martes, 30 de diciembre de 2014

En caso de que necesite un riñón

Hace unos días, cuando mi padre y yo intentábamos ejercitarnos en el gimnasio (yo veía los Simpson y él revisaba su teléfono), de la nada, recibió un mensaje de texto del que parece es su hermano o primo, o vaya usted a saber. Sí, resulta que 60 años después de haber abandonado a mi abuela y a mi papá, este señor decidió viajar a la ciudad e hizo que alguno de su parentela le escribiera para informárselo. La única expresión que se me ocurre es: "Qué huevos". Le dijo que lamentaba la muerte de su padre, (no el de él, sino el del primo, que haría al difunto su tío, que para lo que sirvió fue de poco o nada, ya me perdí) pero que estaba de vacaciones y no estaba disponible. Le dije "te van a volver a buscar" y  lo hicieron, esta vez con un mensaje más largo que el anterior.
¿Por qué ahora? De repente, le salen con un mensaje diciéndole que se murió su tío, que su papá está en la ciudad con su hijo menor ("tu hermano" no sé qué) y detalles de todos los tíos, tías, primos, primas y respectivos descendientes que pudieron concebir.
¿Qué quieren? Muy sencillo: dinero.

¿Qué hay con la gente? Este señor ya lo había intentado ver hace como treinta y tantos años, cuando apenas empezó a irle bien en la vida y mi papá lo mandó a la chingada, como debe ser. Ahora, salen con que se está muriendo y lo quiere ver. Yo sospecho que esperan que pague el entierro o algo así. La verdad espero que se esté muriendo, no me gusta saber que tengo parientes perdidos por ahí perdidos. Por otro lado, me sorprende el cinismo de esa gente. Literalmente, mi abuela tuvo que trabajar como dependienta en una forrajería e inyectando ancianos en un country club para mantener a mi papá mientras escondía que era madre de un niño porque su jefe, el yo supongo ya difunto "Sr. Guerrero" la acosaba con cierto entusiasmo, y eso de ser madre soltera en los cincuentas no era cualquier cosa. Mi papá empezó a trabajar a los siete años y aunque primero se quedaban en la pequeña y humilde vivienda de la bisabuela Dolores (a la que sí reconozco como familia y me enorgullece imaginar a causa de sus coloridas frases y drásticas historias, como aquella en que le robaron, agarró un cuchillo y se fue a perseguir al ladrón hasta que le regresó sus cosas), después vivieron con la hermana de mi abuela, la famosa tía que a mí me asustaba de niña porque tenía un ojo chueco que parecía siempre estar viendo hacia abajo, y su esposo, el padrino que siempre olía a Ron y no dejaba de contarme la historia de cómo perdió la uña del dedo pulgar en un accidente de la llantera donde trabajaba hasta que gracias a Dios, y a que mi madre los odia a muerte, los dejé de ver a todos, mi abuela incluida, a los diez años. Yo sé que suena terrible, pero en defensa de mi madre, les diré que la odiaron desde el primer momento en que la vieron e hicieron todo lo posible para que no se casara con mi papá y les robara la gallina de los huevos de oro. Y no conformes con fastidiarla cuando eran novios, se pusieron violentas cuando se casaron y entre las múltiples ofensas que mi madre me repite cada que mi abuela la hace enfurecer están aquellas veces que evitaron que tanto ella como mi hermana de menos de dos años entraran a la habitación del hospital cuando mi papá tuvo un accidente automovilístico que casi lo mata pero afortunadamente sólo le dejó una pierna biónica que más que nada es molesta a la hora de pasar por la seguridad de los aeropuertos pero no hace gran año. ¡Son mujeres terribles!

Así es, admito que no me agradan particularmente, aunque para ser justos la familia de mi madre tampoco me agrada, pero los tolero. Otro problema que tengo con las primas y los tíos con los que vivió mi padre en su infancia, es que siempre han estado acostumbradísimos a que mi papá les resuelva todos, y para eso el que se casara y tuviera hijos les estorbaba. demás, Es bastante molesto ser la últimas en la lista de prioridades de mi propio padre cuando mi madre es la primera y única esposa legítima y mi hermana y yo sus únicas hijas (espero, aunque por aquello de las cochinas dudas ya verificamos que los dos hicieran testamento)
Estas mujeres siempre necesitan algo, trabajo para los maridos, hijos, novios, etc., que sea padrino de todo engendro que dan a luz, que pague los quince años de una pendeja que mi abuela siempre quiso mil veces más que a mí, y básicamente que intervenga en todos sus asuntos como si fuera su padre. Que el marido de una la golpeaba, ahí salía corriendo mi papá a meterlo a la cárcel, que el novio de otra la quiere estafar, ahí salía corriendo a la primera llamada de "arréglalo con Beto". 
Mientras, ahí estaba yo, solita, esperando en la sala de mi casa pensando que mientras mis papás estuvieran separados y sólo lo pudiera ver una vez a la semana, no me iba a dejar plantada, ¡Ah, pero cómo se sorprende uno de niño! Pero suficiente de mis traumas.

