jueves, 19 de febrero de 2015

Lívido y tímido brazo civil

"Hiperfóbica"... o al menos eso dice mi psiquiatra. A veces no estoy segura de estar tan loca como para necesitar un psiquiatra, pero luego me pongo muy extraña y salgo corriendo a verla.
Es como tener una erupción que nadie ve, o al menos casi nadie. Uno puede describir sus síntomas pero todo mundo ve la normalidad y te dice "no pasa nada." Como Jane, que opina que mi problema es la falta de cercanía con Cristo y la ociosidad... la falta de intereses románticos también ha sido mencionada, pero a ese respecto, prefiero morirme sola a terminar con uno de esos pendejos que ella considera que serían ideales para mí. ¡Las bellezas de la amistad!
La única que sabe de qué hablo es mi doctora. ¿Sabe usted lo reconfortante que es sentarse, explicar los problemas que nadie ve y obtener un nombre para el problema? ¡Un nombre!
Una entrada de diccionario o una definición en wikipedia. ¡Es el Santo Grial! Existe, es real y no soy la única.
Existen muchos fóbicos sociales que sufren igual que yo, muchos obsesivos compulsivos, que saben lo que se siente tener un pensamiento en la cabeza que irrumpe a la menor provocación y se come la vida. Es maravilloso saber que no soy  la única que le tenía terror a los centros comerciales en la temprana juventud, que no puede sacarse un pensamiento de la cabeza, que pregunta una y otra vez lo mismo esperando que la respuesta sea la misma, durante días, a veces semanas, o que sufre para pedir una pizza, escribir un mail, hacer una llamada, o simplemente cambiar de ruta para arreglar unos zapatos o ir al doctor. ¡No estoy sola!
Eso pensaba en la mañana. Tenía que ir al archivo. Digo, la etapa del archivo fue la mejor época de mi vida, estoy segura, pero por alguna extraña razón (locura), me aterraba. Me senté enfrente del edificio que alguna vez albergó señoras tan locas como yo, y pensé "aquí pertenezco". ¿Dónde, si no? Es el albergue de caridad para mujeres dementes, no puedo estar más cómoda en ninguna otra parte. Ni siquiera en el archivo de la Inquisición, ni en el de la cárcel.  La verdad es que sí es perturbador consultar papeles viejos en lo que alguna vez fue una prisión. Los documentos están en las antiguas celdas y los ladrillos rojos te siguen a todas partes. Prefiero no tener que sacar credencial. Sin mencionar que está casi sobre el antiguo canal de San Lázaro. La muerte, la miseria y la enfermedad se apilan.
Por eso, me siento afortunada cuando me mandan a centro, el señor  de Salud es amable, lo conozco, me conoce, me saluda de beso y pregunta por mi jefa. Me facilita toda la información que quiera y le manda saludos a la Sra. Dra. ¿Qué más puedo pedir?
Y sin embargo, estaba nerviosa, fumando y tomando coca de dieta en el teatro de enfrente, preguntándome  por qué me dolía el estómago. Otra vez olvidé el nombre del señor.  Entrar, hablar con el poli, buscar el archivo (porque lo han cambiado de lugar dos veces en estos años), ubicarme, saber dónde dejar mi mochila, todo me angustió. ¡Es una locura, lo sé! Pero a veces, la ansiedad, el dolor de tripas, la incertidumbre, las mariposas del primer día de clases, me atacan cuando he dejado de ir a un lugar durante más de dos o tres semanas.  El temblor de las manos nunca se va.
Una vez que comprobé que la revista que quería mi jefa no estaba luché por salir alegremente. "A lo mejor encuentras otras cosa", dijo el señor amable y encantador del archivo, pero no podía explicarle que no podía. Es más fuerte que yo. El tener escrito en la cabeza de qué se trata el día, cuáles son las actividades y de qué forma suceden, lo es todo. El llegar y comprobar que cambiaron el archivo de lugar, otra vez, que el procedimiento es diferente, lo mismo que la hoja de registro y que el policía se llama "Bryan", es perturbador, profundamente perturbador. Me tiemblan las manos y por instinto recurro al encendedor que guardo en el bolsillo.
¡No pueden hacerme eso!
Al final salí con alguna excusa mitad mentira y mitad verdad. Efectivamente no encontré revistas anteriores a 1914, pero no es cierto que no puedo comunicarme con Mrs. Boss para saber si quiere que saque los datos de la única revista que no recuerdo haber copiado... aunque últimamente olvido muchas cosas.

Cuando camino por el centro tengo una extraña sensación de haber comido dulce. Es como anhelar un sabor y no poder reproducirlo. Una vez intenté hacer suspiros de nuez, como los de Liverpool, no sé que tienen, pero fracasé. Molí las nueces, amasé la mezcla con azúcar glass, pero no fue lo mismo.
Ni modo.
Ahora debo regresar a la hemeroteca, a sacar impresiones con la señora malvada que no sonríe ni da los buenos días. Tal vez lo haga o tal vez me quede suspendida en la cama, con el peso de Mina entre las piernas y Luke Skywalker en el antebrazo.


Ver al techo, el vinil "The north will never forget" y las puertas de vidrio cubiertas. Debo lavar la herida de Fortunato.

Así es, el mundo se convierte en un lugar extraño cuando remodelan tus áreas de trabajo y ponen un policía nuevo llamado "Bryan".

¿Quién diablos se llama "Bryan"?

2 comentarios:

  1. Yo creo que todos tenemos fuertes miedos y en realidad necesitamos un psiquíatra solo que algunos no podemos pagarlo jejeje

    Al menos usted se siente segura en el archivo a veces en la oficina me da pavor checar mi entrada siento que juzgan cada minuto tarde que llegue porque el poli que cuida la puerta voltea a ver su reloj con cara de disgusto, me dan ganas de gritarle TU NO ME PAGAS!!

    El mundo también esta infestados de Kevin´s :p

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  2. Ay Dios, checar tarjeta! Fíjese que esa parte me tiene un poco aterrada pero es agradable saber que no estoy sola. ¡Los polis son malvados! Señor Fulgencio, ahora qué será de nosotros en este mundo laboral? Lo bueno es que mientras me asignan computadora llevaré mi laptop y espero poder colgarme de algún lado para hacer algo productivo con las largas horas se esclavitud que me esperan. Sea lo que sea, ya le contaré. Fíjese, nunca he conocido un kevin.

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