miércoles, 10 de septiembre de 2014

Y nunca lo sabré

Ayer, a pesar del triste estado en el que me ha dejado esa dieta "saludable" que una nutrióloga como de 15 años me dejó (me cuesta trabajo comer ordenadamente y desayunar es espantoso, ¿qué el café y los cigarros no cuentan? ¡Pues parece que no!) me armé de fuerza de voluntad (y medio ritalin) para ir a trabajar al archivo. Regresé al archivo consentido, el que alguna vez albergó mujeres tan dementes como yo, con la novedad de que lo están remodelando y después de llevarme por un montón de escaleras llegué a lo que parecía una extraña imitación de la sala de consulta anterior. La verdad estaba confundida hasta que salió el señor amable del archivo. Me reconoció, a pesar de que la última vez que me vio todavía usaba lentes. No puedo creer que se acordara de eso, pero es que es un señor muy amable en verdad, y muy tranquilo. Ayer que vi a una joven novata (ja, sí, una de las pocas ventajas de estar a punto de cumplir treinta y llevar un rato en estos menesteres es que puedo llamarlos "novatos" y reir) llegar completamente confundida, recordé con emoción cuando era yo la que necesitaba que me explicaran cómo llenar la hojita y cómo buscar en los catálogos, se sentó como media hora a ayudarla a buscar algo que ni ella sabía bien qué era y al final lo encontraron y el señor amable regresó a su mesa a leer los Mitos griegos de Graves.
Cuando me despedí me contó que habían cambiado los horarios y que me iba a apartar la caja con mis boletines para que estuvieran listos cuando regresara, luego me dijo que cuando le escribiera a mi jefa le mandara muchos saludos, le di las gracias, me dijo "cuídate" y el "que estés bien" de rigor y nos acompañó a todos los idiotas que no teníamos idea de cómo llegamos hasta ahí o cómo salir a la escalera.

Problema: Mientras caminaba hacia la salida en compañía de otra de las usuarias intercambiando algunas de esas cortesías que me da por sacar cuando estoy en una escalera/elevador/fila de espera con extraños recordé que mandar los saludos estará difícil: ¡No sé cómo se llama!

Y lo peor es que entre más tiempo pasa, más vergonzoso sería preguntarle cómo se llama. La primera vez que fui fue cuando empezaba con lo de la beca y supuse que sería cuestión de seis meses, no los volvería a ver y simplemente olvidé sus nombres, pero luego la cosa se extendió, la beca se extendió  dos años y cuando se acabó, me quedé de asistente no oficial que caía de repente a buscar una o otra cosa o llevar invitaciones a congresos o cosas así. Luego me mandaron a la hemeroteca, al archivo malvado de las cartas, al de Tlaloc, pero no había regresado a este en años más que para llevar un par de invitaciones para la presentación de un libro de mi jefa, que por cierto fue la última vez que me invitaron a salir, por supuesto era un médico nefasto con aires de galán conquistador que me cayó en la punta del hígado tan pronto tuvo la genial idea de mandar el primer mensaje cursi a menos de tres horas de conocerme. ¡Los hombres adultos no escriben como adolescentes, aprende a usar las palabras, maldición, y a la próxima que me digas "princesa" te agarro a madrazos! Le di la vuelta cortesmente por cursi, pero supongo que mi sutileza no sirvió de nada porque se ofendió. Ese es el problema de los mamones que se creen galanes de telenovela, son cagantes.  Lo gracioso es que cuando lo conocí pensé: Este es del tipo de la Sra. Weston, a lo mejor se lo puedo enjaretar a ella. Lo que significa que en esa época yo todavía no sabía que la Sra. Weston había terminado con el primer Mr. Weston, y si ya lleva como cuatro años con el segundo y permanente señor Weston., contando el año de compromiso y los meses que llevan casados.. ¿cuánto tiempo pasó ya?
Minimo... ¿cuatro años?

El punto es que después de tantos años, ni modo que llegue y le pregunte al señor amable del archivo: "¿Disculpe, cuál es su nombre?"

Y lo peor es que nunca escribe su nombre en donde dice "atendido por..." Y le busco pero no le agarro. Eso es un garabato señor, necesitamos su nombre.

¿Qué pasó con la costumbre de usar gafetes? ¡Era muy útil! A menos que tuvieran que usarse en situaciones sociales como actividades de integración escolar. Por eso, por eso llegué a esconderme en el baño de mujeres hasta seis horas seguidas. 
Puto colegio, cómo lo odié.

2 comentarios:

  1. Que caray! definitivamente si sería demasido incomodo preguntarle su nombre, tal vez podría inventar un lapso de distracción y preguntarselo a la novata, ya sabe algo por el estilo.

    los gafetes que los Godinez portan muy orgullosamente es un residuo de las epocas escolares, algo asi como un recordatorio de que aún no son lo suficientemente capaces de reconocerse entre ellos y ps ni modo deben de usarlo, o no?

    Olvide las dietas no tienen ningun sentido, yo solo he hecho una en toda mi vida y solo accedi porque Miss Elizabeth Bennet estaba muy entusiasmada con la cuestión. La vida se hizo para disfrutarla (Eclesiastes 3:13)

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  2. ¿De veras se puso a dieta por Elizabeth Bennet? ¿Lo ve? El interés sentimental en otras personas nos someten a trances horrendos. La dieta es fea señor, no me dejan beber cerveza, ni coca de dieta.
    No sé, los gafetes me dan la impresión de ser trampas. Los usan los organizadores malvados de actividades de integración para agarrar a la gente desprevenida. Ese versículo se me hace sospechoso, no recuerdo que haya felicidad en la biblia, me engaña usted! (pero de todos modos lo voy a buscar) Y la disfruto, hoy me compré una corona en el centro. Si eso no es disfrutar la vida no me imagino qué pueda serlo.

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