó. 

Ahora, regresaré a los libros con finales horrendos, la redacción de textos sobre epidemias donde siempre mueren los más pobres y necesitados y los programas de crímenes donde siempre acaba muerto el marido idiota o la esposa engañada por culpa de algún transexual medio encuerado.

Todo estará bien.

Tal vez he comido demasiado apio pero esta emoción en el estómago por encontrar al paseaperros con cara de scout en drogas es ridícula y debe terminar. Hasta aquí llegó. Ahora, recuperare la compostura y me iré a hacer algo útil como picar papaya, contestar el teléfono, quejarme a Correos de México por el retraso de mi diadema de dragón o actualizar el iPod de mi mamá.

Muere emoción, muere ya.

Recordemos:


 "Night gathers, and now my watch begins. It shall not end until my death...."


2 comentarios:

  1. No debería, No debo hacerlo pero lo haré uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu (me refiero al sonido absurdo que hacen los adolecentes algo asi como un silbidito) no tiene nada de malo, sentir la incertidumbre, la emoción y todo lo que eso trae, no se reprima adelante, vivalo, disfrutelo y que sea lo que Dios diga.

    es bueno sentir esas cosas de vez en cuando :)

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  2. No señor, es una debilidad y como tal debe ser reprimida, claro que en mi defensa diré: ¿quién se le resiste a un barbón pálido, semi-harapiento, que anda paseando perros y es gentil hasta para comprar unas galletas? ¡Dios, no soy de piedra! Claro, la última vez que me me dio una impresión así tenía 19 años (aunque fue en la universidad y el señor en cuestión no tiene perros... sí, hasta eso averigüe, siempre por caminos alternos, no negaré que las placas de su coche fueron revisadas entre otras actividades de espionaje de las que no estoy orgullosa) y no dejé ir el asunto por años pero tampoco hice nada al respecto, la timidez es cabrona, pero ya no estoy en edad para andar ruborizándome porque un señor me sonría. Voy a cumplir 30 años, tengo que portarme como una adulta. Soy una solterona alegre, mis labores son trabajar lo que pueda, cuidar a mis múltiples perros, ver tele, leer novelas que no le aporten nada a mi trabajo, beber y ser feliz. Haré lo posible por evitar al señor pasea perros. Cuando quiera volver a sentir un retortijón en el estómago tomaré un laxante, creo que la sensación será parecida.

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