jueves, 26 de noviembre de 2015

Se busca

Me temo que me he convertido en el siguiente blanco de la Sra. Elton. No sé ni cómo explicarlo. Oh, esto va a ser largo.   

Todo empezó en una junta nocturna el jueves pasado. La Sra. Elton no estaba. Aunque la junta empezó unos veinte minutos después de mi hora de salida, lo que no es bonito, fue bastante llevadera y tranquila. Había galletas. Todo mundo estaba enloqueciendo con la organización de un seminario. El jefe distribuyó obligaciones y resultó que a la Sra. Smith, la Sra. Elton y a mí, nos tocaba el registro de asistentes, el asunto molesto de los gafetes y programas. Cosas. Stuff and "thangs", como diría Rick Grimes. Bien, al otro día, me encuentro a la Sra. Smith en el baño, que me pregunta si la acompaño a ponernos de acuerdo con la Sra. Elton porque le da miedo. En toda mi inocencia y simpleza, la acompañé y empezó el problema.
La Sra. Elton ya me perdió el respeto, por completo. No sólo se quedaba callada con una risita macabra mientras exponíamos nuestros planes para hacer gafetes diferentes para los ponentes y los asistentes, las tarjetitas que indican "faltan 5 minutos" y demás cosas necias que nos tocaban, sino que al ver que no respondía, con todo y mi comentario jocoso; "¿estás botada de risa pro nuestra confusión?", también se colocaba a la defensiva viéndonos con cara de estar muy ofendida/divertida. Entonces, cantó la gorda:

—Bueno, veo que no quiere cooperar y yo no quiero discutir— dijo la Sra. Smith.
— ¿Qué, por qué no quieres discutir?— embistió la Sra. Elton como bestia loca — ándale, sí, ve corriendo a contarle al Dr. como siempre.
—Señoras, por favor, tenemos que... — intenté intervenir sin mucho éxito.
—Señorita, yo no estoy casada ni tengo un hijo — me aclaró la Sra. Elton haciendo referencia al hijo de cinco años de la Sra. Smith. 
— Pues yo sí tengo un hijo— contestó Mrs. Smith y me espanté. "Ahora sí se armó la gorda" pensé y seguí con mis vanos intentos de aligerar la situación.
— Bueno, bueno, damas, tenemos que ver cómo hacer esto, es la chamba... — ¿No aman mi paciencia?
— ¡Pues sí, para eso nos pagan!— me soltó la loca esa pero aguanté, como los mártires.
— En la junta el Dr. nos dijo que...
—A mí no me han informado nada.
— Porque usted estaba en Veracruz — le recordó Mrs. Smith.
— Mira, sabemos lo mismo que tú, sólo hablaron de las asistencias y de los registros— le dije, pero seguía sin cooperar. Qué frustración.

La cosa siguió así con embestidas y defensas hasta que me puso un cuatro en el que caí redondita.
—¿Y las constancias cómo se van a entregar?
Caí y le dije que no sabía pero que probablemente se entregarían ese mismo día, lo que yo no sabía es que ella está trabajando como espía (sí, así como de James Bond) con los de la Secretaría que se pelean con el Centro por el espacio y que unos insistían en firmar las putas constancias mientras los otros, o debería decir "nosotros", aunque no sé si aplique, argumentaban que siendo un evento del Centro no tenía nada que ver la Secretaría y sólo se requería la firma del jefe. Por suerte, no le dije nada sobre quién las iba a firmar, más que nada porque no sabía. 

