sábado, 1 de noviembre de 2014

Hasta la basura se separa

Ayer salí a repartir dulces con un fabuloso peinado digno de Desembarco del rey (Nota: la señora de los tutoriales en youtube es lo máximo) y la corona de Cersei que por fin pude ponerme cuando comprendí que efectivamente funciona mejor con la cadena con la que venía, en lugar de andar dándole al traste pegándola sobre una base/diadema más sólida. Cuando terminé de armar mi gigantesco peinado me vestí, me puse los tenis, me cargué de dulces y me fui a la caseta a dejar las bolsitas para los niños de los policías. De regreso, fui atacada por niños que al igual que yo se rebelaron contra la disposición de la Asociación de Colonos, que estúpidamente decidieron que lo mejor para los niños era recorrer una sola calle seleccionada y que los habitantes de las otras calles depositaran sus dulces en la Asociación para que ellos los repartieran de forma ordenada y segura, arrebatándonos la gloria de ver a un piratita diminuto extender su calaverita vacía con timidez mientras su mamá le dice "di gracias". 
Todavía después de arrastrar niños hasta mi casa como flautista de Hamelin (pero no me los robé, sólo les di dulces), me subí al coche y fui a mi antigua callé, a la casa donde viví hasta hace un par de años. Qué depresión, no conozco al tipo que la rentó ni me interesa conocerlo, pero me dolió hasta el alma ver como dejó pelona la entrada, sin plantas, y lo oscuro y vacío que se veía todo... triste, pues. Eso fue hasta que ubiqué a un grupo de niños a los que no les dieron nada en la casa donde tocaron, porque cuando llegaron a mí traían bolsitas casi vacías. ¡Había unos niños tan pequeños! Me da mucha emoción ver cómo las mamás que suben de San Juan se esfuerzan por disfrazarlos y con un poco de imaginación los convierten en momias, zombies, fantasmas y todo lo que se les ocurre. Esas son madres que hacen lo posible por alegrar la infancia de sus hijos sin importar que los fondos anden escasos o tengan poco tiempo para hacerlo, no como otras que teniendo dinero y tiempo simplemente dejan que los demás se encarguen de sus hijos porque les vale madres... (estimada prima Paula la nazi, te estoy hablando a ti).
 Y los niños pequeñitos extienden su bolsa y se me quedan viendo aterrados (¿Sería el peinado?) mientras, les reparto bolsitas coquetas que afortunadamente este año sí tenían dulces buenos. Los ojos pelados y la mamá que lo empuja hacia adelante y le insiste "di gracias", mientras el niño sigue en silencio y se da la vuelta para revisar su botín. ¡Es glorioso! 
No como un grupito de niñas idiotas que me topé en el camino a la caseta que salieron con esos disfraces de "sluty Alicia en el país de las maravillas", "Sexy Belle" y demás porquerías que conllevan el que unas escuinclas de once años ya usen vestidos de faldas minúsculas con tutus para hacerlos esponjosos y más cortos. ¡Es ridículo! Me dan ganas de gritarles: ¡Hey, tú, María Antonieta jamás te habría dirigido la palabra con ese disfraz de golfa que traes! A esas no les di nada.

Pero regresando a cuánto odio a mis vecinos y a la forma idiota que tienen para destruir los momentos más bellos de la infancia de los hijos que no se merecen, les contaré algo que noté mientras repartía el botín de bolsas rellenas de chocolates, paletas, pelones y demás cosas gloriosas que me hubiera gustado comerme pero que llegaron a su destino por obra y gracia de mi fuerza de voluntad. Al parecer, las señoras ya no se dan a la tarea de ir a comprar dulces a granel y armar bolsitas para que todos los niños reciban una dosis equitativa y balanceada. No es tan difícil. ¿Qué les pasa? Por cada dosis de chile, se agregan sólidos como paletas y después se contrarresta el efecto con algo plenamente azucarado como chocolate, ya sea en barra o en M&M's, mazapanes o bombones. No hay nada peor que ser un niño pidiendo dulces y que te salgan con que "tienen galletas de animalitos o pasas, el dulce de la naturaleza", en el peor de los casos les toca una mandarina o una pinche manzana. Niños, si les dan una manzana, recuerden: ¡Corran!

Pero mis vecinas ya ni eso hacen. ¿Saben que hizo la señora de una de las casas de la esquina? Dejó a la señora que asumo que trabaja en su casa (porque si fuera sólo una visitante o amiga no creo que se aguantara semejantes mamadas) en la entrada con una microcesta llena de paletas. Llegaba un niño y le daba una paleta, y luego regresaba a su guardia. Sin silla ni nada, sólo parada en la puerta, esperando, lo que se me hizo una porquería considerando que la señora ya se veía grande y estaba pegando un viento helado espantoso. ¡Qué poca madre! Y en el colmo de los colmos, como si esto no estuviera suficientemente halloweenesco (que no me opongo, ta' bien, que vivan el 31 de una forma y pongan su altar los días siguientes de otra, yo reparto tres días seguidos, no hay por qué ponerse mamón con los pobres niños) una señora de plano abrió una puerta, sacó una mesa y puso cupcakes. Uno por niños... ¿y la emoción de recolectar suficientes dulces para morir de un coma diabético? Tirarse sobre la multitud de dulces que más que una promesa de caries representan el éxito de la caza y la conquista, del trabajo y la recompensa... ¿Qué putas pasa con estas señoras?
Maten la infancia de sus hijos, es su problema, luego cuando se conviertan en Willy Wonka  no anden llorando porque "no saben qué hicieron mal". Aunque si mi hijo se convirtiera en Willy Wonka yo sería muy feliz. Malo que se convirtiera en uno de esos adolescentes idiotas que usan skinny jean y se levantan el pelo con cantidades ridículas de spray mientras hacen comentarios misóginos, insultantes y/o pedestres sobre las "chicas" de su vida. Ahí sí, mátenme. 

