lunes, 2 de febrero de 2015

Ya no me emociona la siguiente temporada

Me lastimé la rodilla, no sé cómo, creo que bajando las escaleras. Me pasé dos días tirada en la cama con un dolor espantoso. Luego, cuando me fui a echar con Fortunato a su casa de invierno me la torcí otra vez y se compuso. De todos modos fui a nadar para ver si ayudaba, no sé cómo, pero eso hacen las personas con problemas y dolores. Después se me chispó la parte baja de la espalda, más o menos a la izquierda. Me dolió durante días, y, al igual que la rodilla, mejoró con la super pomada de peyote que le compré a una señora de gran cabello en el tianguis orgánico que pusieron un ratito en el bazar Fusión.

Ahora me duele la espalda otra vez, pero ahora me duele la parte de arriba, ¿qué son, omóplatos? La joroba, pues. Me duele horriblemente. ¿Qué pasa conmigo, será la vejez?
Puede ser. El sábado había bazar nocturno y fui con la Sra. Weston, el Sr. Weston y Jane. ¡Wow, salí de mi casa! Un avance, por supuesto. Lo simpático del asunto es que salir a las nueve de la noche ya se me hace tardísimo, me pregunto qué capítulo de Los Simpson estarán pasando, si aplica el no circula... y en especial, me lamento por lo mucho que me duele la espalda.

Fui, compré, comí chocolate artesanal, recordé con amargura que subí un kilo recientemente y regresé a mi casa feliz de meterme en ropa grandota y acariciar a mis perros frente a la tele. 

Conclusión: Por fin hemos aceptado la vejez. Es más, nos gusta.

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