La alerta sísmica nos salvó y una vez en afuera, mi jefe directo me preguntó qué había pasado y le reseñé con todo cuidado la pésima y fallida reunión. Hace un par de días, mi vecino de enfrente (que me tiene hasta el gorro), me visita y cierra la puerta. No les miento, siempre que hace eso me asusto, se me ocurre que me va a proponer matrimonio o algo así. Afortunadamente sólo quería decirme que habían desvinculado a la Sra. Elton de todo el evento y que el registro me tocaba sólo a mí. Me arrugué como pasa. Ah, chinga. Oh, bueno, "llenar unas hojitas no puede ser tan difícil", pensé (craso error). Al final me lo eché con ayuda de Dios y de los becarios porque los imbéciles que mandaron de quien sabe dónde para que lo hicieran servían para nada y para menos.
Han sido días duros, mi querido lector, por eso los tenía tan solitos. Ay, cómo los extrañé. 
La mitad del lugar trabajó como esclavo por tres días, yo me fui hasta las diez de la noche o más varias veces, imprimiendo gafetes, apartados, recogiendo paños, comprando café, cortando opalinas, llenando carpetas y ayer fue todavía peor.  Ayer llegué a las ocho de la mañana y me aventé todo el día registrando gente padrísima. Imagínese usted a una inocente servidora recibiendo gente con sonrisa falsa y repitiendo constantemente "Buenos días, lo molesto si se registra, por favor. Con nombre y procedencia basta. Gracias". Si no fuera porque los becarios "Musculitos", "Wolowitz" y "Bernardette" me ayudaron, hubiera fracasado todo y habría muerto de la mortificación. Así pasé el día, llenando hojas y repartiéndolas a los becarios que imprimían las constancias, mientras, la Sra. Elton pasaba tranquilamente con una sonrisa en la cara. Después del caos inicial, alrededor de la una de la tarde, llegaron sus seis (sí, ¡seis!) becarios a preguntarme si necesitaba ayuda. ¡Sí, la necesitaba a las nueve de la mañana!
Les saqué la vuelta y me largué. Me tocaba impedir que los asistentes entraran a la comida de los ponentes. Para mi sorpresa, me encontré a la tía de Fanny, que resultó ser la del catering. Está idéntica. Me hubiera detenido a pensar en el paso de los años y las vidas pasadas pero mi vecino de enfrente estaba muele y muele. 

Por fin, se acabó el día y creo que todo mundo estaba más muerto que otra cosa a las ocho de la noche. Los tacones se habían ido hacia horas y me dolía absolutamente todo. En el momento en el que por fin pude salir a matar pulmón con Ser Café, nos pusimos al corriente en los eventos del día. Bien, resulta que la Sra. Elton se largó con la presentación de uno de los ponentes. Eso ameritaría que la corrieran. ¡Se largó el día del evento con la presentación de uno de los ponentes! Y yo que estaba preocupada por haber entregado en desorden las hojas de registro. Faltas menores, faltas menores.

Pero este es un mundo extraño. El mundo laboral es extraño. Ya me quiero ir.

¿Han sentido ese cansancio horrendo que corroe el alma? ¡Ya no tengo alma! No podía despertar, quería dormir para siempre, en especial porque recuerdo haber soñado con algo relacionado con Gendry, el de Juego de Tronos. Ah, qué guapo es Joe Dempsie.

Hoy llegué una hora tarde. Estaba pacíficamente escuchando música  y dormitando en mi oficina cuando llegó la Sra. Smith con las últimas noticias: "La Sra. Elton me pegó".

¿Cómo? ¡Desperté en chinga!
Resulta que no le pegó, fue más una especie de jaloneo tipo catfight sobre unas llaves, pero aquí el punto es que hace rato que platicaba de los últimos chismes con Ser Café y Mr. Evil Law,  me confirmaron lo que ya me sospechaba: La Sra. Elton me culpa a mí de que la desvincularan del evento.

Aunado a los chismes que hay sobre mí y Ser Café (recordando que Ser Café rechazó los avances amorosos de la Sra. Elton en algún momento), ahora piensa que yo le quité la chamba del registro. ¡Claro, porque me moría de ganas por hacerla de edecán glorificada todo el pinche día! Fue idea del jefe y de mi vecino de enfrente, que en una reunión privada decidieron no incluirla no sólo porque se hace del rogar sino también porque le va con los chismes de todo lo que hacen a los enemigos de arriba. ¿Yo qué putas tengo que ver en eso? ¡Nada! Nomás estaba aquí. 

Me tiene entre ceja y ceja. 

Ahora sólo espero el momento en que sufriré su venganza. 

Vean correr a ese cervatillo. Sí, ese inocente con la playera de Blondie y los audífonos dispares. Ahora vigilen el ruido de los tacones del cazador que anda tras el pobre cervatillo despistado.

Y apunta, apunta, apunta...

