martes, 7 de octubre de 2014

Los dolores de una madre

No es que quiera presumir, pero... ¡BAJÉ TRES KILOS!

(Happy dance!)

Ahora, si me permiten, debo terminar la remodelación de la casa de Fortunato, tomar vino tinto y empezar con el altar de muertos. ¿Creen que el año pasado fue grande? ¡No tienen idea!
Mientras, los dejo con una reflexión:



¡Eso sí que no lo he hecho jamás! La otra vez vi a una joven de generosas proporciones (que no creo que estuviera gorda, estaba saludable, yo uso la palabra gorda únicamente cuando involucra gente que me ha ofendido o con la que tengo cuentas pendientes. Como la pendeja de mi ex-compañerita de primaria que trabaja con la diputada ratera que es hija de la ex-alcadesa que metió a Saruman a la Comarca. A esa vieja sí le digo "pinche gorda") en microshorts y top, entiéndase con el estómago de fuera y los shorts más cerca de la cintura que de las piernas. Yo sé que en teoría por aquello de los derechos de género una damita tiene derecho a salir en paños menores y que ningún cerdo le ponga ni uno de sus asquerosos dedos encima, pero la realidad es que si eres mujer lo más seguro es pasar desapercibida. Es feo, pero es la verdad. De ahí las playeras gigantescas, con sudaderas gigantescas y encima de todo, pashmina al cuello. Sombrero, de ser posible.
Cubrirse es la experiencia más agradable que existe. Cuando muera, mañana, en diez años o en treinta, qué importa, tendré la satisfacción de que no fui una exhibicionista en vida. Siempre salgo del baño ya bañada y vestida. ¿A qué viene eso? Ah, sí, la ropa.

Ayer me preguntaba la señora nutrióloga cómo sentía la ropa, pero el problema es que por razones de seguridad (subirte al metro con ropa ajustada me hace sentirme incómoda) todo lo que compro es XL, como resultado, no tengo idea de si bajé de peso por la ropa o no. También tengo esta extraña costumbre de comprar vestidos que uno usaría para las llamadas "ocasiones especiales", como un bautizo, ver a mis tías, o... no se me ocurre otra. Si Jane se casara probablemente no me invitaría por ser una idólatra. Creo que de ahí viene la vorágine de la flojera. Si vas del archivo a la Dra. Pillsy de ahí a la Dra. Fat, realmente ¿para qué usar esa blusa bonita de estrellas que no queremos echar a perder? Sin mencionar con que no voy a usar un vestido de tintorería para usarlo sólo dos horas. Mi fodonguez llegó a un punto en que volví a uno de los momentos oscuros de mi vida. Secundaria.  ¡Uso playeras de hombre! Es como si hubiera regresado a primero de secundaria otra vez, sólo que ahora no tengo la excusa de no tener ropa normal por haber vivido años en uniforme y tener que robarme los pantalones de mi hermana, los tenis de mi mamá y la sudadera de mi papá para un día cualquiera en lugar de ir a comprar ropa porque en esa época mi fobia social estaba en pleno esplendor y la idea de ir a un centro comercial lleno de personas me tiraba a las lágrimas y las nauseas.
 Ahora sólo es hueva.  Pero eso sí, a todo le pongo  aretes y collares muy rebuscados, como debe ser. Ya debo parecer un hipster, y eso me asusta. Nota: Mis lentes nuevos fueron una locura y un gasto irresponsable, pero, a ver  ¿quién se merece algo bonito que está recién sacado de la pasarela y apenas sale en las revistas una semana después de que los compraste? Les doy una pista: ¡YO!
Cinco kilos más, nomás cinco y todo habrá vuelto a la normalidad, no a la flacura enfermiza que experimenté durante mi brote psicótico. Dio no, en especial después de que Miss Crawford sacara las fotos del bautizo de su hija y me viera cómo estaba... me di miedo. 

Mientras pueda usar un vestido de corte poco favorecedor sin sentirme como matrona italiana con todo y cuchara de madera, soy feliz. La que sí que tiene problemas es la Sra Weston. Su vestido de novia era talla 4, pero ella dice que es una vaca y hasta dejó de usar bikini por eso (en lo personal prefiero los trajes de baño retro de terciopelo azul), sin mencionar que le paga a un entrenador personal para que le quite las lonjas. ¿Cuáles?

Cuando me vuelva tan loca, deténganme. Una cachetada guajolotera funcionará.
Mientras tanto, bailemos. ¡Bajé tres kilos!

No sé si fue el haber ido al centro tan seguido a trabajar de verdad, sacar a pasear a mis chamacos o el estar pegada como idiota a Game of Thrones Ascent en FB.
Mi hija ficticia escapó y mandé por ella "a como diera lugar". ¡Yo esperaba que los inútiles de mis espadas juramentadas me la regresaran de las greñas, no sin mano! 

Ay, qué difícil es ser una madre ficticia en un juego de computadora.
Mi pobre Jeyne.

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