viernes, 31 de octubre de 2014

Mi barco

No sé qué pasa conmigo, podría ser la crisis de los casi 30... pero he estado muy rara. Es como si de un momento a otro tuviera grandes planes, como los de siempre, disfrazarme y salir a repartir dulces a los niños que suben del pueblito de San Juan, a pensar ¿para qué? Es mitad tristeza y mitad cansancio. Ayer vinieron a cenar Mrs. Weston y Jane... por alguna razón no quise contarles nada, nada sobre nada, me enfoqué en el libro de la Dra. Pills a la que he estado ayudando varios días (soy una mecanógrafa muy eficiente, debo admitir), pero omití el asunto del premio que me está matando de ansiedad. No quería hablar con ellas de eso, sólo se lo he contado a Miss Crawford y a ustedes, ah, y a mi familia. Por eso, hoy que fui a comprar mis medicinas, se me ocurrió que necesito tomar aire, hablar con gente, en lugar de esconderme a ver Los Simpson, aunque sea una sola vez. Desde hace un par de semanas, de repente, he estado platicando con el señor que solía ser mejor amigo de Fanny cuando yo también era su amiga. No sé si los dos quedamos huerfanitos cuando Fanny se fue, pero de repente propuso vernos y hoy en la mañana pensé "el lunes voy hasta allá con la Dra. dieta, es buena idea". Tal vez coma pizza otra vez después de meses de verduras, queso y tofu. Extraño la comida con grasa. Ayer comí sushi, pero debo admitir que no lo disfruté. Estaba cansada, había estado comprando dulces desde las ocho de la mañana y veía a Mrs. Weston y a Jane como a un par de extrañas. ¿Qué hay conmigo y el halloween frustrado? Creo que tiene que ver con que en mi época de infancia mi madre no era muy afecta a hacer cosas festivas.
 El que recuerdo con más cariño es cuando Miss Crawford y yo fuimos a pedir dulces por mi calle. Ella iba vestida de calabaza y yo era Morticia, en esa época podíamos ir solas por la calle, no como ahora. Cuando llegamos a la esquina una casa apagó las luces en cuanto tocamos y cuando reclamé a gritos que salieran con dulces o nos dieran un cheque sacaron dos perrotes negros que nos persiguieron hasta la calle de abajo. Ahí, nos compensaron el susto unos jamaiquinos amables que tenían butterfinger... ¿Qué tan gloriosos son esos chocolates? No los he visto desde hace un tiempo.

No sé si tendré la energía de vestirme y salir a repartir las miles de bolsitas que he estado armando para niños imaginarios que en cuestión de dos o tres años bien podrían haber dejado de existir, pero debo intentarlo. Ya sólo me queda un cachito de alma, pero debo salvarla a como de lugar. 

Me pondré el vestido medieval de terciopelo rojo y la corona de Cersei y saldré a buscar a esos niños. Lo haré, o al menos me quedaré sufriendo de depresión de regadera en el intento. El domingo iré a ver teatro musical con mi hermana y la Sra. Smith, el lunes comeré pizza con el señor filósofo y luego, cuando esté un poco más entrenada en el asunto social volveré a hacer dieta para entrar en el vestido que ya compré para ese premio al que si pudiera no iría. Es que ya no quiero ir, quiero meterme bajo las cobijas y huir por siempre al mundo de la tele.Esperar por Vientos de invierno, o ver la serie una y otra vez sólo para deleitarme con los los momentos de Gendry y Arya.

Sí, I'm a shipper.

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