Ah, pero no tengo hijos, por un momento lo olvidé.

Pero mis ex-compañeritas del colegio sí y hace rato veía fotos de sus fiestas. Una estaba vestida idéntica a su hija, las dos con el vestido de Merida en Valiente. Recuerdo que pensé "Ay, qué ridícula", hasta que recordé que yo andaba ayer por la calle con un vestido medieval de terciopelo rojo con mangas gigantescas, un peinado alto al estilo de Desembarco del Rey (la moda de las damas sureñas) y mi collar de la casa Baratheon, porque aceptémoslo "Nuestra es la furia" tiene que ser el mejor lema del Poniente... pero no es lo mismo. 

Razones por las que no es lo mismo:

1.- Esa vieja era una golfa y una vez nos peleamos porque hizo a Jane y a Mrs. Weston llevarla a que se fajara al cadenero de un antro por Mundo Ñe y en lugar de ofrecerse a pagar la gasolina luego tuvo el descaro de intentar cobrarles las hamburguesas. ¡Ella era la que quería andar de golfa! Y cuando me metí porque Jane no sabía qué hacer, me salió con "estoy hablando con Viri". Ah, lo que es ser golfa y pendeja al mismo tiempo. Claro, estamos hablando de la mujer que orgullosamente dijo "emancipar me suena a mazapán". Me pregunto si su marido sabrá que era una hetaira desaforada en el colegio, sin mencionar que usaba una corbata de perlas y "fuck me boots" para ir de gala. Digo, eran los primeros años del 2000, todos cometimos crímenes de la moda pero los suyos no tenían madre. 

2.- El deber de una madre es ser el complemento de su pequeño. El protagonista de la noche es el niño. Entonces, si él es Han Solo, la madre se pone la pinche botarga de Chewbacca y se jode, así funciona. Si quiere ser Batman, la madre será Alfred, lo mismo si tiene una niña que quiere ser princesa, la madre se pone un velo, una túnica de nodriza y la llama "Su majestad" hasta que den las doce, se abran las puertas entre los mundos y haya cosas más graves de qué preocuparse. ¡No se visten igual!
3.- Yo soy padrísima, ella no.
Y con la última afirmación me voy a ver los especiales de los Simpson más tranquila. Además, si hay gente que se casa con coronas de elfos a los cuarenta y tantos años, quiero ver que me impidan peinarme al estilo de Juego de Tronos, aunque el vestuario deje tanto que desear, al menos en cuanto las hombreras de Ellaria Sand y el que parece que le pondrán a las serpientes de arena. Daenerys se desgració, en cuanto a vestuario se refiere, al iniciar la tercera temporada y ahora que lo pienso básicamente el vestuario de Cersei es el único que apruebo y admiro con desesperación. También me hace feliz la guardia de la noche, las capas doradas, Oberyn estuvo bien, los dothrakis, el vestido de novia de Roslyn y las armaduras son fabulosas. No hay queja ahí, pero nunca les perdonaré que tergiversaran el vestido de novia de Sansa. En el libro lo dice, debía ser blanco o marfil, bordado con perlas y mangas anchas y largas que caían casi hasta el suelo. El bordado de la faja que le pusieron es una cosa gloriosa, nadie piensa lo contrario, pero el estilo japonés que le dieron al vestido, sin mencionar la estructura de la falda y el que escogieran brocado dorado y rosa no me hizo feliz. ¡ESTÁ EN EL LIBRO! ¡LEAN LOS LIBROS!¡MALDITA SEA, AHÍ ESTÁ TODO, NO TIENEN QUE PENSAR!
Y entonces recordé cuando uno hacía algo diferente a lo que te habían pedido de tarea en la escuela y cuando te cuestionaban empezabas con el clásico "es que pensé..." hasta que la maestra o monja, dependiendo del grupo, te paraba en seco y te recordaba que nadie te había pedido que pensaras.

Ah, si tan sólo hubiera sido una reina de verdad en esa época, la cabeza de Miss Paty hubiera terminado en una pica justo a un lado de la madre Esther. 

O quién sabe. Tal vez habría reinado con magnanimidad... no es cierto, ya desde primaria tenía bellas fantasías donde reinaba sobre Egipto como gran esposa real y mi amado y divino esposo me dejaba arrojar a mis compañeritas al Nilo para que las destazaran los cocodrilos. Ah, sí, ahí se iba el brazo de una y la pierna de otra. 
Qué felices éramos el Faraón, los pequeños príncipes y yo, navegando en una barca dorada rumbo al Delta del Nilo, el sol a punto de desaparecer para comenzar su camino nocturno por el inframundo y la risa de mi amada familia mientras yo veía morir de formas espantosas a mis enemigos, básicamente el grupo de idiotas que se burlaban de mí por mis dibujos de "los marcianos, esos" (egipcios, eran egipcios), por no tener amigos y por mis libros, y el profesor de deportes por no creer mis excusas para no hacer ejercicio. 
Creo que a eso le llaman "ideación homicida".

Como diría Morticia "estaba en esa edad en la que las niñas tienen una sola cosa en la cabeza".

—¿Boys?
—Homicide.



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