En caso de ser asesinada por una Amy Bishop local cualquiera, quisiera dejar unas últimas instrucciones:

Debo ser enterrada sin embalsamar (no quiero a ningún necrófilo cerca de mí, a mí no me engañan, esa gente no está en el negocio por dinero), con una corona de flores blancas y el vestido de novia de mi Tita, por aquello de la posibilidad de un apocalipsis zombie. Si hay un Daryl Dixon en él quiero reunirme con su arco en un atuendo apropiado.  Mi coche será desmantelado y enterrado conmigo, junto con el féretro de Rito, el perrito. Lamento mucho si hay que tumbar el árbol que planté sobre él, Rito se va conmigo. Mis joyas también serán enterradas en una caja de plomo colocada bajo mi féretro.   Cualquier tipo de propiedad rentable, mi cuenta de ahorros y/o seguro de vida que pueda o no tener serán entregados en su totalidad, a mi primo, Carlos.  La colección de Barbies quedará bajo la custodia de mi hermana. Toda mi ropa y posesiones varias, zapatos, sombreros, coronas, réplicas coleccionables, etc., serán rematados en una venta de garage y/o subastados en internet y lo recolectado se donará a un albergue para perros abandonados, rescatados o enfermos. Anexaré una lista de los tres lugares de mi preferencia.

Por último, estimado lector, le pido que rece por mi alma porque tengo mucho pecados en mi lista... menos los que me gustaría haber cometido. (Mr. Dixon, lo estoy viendo a usted)

Y que Dios se apiade de mí.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Días

Ayer me enteré que con el cambio de rector, lo más probable es que mi jefe prefiera irse en diciembre, lo que significa que se irían al menos tres o cuatro de los suyos con él... ergo, me iría yo también.
La verdad me angustia el desempleo, claro, ¿a quién no? Pero también admito que la idea de sólo estar un mes más por aquí me animó enormemente. No sé cuál es el problema, a veces creo que el problema está en mí. No, corrijo, estoy plenamente segura y consciente de que la del problema soy yo. No nací con el talento o habilidad para ser feliz. Estoy rota y eso es todo. 

Por el momento, haré todo lo posible por llenar el día de alguna u otra forma, lo que sea, para mantenerme ocupada hasta que se acabe esto. No creo que nada mejore, en todo caso empeorará, dudo mucho que el siguiente jefe me mantenga en el lugar de "la consentida", con instrucciones precisas de no molestarme. No, sé lo que pasaría, comenzaría la estrategia de desgaste hasta hacerme renunciar. Ya con un año de este lugar en el curriculum, tal vez, sólo tal vez, tenga una oportunidad en alguna otra parte, la que sea. No sé qué hacer, ya no sé qué se supone que sé hacer. No sé si la maestría sea una opción, que consideré por desesperación, la verdad es que me siento muy incapaz y no hallo qué hacer conmigo misma.

Por el momento pensaré: un mes más, sólo uno.

Ya después que sea lo que Dios quiera. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Se escondió en el bote de basura

Empiezo a creer que este lugar es mágico. Te puede llevar de la esperanza a los impulsos suicidas en menos de tres horas. 
Ayer, después de escribirle a Mrs. Boss con la esperanza de que le importara la cosa de duelo y lepra que escribí, ya que a nadie más le importa, obviamente, me dijo que sí y me dio cita para mañana. Pedí el día desde el lunes y aunque parece que mañana habrá junta para indicarnos que la haremos de choferes y edecanes en el futuro congreso que trae vueltos locos a todos por aquí, tengo toda la intención de largarme el día entero y que me valga madres. Perdón, perdí el hilo. Al llegar a mi casa mi mamá me dijo que Mrs. Boss había hablado y el escucharla  después de mucho tiempo, aunque sólo fuera para cambiar la hora por la tarde en lugar de la mañana, me puso de un humor tan extraordinario que había olvidado que existía. 
No sé cómo explicarles qué se sentía. ¿Triunfo? No sé. Recibir una lista de cosas, años, revistas, periódicos, noticias, documentos o folletos perdidos que podrían estar perdidos en cualquier lado o haber desaparecido, pero entonces, en el colmo de la autosatisfacción: ¡Chan Chan! Salía yo del archivo y/o biblioteca con mis copias y transcripciones sintiéndome más sagaz que Sherlock Holmes. ¡Lo encontré, lo encontré! Me tomó horas y varios paquetes de halls para no marearme con la maquinita setentera de la hemeroteca o un dolor de espalda producto de la falta de atriles en las mesas de algún archivo gubernamental, ¡pero lo encontré! 
La revisión y aprobación de Mrs. Boss. 
Pero si vamos a ponernos melancólicos, mejor vámonos más atrás. Primero, necesito que piensen en la mañana, esas mañanas de otoño que son frías y húmedas, cuando el humo de cigarro sabe mejor de camino al palacio, con Between two lungs de Florence + the machine de fondo. Guantes y sombrero. No puedo usar esas cosas aquí. 

