martes, 24 de febrero de 2015

Un bolso nuevo

Se acabó, la vida de ociosidad, la falta de horarios y la incertidumbre económica, aunque todavía no sé si me pagarán o cuánto.
Soy oficialmente una Godinez y empiezo el viernes.
De repente, de la nada, me hablaron.  Llevé mis papeles a menos de cuatros horas  del aviso, y de repente me encontraba en una oficina con un montón de sujetos extraños hablando de traumas infantiles y películas de Disney mientras el otro señor que originalmente me entrevistaba cotejaba mi título.
Soy "la recomendada", y aunque me da un poco de asco y auto-desprecio, me tranquiliza el saber que nadie me podrá acosar. Dios sabe que intenté hacerlo sola y lo único que logré fue terminar conectada al detector de mentiras y fallarlo.  Ja!  Al menos estaré segura. Ya tuve suficiente con el jefe de departamento desagradable del archivo, y eso que él no pasó de hacer un par de comentarios desagradables.
Fui sociable, supongo que es lo que tenía que hacer. La gente de oficina. Llegan tarde y a las cinco ya se quieren ir. ¿Me acostumbraré?

¡FOBIA SOCIAL, FOBIA SOCIAL!

Al menos ya no me preocuparé por la suerte de Gendry en CdHyF (claro que me preocuparé, sólo que menos tiempo). Ya saben, es el último Baratheon, aparte del idiota de Edric Tormenta, que nos caga... ah, y Mya Piedra. Por eso me preocupa. Tan padre que es la historia de los Baratheon, desde que Oryx se casó con la última de los reyes Tormenta o incluso antes, desde Durran Pesardedioses, que se ganó el rencor del dios del mar y la diosa del viento al casarse con su hija, Elenei. Creo que por eso me gusta tanto CdHyF, igual que La Guerra de las Galaxias está lleno de profecías y reglas al estilo de mitos antiguos. Creo que es trauma de la infancia, asociar mitos antiguos con felicidad, calidez, amor y bienestar. Mi mamá me leía mitos del libro de la colección de enciclopedia que mi abuelo mandó a hacer para sus hijas, el único volumen que logró llevarse con ella cuando se casó con mi papá fue el que traía mitos.Todavía tengo ese libro, todavía copio las ilustraciones.   Mi abuelo. Creo que tengo uno vivo, pero ese no me interesa, nunca existió. Padre es el que se preocupa. Mi mamá dice que después de morir creía ver la luz del cigarro encendido de mi abuelo vagar por los corredores, tal como lo hacía en vida, cuando verificaba que las niñas estuvieran dormidas. Hasta muerto estaba ahí, mientras que al padre vivo de mi papá le valió madre dónde y cómo estaba su hijo. Por eso no lo contamos.
 Después, recuerdo una vez que me enfermé, cuando mis padres estaban separados, y mi papá se salió del trabajo para visitarme. Me preguntó qué quería y le pedí libros. Me trajo Los mitos griegos de Robert Graves y los leí hasta desprender las páginas, los llevé hasta Grecia y después  los usé en la universidad. 
Si tan solo hubiera escrito una tesis sobre Mito y Religión, pero no lo hice. Recuerdo que  en noviembre, cuando me dieron el premio y la mención por la tesis vi en el público a la señora doctora de Mito y Religión que era mi ídolo cuando entré a Historia. Todos se dormían, pero yo disfruté a muerte cada uno de los aburridos minutos que duraron todos los cursos que pude tomar. Hasta cuando se me acabaron las claves me metí a Historia de Egipto nada más de oyente.  Fue extraño verla en el público y recordar la ansiedad, emoción y timidez que me daba verla al entrar a clase. Admiración y aspiración. Dedicarse a las religiones antiguas, ataviada con sombrero y guantes, un volkswagen de color vistoso.  Y sin embargo, terminé en otra cosa. No me malinterpreten. Le tengo mucho afecto a mis leprosos, sólo que la nostalgia me ataca cuando recuerdo mi juventud, las bacantes, los héroes malditos y las sagas heróicas. 

Se acabó. Hace rato me senté en la terraza con mis perros a ver el atardecer. Fue extraño, como suelen serlo todas las despedidas.

¿Qué haré? Tiene un título, aunque sospecho que una más vez abandonaré un tema y terminaré metida en otro al que tendré que encontrarle el gusto. ¡Leyes! El viernes tengo cita para comenzar con todo el proceso  y me van a meter a huevo a ver qué diablos. Es incómodo para ellos y para mí, pero todos obedecemos órdenes superiores. Ni modo, la gente envejece y en algún punto tengo que ser un adulto. Seré feliz y estaré agradecida. Como soy una damita muy responsable y obediente, haré lo que se me dicta que haga y estaré contenta. Lo seré, aunque me tema que las amigas de mi mamá o los amigos de mi papá acechen con ojos vigilantes a cada esquina y tenga que trabajar y aprender a ocuparme de asuntos que no me importan. Ni modo, como la buena señora decimonónica que soy, la palabra del padre es Ley.

¿Qué es lo peor que puede pasar? Muchas cosas, pero intentaré no adelantarme. Quiero pensar en las ventajas. Si tengo dinero, puedo ahorrar y si tengo ahorros puedo viajar y ver todos los lugares que quiero visitar antes de morir. Algo tengo que hacer en las pocas décadas que me quedan de vida.
Ya ni modo, al final todo es cosa de Dios.

No sé qué putas pasa en ese edificio, pero supongo que lo mejor que puedo hacer es callarme y echármelo de Hidalgo.

Como va.  

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