lunes, 12 de enero de 2015

Amachinar

Bien, ya es enero, debo hablarle a esas personas que necesito que me den trabajo. Me aterra, por supuesto, pero tengo un plan. Me bañaré, iré por Flor, iré a correr, y una vez que me duela el cuerpo y esté en algún lugar seguro, tomaré mi teléfono y hablaré. Tal vez compre el libro que me dijeron que debía leer pero que abandoné completamente para dedicarme a cuentos de Lovecraft y una novela misteriosa del señor que escribió el Gollem, aunque todavía no comprendo qué rayos pasa en ella. ¿Qué pasa con El Ángel de la ventana de Occidente, es una especie de ilusión producida por Kelley, el señor sin orejas? Y el señor Dee, su joven esposa Jane, la princesa, los rusos y la forma en que se repiten en una y otra vida. Estoy confundida... oh, y debía leer sobre leyes municipales. ¡Rayos!
¿Me imagino trabajando ahí? No, por supuesto que no, pero son instrucciones de mi papá. Al parecer, esperó esos años en los que creí que me abandonaba a mi suerte precisamente porque esperaba que terminaran de construir el centro de estudios que está cerca de mi casa y que convenientemente es de la Facultad donde tiene amigos.No quiere que me maltraten, acosen, exploten, etc. Se lo agradezco, de veras que sí, pero al mismo tiempo me pregunto: ¿y yo que putas tengo que hacer ahí? Supongo que aprenderé. ¿Se algo de administración municipal? ¡No! No debería preocuparme. Me veo relativamente joven, aunque ya dí el viejazo y tengo cara de vieja ñoña, hacerme daño sería como pisar un gatito.  Sé que no estaré sola, él tiene amigos, mi madre tiene todavía más cuates por ahí, claro que mi mamá puede hacer amigos en cualquier lugar. De hecho, creo que la señora de asuntos culturales que la inscribe a sus clases la otra vez le dijo "Creo que vi a tu hija..." ¡Qué terror! Eso no es bueno. Recuerdo mis días del archivo. Qué feliz era. Ay, mi madre, es demasiado popular pa' mí.  Hace más o menos una semana la mandamos a París solita, sí, mi madre viajando sola por primera vez (todos estábamos aterrados), pero a las dos horas de llegar al hotel ya se había hecho amiga de Stefano, el del bar, que está casado con una mexicana y resulta que su suegra vive precisamente en Naucalpan. En cuestión de unos días ya había ido hasta Londres solita, aunque odió a los ingleses y decidió que Italia es infinitamente más bonita que el resto de las antiguas tierras. Lo último que nos contó es que se fue a buscar la manifestación en protesta por los ataques terroristas y que la catearon "unos policías muy guapos", por eso no se quejó. Bueno, independientemente de lo que me digan al rato o lo que pasé después, tendré un recuerdito coqueto cuando regrese.

Caminar por ese campus será extraño. Demasiados recuerdos, demasiada gente. "Vi a tu hija". La idea me aterra. Bueno, tomarme descansos para fumar en el trabajo quedaría descartado, seguiré escondida, como hasta ahora, pero es algo que se tiene que hacer.
Chale, yo no quería ser la recomendada, así de feo, pero Dios sabe que lo intenté y no logré nada más que bateos y terminar  conectada al detector de mentiras confesando hasta lo que no he hecho.Busqué, hable, escribí y hasta me paré afuera de las oficinas de "recursos humanos" sin resultado alguno. Con mi humilde curriculum que no tiene nada más que un artículo que nadie ha leído y un par de conferencias que casi nadie escuchó. ¡Yay! Me cuesta mucho trabajo fingir que sé lo que hago cuando no es así, pero no me queda de otra. Debo llamar. Debo estar agradecida y aferrarme con uñas y dientes a la idea de una posible plaza. Y para eso... debo llamar.

Ya fui a dos entrevistas. Ya pasé las dos putas entrevistas, que fueron la cosa más sencilla comparada con la del detector de mentiras, pero aun así me aterra.
Bueno, ¿y qué tal que no me dan nada? No, no pueden. Es orden directa

Debo llamar.

Por eso, y tal vez con la esperanza de sentirme un poquito adulta, no la adolescente caduca que parezco ser, ayer me fui de compras con una idea en la cabeza: ¿qué usa una oficinista?
Es que, no quiero llegar con mis playeras de  Nirvana y sudaderas de flores para que me vean con cara de "¿qué hace aquí esta pendeja?"
Disfrazarse, como si fuera una situación cosplay. Extrañamente, creo que soy más honesta vestida con vestidos medievales de terciopelo color vino y coronas con astas de ciervo que con un saco y una camisa. No importa, debo pensar que es una situación temporal. Digo, algún día me tengo que morir. Mientras, me pondré mi ropa de mentiras y haré lo posible por cumplir con la función que me toque. A ver dónde me meten. "Cosplay", eso debo pensar. Sólo que esta vez no soy una dama ponienti, soy una godinez, con una camisa y pantalones de tela. Sin coronas o flores en la cabeza. El bolso del Santo será almacenado. Y yo seré una persona. Lo creeré. No sé cómo, pero me lo creeré. Y en algunos años, pensaré en estos tiempos extraños como una graciosa anécdota. 

Tal vez, con un poco de suerte, pero justo ahora, siento que en cuanto levante el teléfono, envejeceré diez años. 



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