Recordé mis cajas de expedientes, mi bata y guantes de latex, al señor decimonónico que se sentaba en el archivo semivacío con Mr. Mendoza y yo diciendo "Slow, Jimenita, slow, andas poniendo desorden". Las palomas que se paraban en las escaleras y el estanque que se formaba durante época de lluvias en el jardincito hundido afuera de las puertas de madera del archivo. Escribía sobre doñas, veía a Fanny frente a la catedral y comíamos sandwiches del Oxxo. Recuerdo que en esa época hablábamos de cómo Jane floreció en la Esmeralda y yo florecí en el archivo. 

Los recuerdos tienen sabores raros.

Todavía hoy en la mañana llegué feliz, canté un poco, fui por un jugo, platiqué con doña Yola, la señora de la limpieza que afortunadamente Mrs. Smith no me pudo robar hoy (toma eso) y me puse al día en mis foros. 
Todo iba bien hasta que el humor comenzó a decaer lenta e imperceptiblemente. No sé cómo, pero de repente volví a sentirme igual que días antes y si no fuera porque temo que me vean, me echaría a llorar.  No sé si ya le agarré tirria, como diría mi madre, o que el efecto de que te recuerden y aprecien fuera sofocado de nuevo por esta actitud de condescendencia donde sólo estoy aquí "por obvias razones", como dijo Pepe Lepú. La completa falta de fe o interés de Ser Café en el trabajo del agua que le mandé y del que no me ha dicho nada, igual que no dijo nada mi jefe antes de convertir mis 60 páginas de investigación en papel de borrador, pudo haber contribuido al desánimo. La falta de Miss Lil o la ventana que da al muro blanco. Cualquiera de esos factores podrían ser los culpables. Me duele la espalda de no hacer nada, pero me siento vigilada y expuesta. 

Las luces de neón me están matando. Veo el portaretrato con las fotos de mis hijos, sí, también Goofy y Rito, la maceta de perrito dorado y la muñequita de la reina Cersei. Podría colgar cortinas de terciopelo y seguiría sin lograr mejorar este lugar. Será que las paredes se impregnan y si hay alguien por la que no dan un peso por aquí soy yo. Tengo un talento, uno solo: pedirle favores a mi papá.
Pero supongo que el desempleo no era mejor, aunque no tenía tantos gastos. ¿Ven? Hago esto por dinero, pero debo pagar contador, cuenta de ahorros, ropa, comida, gasolina y demás mamadas para sostenerme en esta situación que se supone que sólo me da dinero, porque si hay una forma rápida de ver morir la autoestima es meterse en un lugar en donde los primeros días te preguntaron:
— ¿Qué eres?
— Historiadora.
— ¿Y eso qué es?

...
Ahí se los dejo para que lo asimilen. ¿Quieren que les cuente ese montón de cosas que a nadie le importan? Resulta que lo de hoy son las relaciones públicas, administración y lambisconería. 

A lo mejor ya nomás odio todo. Lo extraño, es que cuando estaba en el archivo, también tenía mis días depresivos, pero entonces me metía a la Iglesia de Santo Domingo, a la Catedral o iba a la tienda hindú. Caminaba, fumaba, escuchaba conversaciones casuales y repartía las monedas de diez pesos que me guardaba mi mamá para las limosnas. Aunque estuviera triste porque basicamente carezco de la cuota mínima de amigos, (la Sra. Weston ya tuvo la amabilidad de pedirme que le confirme un día entre el 23 y el 26 de noviembre para celebrar mi cumpleaños porque está muy ocupada y tiene que anotarlo en su agenda. Nota: cumplo el 15) y ya me hice a la idea de que formar mi propia familia se quedará como la fantasía de niña chiquita que es, siempre podía caminar por el centro y sentarme en las escaleras del teatro de la ciudad con un café del Seven Eleven para sentirme útil aunque fuera unas cuatro horas y pensar: al menos hago bien mi chamba.

