sábado, 18 de julio de 2015

Tres cosas

Tres cosas de lo más importantes que descubrí viendo el final de la tercera temporada de The Walking Dead:

1.- Daryl me recordó que la edad no le quita a uno las debilidades que se padecían en la adolescencia por los hombres rudos pero emocionalmente atormentados del tipo "mi amor lo puede salvar".
2.- Al parecer Game of Thrones, y en general la Saga de Canción de Hielo y Fuego, me ha preparado para perder amados personajes una y otra vez sin sentir nada. Es más, creo que a estas alturas estoy lista para ver a Tyrion morir, o a Daryl... otro amor que perdería, pero ya no importa.
3.- También he sido completamente inmunizada ante la sangre, la violencia, los desnudos frontales y la muerte masiva, por lo que estoy preparada para el apocalipsis zombie. Es más, por favor, lo estoy esperando.


O podrían ser los medicamentos, pero creo que la última emoción por la que atravesé fue la desesperación cuando pasé 12 horas de vuelo atrapada entre un estudiante dormido y una señora platicadora que me informó absolutamente todo lo que no quería saber sobre la vida de sus hijas en Barcelona, sin mencionar mi momento en la fila cuando enfrenté de golpe al "Socialité Hell".

Estaba en la fila para abordar, cuando una vieja, la típica escuincla con acentito pendejo tipo "Ximena Sariñana", se acercó a mi fila y le dijo al tipo de atrás: "¿Rich? !Wey, qué coincidencia!" y de ahí resultó que eran de la misma generación de quién sabe qué escuela y ella presentó a su novio italiano y él a su novia holandesa y cuando estaba a punto de vomitar un poco en mi boca resultó que enfrente de mí había otra vieja que los dos conocían exactamente de la misma escuela y la misma generación pero con wey canadiense y de pronto me vi atrapada entre esas tres personas a mi alrededor y lo que yo llamó:

El socialité hell...

En ese momento, pensé: ¿No sería encantador que entrara una horda de caminantes ahora, justo ahora y terminara con mi miseria? 

Claro, sería mejor que acabaran con SU miseria mientras Daryl sale hecho todo arco y suciedad del rincón de la sala de espera, me toma en sus fuertes y atormentados brazos y huimos rumbo al horizonte. Digo, si somos las últimas dos personas del planeta sería una impiedad de mi parte no procrear a la siguiente generación.

"¡Tres de la misma generación wey, se va a caer el avión!" Concluyó una de las damitas el encuentro casual mientras yo pensaba: Oh, bueno, sería una solución. O tal vez estaba exagerando. No es tan malo pasar horas de relajación en el mismo asiento cuando se tienen series de televisión y todo el vino gratis que puedas beber. Me animé un poco, hasta cambié el asiento un par de veces para que una pareja encantadora de señores alemanes pudiera ir junta y la señora platicadora pudiera ir en el pasillo y estirar su rodilla mala.
¡Soy puro amor! Por eso no comprendo cómo el destino puede ser tan malo conmigo.

"Red wine, please"

¿Y qué me dan? ¡Un pinche vasito! Entonces miré a mi alrededor y lo recordé: Esto no es AirFrance, no hay botellitas ilimitadas, estos weyes son alemanes, me lo van a ir sirviendo cuando se le hinche la gana a su ajustado reloj de vasito en vasito.

¡Que se caiga este pinche avión!

¿Dónde están los Daryls del mundo cuando se les necesita?

¡EN NINGUNA PARTE, NINGUNA!

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