La verdad, desprecio a esas brujas. A las hermanas de mi mamá las veo con rencor y odio, pero a las primas de mi papá las detesto con cierto dejo de repugnancia.  Es que me asustan. Imagínense que cuando estaba en el hospital una vez en que operaron a mi papá, fui a la cafetería a comer algo cuando se apareció una de sus primas. De repente, sólo vi un personaje que se acercó a mi mesa y la verdad es que me asustó porque creí que era un hombre vestido de mujer. Que no tengo nada en contra del travestismo, aparte de que la mitad de la zona rosa se ve mejor en minifalda que yo, pero esta cosa que me hablaba como si me conociera era aterradora. Hacia tantos años que no la veía que al principio me quedé consternada preguntándome "¿quien o qué es esto?" ¡Es que parecía hombre! Hasta la fecha me refiero a ella como "el trasvesti", pero admito que es su prima, me guste o no, y como sea, cuando él y mi abuela no tenían dónde vivir les dieron techo. Aunque no fue tan desinteresado. Como se imaginarán, como niño que no tuvo casa propia, mi padre consideraba su obligación mudar a su madre del lugar tan feo donde vivía todavía con su hermana, "sacarla de ahí", como él dice, y comprarle una casa a unos quince minutos de la casa donde  mi hermana y yo nacimos y crecimos. Lo que, por cierto,  resultó en un feo episodio. Parece que mi madre descubrió la compra de la casa justo antes de irnos de viaje y decidió que el mejor momento para mentarle la madre y decirle que era un "pendejo" por "dejarse estafar por su maldita madre" fue enfrente de todo el avión al principio de un vuelo de once horas.
Yay, infancia.
Pero lo entiendo, de hecho me parece loable el que mi papá le comprara una casa a mi abuela para ella solita, en especial porque eso me dio la oportunidad de esconderme ahí en algunas ocasiones de la adolescencia en que por alguna razón debía huir brevemente de mi casa, o depositar a Sibila, la perra que encontramos en el estacionamiento de Superama, para lo que yo supuse sería una corta estancia hasta que mi abuela se fue encariñando con ella y ahora son dos viejitas que no oyen y no tienen dientes pero de alguna forma se comunican. Esa casa, precisamente, es lo que una de las primas que se la vivía ahí metida con su chamaco esperaba heredar, o al menos eso es lo que especulamos mi padre y yo, ya que las primas que tanto amaban a mi abuela y se la vivían con ella la dejaron de ver súbitamente tan pronto averiguaron que no está a nombre de mi abuela, sino de mi papá. ¡Ja!
Hey, si mi papá se las arregló solito para salir adelante no veo por qué tenga que seguir pagándoles el que le dieran asilo de chiquito. Ya le han sacado bastante en la vida, y miren que lo dice alguien de treinta años que no pudo conseguir un trabajo sola y actualmente se dedica a hacerse manicure y gastar por internet con la extensión de su tarjeta. ¡Pero yo soy su hija!

Mientras todos estos eventos sucedían, el otro cabrón formaba una familia y no pensaba en lo absoluto en mi papá, si tendría dónde dormir o qué comer, ropa para ir a la escuela, o si la estaba pasando muy mal. De su traumática infancia le queda la fobia al agua fría (bajo ninguna, ninguna circunstancia se debe apagar el boiler, nunca, nunca en verdad, su ira no tiene comparación) y las ratas, así como su extraña afición a los jardines.
En fin, el niño creció, fue a la escuela, se volvió revolucionario, le dispararon en el 71, no le pasó gran cosa, terminó la carrera de economía, intentó aplicar a un banco pero por su pasado revoltoso lo mandaron al diablo, cambió de rumbo, decidió que la única forma efectiva de cambiar el Estado era desde adentro, entró a trabajar, conoció a una güera tímida y buena ondona, se casó con ella, tuvieron hijitas y prosperaron.

¡Y de repente aparece el otro cabrón de la nada con su parentela!

Él dice que planea mandarlos a la chingada de nuevo, pero yo temo que de alguna forma logren alcanzarnos (sí, porque todo es sobre mí), pero él parece inmutable y a mi advertencia de que eran perfectamente capaces de ir a buscarlo a su oficina, sólo miró al vacío y dijo "que vayan, no los dejan subir".
No sé si reprime sus emociones, como le dije, o si en verdad le vale madres, como dice él. "Es que, no lo conozco, para mí no significa nada, si lo veo sería como ver a cualquier señor en la calle". Y sin embargo, no lo planea ver, lo que me da un gusto enorme. A lo mejor soy una perra, pero yo no creo en el perdón y como sé que lo que quieren es dinero, creo que lo mejor que puedo hacer es seguir el ejemplo del principal interesado, apoyarlo y fingir que esas personas no existen. Será muy fácil, más que nada porque nunca he tenido un abuelo, ni creo que pudiera tenerlo a estas alturas. Esa es la razón por la que no me explico que estas personas esperen algo de mi papá. Nunca tuvo un papá, no sabe qué es eso ni lo necesita. ¿Qué esperaban, que saliera a buscarlo, lo abrazara y le dijera "al fin te conozco papá" y lloraran todos de felicidad?

¡No mamen!

Aunque es ligeramente reconfortante saber que si necesito un órgano hay una rica fuente de presuntos donadores que no sabrán qué les pasó cuando despierten en una tina llena de hielo y una nota en el espejo. 

¡Para eso es la familia!

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