Ya no hago bien mi chamba. Ni siquiera sé cuál es mi chamba. ¿Tengo una? Este lugar se ha esforzado en echármelo en cara. Soy una huevona, nunca hago nada, no sé nada de ciencias políticas o administración pública, ergo, no podría ser más ignorante.  ¿Qué debería hacer? Nunca se acuerdan de mí y creo que me han pedido tres cosas en los ocho meses que llevo aquí y una fue una labor de casi seis meses de la que me informaron diez minutos antes de irme un jueves  para entregarse al medio día del viernes. Lo hice, igual que hice lo demás. Si las hice bien o no, quién sabe. Nadie me dijo nada. 
Ni siquiera sé cuál es mi chamba, cuando la tengo, y cuando eso pasa me piden las cosas de forma confusa y urgente que después se olvidan y nada más me atormento pensando en todos los cabos sueltos que quedaron. No le pidan a una desgraciada con TOC que entregue algo sin instrucciones precisas y el tiempo suficiente para revisarlo tres veces.

Tres veces.
Tres tazas de té. Cuadros colgados en grupos de tres o de cinco. No soporto los números pares, no me hagan sufrirlos, por favor.  

Pero tengo trabajo. Me pagan. Tengo dinero. Bueno, me pagan. ¿Por qué estoy tan amargada y frustrada?

Amargura, amargura, amargura.

¿Saben por qué no he sacado una tarjeta de crédito? Porque en el fondo no me creo que esto dure. Lo siento temporal, amenazador y cuando me corran me quedaría con el problema de la tarjeta. Ya entregué recibos hasta diciembre, así que al menos es seguro que me quedo hasta vacaciones, ya después... quién sabe.

Amargura, amargura, amargura.


Adiós, my friend!

Es oficial: Miss Lil se ha ido.

(Violines)

lunes, 9 de noviembre de 2015

Role model

¿Saben qué me hace falta? Ver más telenovelas, de veras me urge que se me quite lo pendeja. 
¿A quién recurrir?




Tú sí que te las sabes todas, Cat.

Metaleros

Desde que llegué Mrs. Smith me trató con una consideración locamente especial, claro, en el fondo sospechaba que tenía la intención de sacarme algo, como suele suceder, pero hasta la fecha no me había sentido más allá de ligeramente incómoda por su afición a abrazarme y maullar como gato mientras se me me restriega. Molesto, sí, pero siendo la mejor amiga de mi jefe (secretario del jefe-jefe, pero jefe directo, pues) supuse que tenía que irme con cuidado, recordemos que me tienen aquí como un favor que se han cobrado con creces. 
Se portaba bien y tenía miles de historias trágicas de su infancia, fotos de su bebé de cinco años y algunas historias sobre cómo no tiene tele porque la empeñó para comprarle zapatos a su hijo. Se me hacía una jovencita desafortunada que había tomado malas decisiones pero intentaba corregir su vida. Como la imbécil que soy, le presté $2,000 pesos para la colegiatura de su hijo. 

Adelante, este es el momento en que puede llamarme "imbécil" abiertamente, mi querido lector. Vamos, hágalo, yo lo hago. 

La semana pasada descubrí que Miss Lil se irá, lo que para serles opuestos me dolió hasta el tuétano, era la única amiga que tengo, aparte de Ser Café, aunque ya sabemos que la Sra. Smith adora inventar que ando con él nomás porque salimos a fumar unas dos veces al día y tiene una extraña afición por despeinarme y ver qué cara pongo.  Miss Lil se irá. Hacía una semanas noté que su relación con Mrs. Smith se había deteriorado asombrosamente, considerando que al principio Mrs. Smith se la vivía colgada de ella más que nada porque Miss Lil es cantante de una banda de metal y Mrs. Smith se considera la metalera más consumada que existe. Un mundo que no comprendo ni quiero comprender, aunque debo admitir que me impresionó la música de Miss Lil, para ser una persona que no escucha metal en ninguna de sus formas, me parece que es muy buena y disfruté sus canciones A todo esto, tanto el mejor amigo como el novio de Miss Lil son metaleros de cabellos largos y actitud ruda. Supuse que parte del desagrado de Miss Lil por Mrs. Smith se había originado en la forma abrasiva y descarada en la que le coquetea a los dos, amigo y novio por igual, aunque para ser honestos, Mrs. Smith es el tipo de persona que de acuerdo con la información proporcionada por ella, se ha acostado con dos personas distintas en una sola semana, uno que ya ni siquiera era su novio y otro desconocido que encontró en un bar.
Pero vamos a hacer a un lado mis prejuicios. 

