lunes, 19 de octubre de 2015

Catálogo

Paso toda la semana picándome el ojo o inventándome cosas qué hacer... y de repente, el jueves, a las 8:20, 10 minutos antes de que me pueda ir, llega mi jefe con una de esas tareas que me tomarían seis meses para entregarse pero que quiere para el día siguiente antes de las doce. Obviamente entregué una versión corta y chafa a las doce y otra más decente, pero igual de incompleta a las siete de la noche. Está defectuosa, claro, pero ni modo. Ni siquiera salí a comer. Trabajé como posesa durante 12 horas seguidas, con tres pausas en todo el día para comprar una coca y fumar. Miss Lil tuvo la amabilidad de ir a comprarme una hamburguesa vegetariana. En uno de esos descansos, Miss Lil me acompañó a echar humo y no pude reprimirme, lo traía aucmulado. Así es, me solté a llorar. No sé qué tanto le dije, pero me abrazó. Por lo general prefiero no tocar a la gente pero supongo que sí lo necesitaba. "Nunca creí que todo saldría tan mal", me refería a mi vida, en general. Chale... es que de veras, con todo y que siempre he sido catastrófica y fatalista, no creí que me despertaría a esta edad en estas circunstancias. 

Ahora sólo espero el momento en que me restrieguen en la cara mi incompetencia. 

Pero como si el jueves y viernes no hubieran sido suficientemente malos, tuve la genial idea de irme al bazar con Mrs. Weston, Mr. Weston, Jane y Mr. Bingley.
El Sr. Weston suele ser un mueble y no me molesta... hasta ahora.

Por primera vez en 16 años, Mrs. Weston tuvo la decencia de pasar por mí en lugar de que yo tuviera que hacerla de chofer (ya saben, aquí esta su idiota pa' cuando se les ofrezca). Ahí estaba yo, quejándome en el camino sobre mi sufrimiento laboral y Mr. Weston abre la boca para soltar una barrabasada:

"Pero eres aviadora, ¿no? no haces nada".

...

[Les voy a dar un momento para que lo asimilen]

Respondí. "Ojala, así no tendría que cumplir horarios". Me ofendí mucho. ¡MUCHO! ¿Aviadora? Los aviadores sólo cobran, yo estoy aquí atorada doce horas haciendo listas gigantes de municipios, leyes y un montón de cosas más que no sabía que existían hasta que llegué aquí. Sí, hay días muertos, muchos días muertos, pero me las ingenio para llenar las horas en lo que se acuerdan de mí. 
¿La Sra. Weston y su clan jamás me van a tener un mínimo de respeto, verdad?
Me asombra la forma en que me engaño sobre la Sra. Weston.

Supongo que es la desesperación, pero ya hasta las extrañaba, toda la semana estuve contándole a Ser Café sobre mis grandes planes para ver a Jane y la Sra. Weston... todo para terminar pasándomela muy mal. Ya sin mencionar todos los comentarios molestos sobre mi forma de beber (la Sra. Weston fue feliz describiéndole a su esposo y hermana aquellos incidentes en que me tomé una botella de vino yo solita y terminé vomitando) o el discurso continuo sobre cómo voy a enfermar de cáncer y morir escupiendo sangre, o que todos los fumadores somos unos puercos que tiran sus colillas y cajetillas ("qué bueno que les va a dar cáncer", cita textual).

En cuanto llegué al bazar me separé del grupo y me fui por mi lado, me tomé una cerveza y me dediqué a comprar todo, absolutamente todo lo que me llamara la atención y luego me encontré con Jane y Mr. Bingley, que estuvieron amables y me hicieron sentir un poco mejor, aunque tampoco les importa un carajo si me caigo en una zanja, pero al menos Mr. Bingley tuvo la decencia de compartir un poco de sabiduría laboral.  Las cervezas se habían acabado, así que me tuve que aventar el camino de regreso completamente sobria.

Sí, han sido días feos.

La semana pasada, mi mamá me preguntaba si iría a nadar, cuando le dije que no, que ya me vale gorro adelantar mi camino hacia la obesidad mórbida, me salió con un: "no te des por vencida".

Ay, madre, mi autobiografía se llamara: "Cómo fue que me di por vencida y aprendí a vivir con ello", editada por Gaby Vargas con una coqueta caricatura de Maitena en la portada.

¿Qué podré hacer para mejorar el día?

Ya sé, iré a comprar ropa. De todas formas necesito sustituir las chamarras que regalé porque aceptémoslo, hay una persona que sí es talla XS en algún lugar y necesita una chamarra de borrego en la que yo ya no entro ni de chiste.  Quiero, quiero... ¿una chamarra con ribete de peluche? Sí, tal vez, este frío está muy grave. 
Podría ir a mi casa, pero creo que lo mejor es esconderle a mi madre este pobre estado en el que me encuentro, al menos hasta que el zyprexa surta su efecto mágico. Ese es el problema de la depresión; apesta. El hedor que sueltan los deprimidos resistentes se parece al de la descomposición, como ese que despedía el cadáver del pajarito bebé que me encontré la otra vez en el pasillo de la entrada. 
Era un bebé, debió haberse caído durante alguna de las lluvias. Lo quité del camino para que no lo pisarán, no sé para qué, estaba muerto y olía.

A estas alturas, ya debe haber desaparecido. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario