jueves, 4 de junio de 2015

La mina

Una hora y ocho  minutos para que pueda irme a comer. Una puta hora y ocho minutos que puedo desperdiciar de alguna forma. No me siento bien, me tiembla el cuerpo y no me puedo concentrar. Ojos cansados. Demasiado brillo, creo. Sigo temblando. Creo que fue demasiado café, pero rechazar una taza de café es una descortesía. Hoy no hubo jefe y creo que mañana tampoco habrá.
Sobrevivir, sobrevivir, sobrevivir.

Todo mundo parece estar muy convencido de lo que se trata el mundo y este lugar extraño en el que habitamos precariamente. "El trabajo", cómo o para qué, quién sabe. La importancia de las leyes y la administración pública. Quiero acostarme y esconder la cara. No puedo gritar. ¿Les he contado del muro blanco afuera de mi ventana? Eso y la pantalla de la computadora. No sé qué estoy haciendo. ¿Lepra? Ya no sé, no recuerdo. Quiero dormir y llorar, o tal vez cerrar los ojos y pensar en un lugar mejor. No sé si haya uno, tal vez me sentiría peor en otro lado. Hace rato, cuando fui por agua pensaba: ¿la depresión hace horrenda la vida, o la vida horrenda es la que causa la depresión? Tomo mis medicamentos y espero, si la Dra. Pills tiene razón esto es temporal y en unos días estaré bien. Tal vez sólo necesito comer bien y dejar de tomar café.

Una hora más y no me siento mejor que hace rato.

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