viernes, 22 de mayo de 2015

Shame

Mi querido lector:
Debo confesarles algo que me tiene intranquila (sí, aparte del futuro de Gendry, ¿dónde está nuestro bastardo favorito? Tal vez encontró a sus hermanos Edric Tormenta y Mya Piedra en alguna parte y se convirtieron en una familia feliz), verán: Me he convertido en la "mamá", "matrona", señora/cómplice de todo mundo en la oficina.  Pero a últimas fechas, las jóvenes que considero mis besties de oficina me han hecho partícipe de sus respectivos enamoramientos con señores colegas al menos 15 o hasta 20 años más grandes que ellas. En lo personal, yo creo que uno de ellos es gay y que el otro, un hombre de 40 que vive con su mamá, es mala idea, sin mencionar que todas las relaciones interpersonales de oficina están condenadas a la desgracia, y sin embargo, no dejo de alentarlas.

¿Por qué? Es que no puedo romperles el corazón. Son jóvenes, tienen veintitantos años, están en la edad de enamorarse y meter la pata. Será que en mi amargadito corazón de solterona no me atrevo a exponer la cruda verdad de la vida a quienes todavía tienen juventud y esperanza.

Listo, ya lo resolví, no estoy haciendo nada malo, al contrario, es la bondad de mi corazón la que me obliga a andar de alcahueta.

¡Uff, qué susto, ehhh!

Ahora, si me disculpan, iré a cobrar mis venados de plata en Game of Thrones ascent, criticar en mi mente el vestuario de la señora jefa de unidad, tomar café y tal vez, sólo tal vez... trabajar un poco.

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