jueves, 4 de diciembre de 2014

Baby dragons

Por lo general me da toda la flojera humanamente posible el cortarme el pelo y/o ir al salón de belleza. La idea de tener que hablar con desconocidos, sentarme a la merced de quien sea que me va a estar cepillando, jalando y juzgando silenciosamente me estresa. Pero por más que ame el largo de mi cabello medieval, el lunes llegué a uno de esos límites extraños en los que me resigné, me subí al coche y pensé "necesito encontrar un salón de belleza, el que sea y al azar, en la próxima media hora". Recordé que Mrs. Weston me había dicho de un salón que no me acuerdo qué ofrecía en la plaza cerca de su casa y pensé "oh, bueno, está cerca".
No sé si sería el mismo salón, la verdad es que me metí al primero que encontré que se veía medianamente decente y cuyos trabajadores tenían una cabellera respetable.  Si su cabello se ve decente, deben tener idea de qué hacen.
Al final me senté a que me despuntaran el cabello con una señora de lo más divertida que me contaba cómo le había pintado el cabello de todos colores a sus hijas adolescentes. Una señora de lo amable que además me dejó el cabello con más forma sin cortarlo demasiado. La cabellera medieval sigue ahí.
Todo bien, claro... y sin embargo, sigo soñando con que algún día, cuando me siente en algún salón a que me corten el pelo, me atenderán así:




La verdad me había resistido a compartir lo divertido que es el recap de Juego de Tronos en Funny or die porque me preguntaba si no era ligeramente homofóbico y reprobable la explotación del estereotipo de hombre gay... pero entonces vi que apareció Brad Goreski y dije "si él lo aprueba, entonces no hay nada de malo". Lo que nos lleva a: ¿por qué no puedo tener un estilista fabuloso que me hable de Juego de Tronos mientras me corta el pelo?

¿Por qué?
Les diré por qué. Porque la vida es cruel e injusta. Él me entendería, hablaríamos de los capítulos que pasaron, de las réplicas disponibles en Etsy, joyería, cómo aplicar los principios del vestuario al atuendo diario sin parecer tan extravagantemente disfrazado y al final imitaría a Daenerys, yo citaría a Tyrion, me quejaría de los errores de adaptación y él me callaría con el dedo índica moviéndose de un lado a otro mientras me dice como sólo los hombres gays saben: "Oh, no bitch, no spoilers".

¡Sería tan maravilloso!

Pero no, ni modo, tendré que tener esas conversaciones en mi gente. Hay muchos hombres gays, pero ninguno quiere ser amigo de Juego de Tronos. ¿Es porque soy desaliñada, verdad? Prometo que me arreglaré un poco más si encuentro un estilista gay (muy importante, no quiero sufrir acoso) que quiera ser mi amigo de Juego de Tronos, sin mencionar que mi cabello se vería fabuloso todo el tiempo.

Sí, todo el tiempo.

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