jueves, 11 de diciembre de 2014

Por aquello de la autopromoción

Otra vez, por accidente, caí en las fotos de una de mis ex-compañeritas de primaria. Sí, adivinó usted, otra está embarazada. Ya metida en el chisme me aventé todas las fotos anteriores a la gran panza de y al parecer está embarazada de gemelos.

...


(GRITO INTERNO)

Ya, está bien. O al menos eso le digo a la gente. Verán, el admitir frente a gente horrenda que "sí, el sueño de mi vida era casarme y tener hijitos pero ahora que llegué a la edad de ser una solterona respetable he decidido dejar de intentarlo y fracasar, para apegarme con toda dignidad al papel que me reservó la vida y las películas mexicanas que vi en la infancia. Gracias por su interés" lleva al "¿por qué no lo tienes sola? no tienes que casarte", a lo que tendría que explicar esta necesidad patológica de hacer las cosas de acuerdo al reglamento que no puedo sacar de mi cabeza. No se puede circular sin placas, igual que nunca salgo ni a la tienda sin mi licencia, desde que no sé bien qué día no circulo no salgo los sábados a la calle... y por supuesto, el hecho de saltarme pasos en la evolución natural y deseable del ser humano es imposible, sencillamente imposible, La sensación de ser observada y juzgada constantemente me impediría moverme. Es que a veces no puedo moverme, como cuando me quedo atorada en el tráfico y en lugar de dar la vuelta y bajarme en algún café desconocido para estirar las piernas y esperar a que pase lo peor me quedó en mi asiento, pisando levemente el acelerador y el freno alternativamente. ¡Que se me duerma la pierna! Conforme pasa el tiempo me resulta cada vez más difícil hacer cosas espontáneamente. El miércoles es día de psiquiatra, el lunes y viernes son días de ir por Flor, lo que me da un margen de entre las once de la mañana y las dos de la tarde, máximo cuatro para hacer otra cosa. 
Trabajo no más y nos menos de cuatro horas seguidas, ya sea que vaya al archivo o lo haga en mi casa, eso cuando tengo trabajo, y si no lo tengo la sensación de que existen cosas rotas o descompuestas a mi alrededor me hacen pasar la noche en vela esperando a que den las nueve de la mañana para que pueda ponerme a taladrar o colgar cuadros sin fastidiar a los vecinos.

Las imperfecciones ocultas me enferman. Si se va a tener un defecto más vale que sea obvio y descarado. ¡Sácalo, sácalo! Que se vea que está ahí.

De otra forma, es como no saber al abrir el refri si la leche (de almendras) está echada a perder.

Otra cosa que me cuesta un trabajo impresionante es la interacción social. Hacerme manicure requiere un esfuerzo ultrahumano. Estar ahí sentada frente a una extraña que te habla o pretende que le hables. ¿Contestar mensajes? ¡Sálvame, Cristo! 

¿Espontaneidad? ¿Ser como mis ex-compañeritas de primaria que de un día al otro inesperadamente cambian de carrera, de ciudad, de novio/esposo/movida y de la nada salen embarzadas? ¡Así no funciona el mundo! 

Ay, no puedo soportar tal irrupción en la fuerza.

Por eso, al famoso "¿por qué no lo tienes sola?" respondo con todos los buenos argumentos que efectivamente existen en contra de la reproducción humana. Básicamente soy una desempleada económicamente dependiente de mis padres jamás les enjaretaría la responsabilidad de costearme el embarazo.
[Favor de insertar pedrada para todas las que se embarazaron para casar a un pendejo y sin embargo siguen viviendo de sus madres. Paula la Nazi, te estoy viendo a ti.]
Si tener hijos con un buen padre presente, medianamente ausente o mal marido/buen padre, mal marido/pésimo padre ausente o no, es difícil (lo he visto en mis amigas, el amor verdadero dura tres meses), aventárselo solita y a lo pendejo como el borras es la cosa más irresponsable que existe.

El costo del ginecólogo,los estudios, el hospital, la recuperación, el mobiliario, los pañales, la comida, las vacunas, la escuela, el pediatra, las actividades curriculares y claro, si vas a mandar a un niño a una escuela (que ya todas salen en un ojo de la cara) ni modo que lo mandes envuelto en un saco de papás, va a necesitar uniforme, en el mejor de los casos, y en el peor, cualquier porquería que todos sus compañeritos traigan puesta y que él necesite con fervor. Las cuotas, los viajes escolares, el cambio de tenis cada tres meses, las fiestas de cumpleaños, halloween, navidad... ¡puta madre, de dónde voy a pagar eso! 
Por otro lado, y en caso de que se superen los inconvenientes económicos, se trata de traer a una persona a un mundo espantoso. Asumiendo que por milagro naciera sano, con todas su facultades, piernitas y deditos en su lugar. ¿Qué le voy a decir cuando me pregunté por qué sus amiguitos se burlan de él en la escuela, o qué hace ese perrito tirado en el periférico, va a revivir? ¿y si me lo aventara de cualquier padre extraño con ayuda de Johnnie Walker y visualización creativa protagonizada por Teddy Sears, qué le invento cuando me pregunte por su papá? ¡Vamos educando asesinos seriales, por qué no, o peor... porristas! Me sale una niña pendeja y me suicido. 

Todas esas son excelentes razones para no tener el menor interés en el matrimonio y la crianza.

¿Qué clase de persona irresponsable haría algo así?

Y sin embargo, cada vez que veo las fotos de mis ex-compañeritas y sus bebés, o la de mi prima y sus bebés, pienso: Chale, pues qué hice mal. Intenté hacer las cosas bien porque de chiquita me lavaron el cerebro haciéndome creer que Dios recompensa los sufrimientos y todo lo que pasa forma parte de un plan perfecto. ¡Esa bola de putas hipócritas y malvadas tienen bebés y yo me voy a morir con el útero seco, no es justo!

Afortunadamente, al final de cada sentimiento existe una pastillita de quetiapina para matarlo. En media hora iré a ver Los Simpson, después dormiré, mañana me ocuparé de diversos asuntos decorativos, y con suerte inventaré algo qué regalarle a mi hermana o me regocijare en mis coquetísimos tenis pintados a mano.

Después vendrá el estreno de "Vikingos" y con suerte, saldrá "Los Vientos de Invierno". La vida tendrá sentido y seré feliz otra vez, al menos hasta que algo horrible pase en el libro. Entonces chillaré a lágrima suelta, pero entonces será por una buena razón. ¡Y lo voy a disfrutar!

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