lunes, 23 de febrero de 2015

¡Lo sabía!

"Sí, es curioso: en el transcurso de sus breves relaciones llevaba a cabo ante el espejo prolongados y detallados estudios de sí mismo, mientras que a sus compañeras femeninas sólo las percibía de forma global, en conjunto; era mucho más importante para él la forma en que lo veían los ojos de su acompañante que la impresión que su acompañante le causaba a él. Esto no significa que no le importara que la chica con la que salía fuera guapa o no. Le importaba. Porque no sólo era visto por los ojos de su acompañante, sino que los dos juntos eran vistos y valorados por los ojos de otros (los ojos del mundo), y a él le importaba mucho que el mundo estuviese satisfecho de su chica, porque sabía que, al valorarla a ella, se valoraba su elección, su buen gusto, su nivel, se le valoraba, por tanto, a él mismo". 

Milan Kundera, El libro de los amores ridículos

No hay comentarios:

Publicar un comentario