lunes, 23 de marzo de 2015

Qusque le dicen soccer

¿Qué putas estoy haciendo con mi vida? Ayer, en la nostalgia, le escribí a Mrs. Boss. La extraño, a huevo que sí, extraño los archivos, el viaje en metro por las mañanas, el uso obligatorio de guantes y tapabocas. ¿Qué hago aquí? Nada. Estoy aquí porque soy la recomendada. No tengo chamba real, no tengo nada qué hacer aquí. Estamos hablando de uno de esos momentos en los que me digo: "A huevo, sí soy historiadora", y sin embargo me resistí, aunque esté bien consciente de que he dejado ir mi oportunidad, si es que alguna vez la tuve, de ser una historiadora de verdad bajo el ala de Mrs. Boss. No estoy hecha del material que exige una tarea que se alimenta de la autopromoción. ¡No está en mí! Recuerdo la época en que me enteré de cómo la señora coordinadora estaba molesta porque Mrs. Boss me había reclutado como becaria. Supe que existía aquello de tener padrinos y Mrs. Boss me tomó bajo su cuidado y protección. Está bien, no podía seguir así indefinidamente, aunque a veces me pregunto si este lugar y trabajo no son parte de un plan maestro y calculador de mi papá para tenerme segura y feliz. Cerca de casa, en un lugar conocido. Lo agradezco, claro que sí, no quiero ser ingrata, pero me preguntó adónde me llevará todo esto, si es que me lleva a algún lado.

Señor... ¿por qué no me mandaste un marido que me mantenga?

Sí, tengo una oficina, dos archiveros vacíos y tres llaves de oficina, pero no tengo ningún trabajo.  Creo que no volveré a sentir ese golpe de satisfacción por el trabajo exitosamente completado que alguna vez experimenté en el archivo, o hasta entregando invitaciones a nombre de Mrs. Boss.  Ay, pero mejor no invoco al diablo, no vaya a ser que en una de esas me llame el señor director y me encargue un trabajo que de veras no sabré hacer porque me salté la escuela de leyes y tuve la genial idea de dedicarme a... ¿a qué putas me dedico? No importa, mejor no hay que agitar la barquita, no me vaya a caer.
Era servicio social, lo sé, y sin embargo, se sentía más como un trabajo que cualquier otra cosa más formal. En estas horas muertas he leído y releído Las doñas y descubro que la época en que la escribí, efectivamente ha quedado en mi memoria como una de las etapas más felices de mi vida, con todo y que sufriera tantos ataques de ansiedad y obsesiones. Es que en esa época no sabía bien cuál era el problema conmigo.
Al menos todavía veo a Mrs. Pills, que no tiene problema con recibirme muy temprano los domingos. No sé qué haría si tuviera que andar en este ruedo solita. Con estas rivalidades que he descubierto que sí existen en la oficina, a veces siento que me muevo en Poniente. Justo en la época en que los malvados Lannister acechan la corona. Los ambiciosos Tyrell esperan su oportunidad a través de Renly y los Stark emergen de la nada... aunque no creo que haya alguien tan honorable en este lugar como para identificarlos con ellos. De repente, entran en la arena que destruirá su alegre vida invernal. ¿Seré yo? Debo ser más desconfiada que Ned. O tal vez no.  ¿Quién soy? ¿Dorne... esperando en las sombras? Soy escorpión. No lo sé, sólo sé que debo irme con cuidado con la SEÑORA MAESTRA, con eso de que es muy amable conmigo y muy mala con los demás. ¿Qué busca, aliados? ¡No lo sé!
¡ATAQUE DE PÁNICO, ATAQUE DE PÁNICO!
Pasa el segundo al mando y me saluda, no sé qué piensa o qué sabe.
¡ATAQUE DE PÁNICO, ATAQUE DE PÁNICO!

Ay, cuando era una feliz prestadora de servicio social con mis guantes de latex y bata blanca. Pero ya no soy joven, debo ser un adulto. Tengo que, tengo que, tengo que, tengo que... y así se repite infinitamente.
Ni modo, nadie puede vivir sin trabajo estable. Tengo uno, claro, y me pagarán, pero no tengo razón para estar aquí. No hago un carajo y ya me harté de pretender que me importa un carajo. ¡No encajo! Pero si me pusieran a hacer algo ¿qué sería? No sé, un desastre probablemente.
Ya sólo espero tomar café en la mañana, irme a la hora de la comida, platicar con mi buena amiga, la secretaría, que sí me cae rebien, evitar a la SEÑORA MAESTRA mamona que sospecho que está loca porque toda la oficina la odia y ella la trae contra todos, menos contra mí (por el momento), y escurrirme a través del día sin que me llame alguien a la oficina de la dirección para tratar de averiguar qué putas van a hacer conmigo. 
Por lo general termino borrando todas las entradas que escribo desde y/o sobre la oficina y la vida laboral, pero ya no me preocupa. Total, que me encuentren... ¿a mí qué chingados me importa? ¿Me van a correr? ¡No! Y en general, al menos me consuela el saber que le pongo estilo al lugar.  Alguien debería decirle a la SEÑORA MAESTRA, que esas minifaldas que usa no son una buena idea, con todo y que le ponga medias y sacos. Es un don´t...

En el colmo de la nostalgia (sí, repetimos esa palabra) le escribí a Mrs. Weston y a Jane, en un momento de anhelo extraño. Sólo quería platicar, a pesar de que debía estar en la oficina contigua con los señores compañeros oyendo la entrevista del mero jefe en la radio.  Ah chinga... con que eso se hace aquí. Claro, eso hacen ellos, no yo. Yo no soy abogado, ni ingeniero, ni administrador público.
Y sin embargo, este es el trabajo real, no la broma de dos o tres días al mes que tenía... y sin embargo, no puedo quitarme esa espinita que me grita al oído: "Pero al menos hacías lo que sabes hacer", sí, aunque fuera tan esporádico y ganara 120 pesos al día. Me repito: No tenía opción, esto es lo correcto, debo estar agradecida.
No se crean, no me quejo, la posibilidad de salir de mi casa y usar la ropa que tenía acumulada quién sabe cómo o por qué es maravilloso. Sólo que empieza a agotarme esta situación y me estresa que uno de los señores compañeros me eche tantas flores y me observe tanto. Tal vez yo estoy paranóica, pero me empiezo a preocupar. Tomo demasiado café, demasiado té. 

Y al final del día, la luz en el camino, consiste en leerme un buen fanfic que sea medianamente satisfactorio, o al menos ridículamente divertido. Hey, si quieren hacer a Gendry un entrenador de futbol y a Arya una adolescente atribulada en lo que bien podría ser un plagio de la película esa que tiene a Beckham en el título, yo lo acepto. Lo acepto y lo agradezco. Al menos acelera las horas consumidas en un escritorio imitación pino con luces neón.

Al fondo, canta Marco Antonio Solís: ¿A dónde vamos a parar?

¡No lo sé Marco Antonio, no lo sé!

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