lunes, 14 de septiembre de 2015

El ayudante de mamá

Y así fue regresé con mi frienemy, zyprexa. Sí, al parecer, estoy "deprimida". No me explico el por qué.
...
[feels nothing]

Tal vez sólo estoy muerta por dentro.

Unas horas después:

Disculpe usted, he dejado que mi apatía se entrometa en la dosis diaria de mal gusto de oficinista que le debo.

Hoy, en la Elton's watch.

La Sra. Elton no deja de sorprenderme. Yo entiendo, todos hemos caído en la tentación de comprar un par de zapatos feos que, sin embargo, se veían cómodos. Todos lo hemos hecho. El problema radica en ponerse el mismo crimen más de una vez. Vamos con la botas de Santa Clos. 
Son feas por dos razones; 1. La imitación piel arrugadita debería estar restringida a los programas de televisión y películas ambientadas en los ochentas y 2. El tacón de cuña camuflado para que parezca ser parte de la bota resulta en un efecto óptico donde las botas altas parecen de lluvia, aunque las botas de lluvia como tal son infinitamente más bonitas. 

Ahora imagínese usted esa aberración combinado con un vestido de coctél, sí, así es, de coctél, que debería usarse sólo en eventos de primavera. ¿Escote en halter cruzado... para la oficina y falda corta y amplia...para la oficina?

¡Por favor!

A nombre de todos los asalariados con gafete del mundo debo suplicarle a esa mujer que se detenga. ¡Me hace daño!

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