Mi completo desagrado por Mrs. Smith se materializó en una de esas ocasiones en que la hijita de cinco años de unos de los jefes de unidad que me visita cuando no hay clases porque mi oficina es un lugar divertido lleno de juguetes y expresión libre y creativa para niños. La pequeña daba cueltas en el sillón giratorio y Mrs. Smith se puso mamona, bajo pretexto de "yo sí soy madre" se puso a regañar a la niña y a coartarle todo movimiento. "Quédate quietecita", "no hagas eso", "no toque eso".  Le respondí y por primera vez le solté toda mi retahíla sobre la represión y la injusticia de sofocar a los niños para ahorrarse desórdenes. Total, si quiero construir un puto fuerte con mis sillas de mi oficina la que lo voy a arreglar soy yo. Y si algo se jode, que me lo cobren. ¿A ella qué chingados le importa? Y si me rompe algo, mi maceta o mi muñequita de Cersei: ¡Son míos! No son de la universidad. Un descaro considerando que la mujer tuvo un hijo a los 17 años y se lo dejó aventado a su suegra, no vive con el y se la vive quejándose de lo mucho que le cuesta.
Desde entonces decidí poner distancia entre Mrs. Smith y yo, lo que ella concluyó que se debía a que me entiendo mucho mejor con Miss Lil. Otro problema fue cuando me harté de que me usara para fastidiar a la Sra. Elton.

Le cuento, estaba en los sillones teniendo una plática cordial con la Sra. Elton y sus becarios, sus minions, como me gusta llamarles, cuando apareció la Sra. Smith y me sacó arrastrando de la conversación. Yo intenté ser cortés e incluirla en la conversación, pero ella insistía en ser pelada. ¿Saben qué me saca de quicio? Que no me escuchen cuando digo : "No". Quería que fuéramos a no sé donde y le dije, "estoy platicando, ahorita te veo" pero de la forma más pelada me sacó jalándome del brazo y me metió a un cubículo donde la Sra. Elton pudiera oír nuestra conversación. Me encanta cuando me tratan como su pendeja. Me sentí parte de un numerito ridículo e infantil, sin mencionar que no tenía interés en escuchar sus aventuras sexuales". Me molesté mucho y me quejé con Ser Café esta tarde, mientras echábamos humo como buenos compañeros de vicio en un lugar donde todo el mundo es tan limpio y saludable. 
Esa tarde, en mi oficina, hablé seriamente con ella y le dije que no me podía poner en medio de su pelea con la Sra. Elton porque yo no quiero problemas con nadie. Se ofendió, pero creí que lo habría entendido. 
Error. La Sra. Smith se empezó a portar estúpidamente molesta. A tratarme como "licenciada" y no dirigirme la palabra. Me valió verga porque tengo cosas más importante en qué pensar, como por ejemplo: ¿dónde está Gendry? 

[Nota: Por ahí leí que tal vez lo traigan para una pinche escena de la 6° temporada donde los Tyrell lo usarán como prueba de que los hijos de Cersei no son del rey Robert pero ya no quiero ilusionarme para que me terminen rompiendo el corazón como hicieron durante toda la 5° temporada] 

Se le pasó y yo me sentía culpable por evitar su compañía. "Tal vez soy muy dura con ella" Ya saben, con eso de que yo soy una mocha consumada que morirá con una corona de flores sobre la cabeza. "Es joven e inapropiada", pensé. Cuando empezó a soltar los comentarios sobre Ser Café y yo me sentí peor por él que por mí, todos sabemos que el pobre hombre terminó en terapia cuando la rubia que en sus tiempos libres practica equitación y danzas africanas le rompió el corazón después de seis meses de relación, pero otra vez la disculpé pensando que estaba celosa porque ella misma me confesó que le gustó un tiempo y él no le hizo caso. (¿Quién no le gusta a esa mujer?) La disculpé.
Una tarde de hamburguesas, en la que no invitó a Miss Lil a propósito para poder hacerme un drama del porqué "ya no la quiero", le solté algo tranquilizador para que me dejara en paz y seguí bebiendo mi cerveza.

Supuse que todo habría quedado ahí.

Pasaron los meses.

Hasta el sábado. Después de hablar por teléfono con Miss Lil como una hora y quejarme de los arrumacos desagradables de gato que me empiezan a sacar de quicio, Miss Lil me confesó algo.
Cuando ella acaba de llegar, la Sra. Smith le contó que yo era una doble cara y una hipócrita que me había ido a quejar de ella con el jefe a sus espaldas, y qué claro, qué se podía esperar de mí, si estaba aquí por influencias y siempre lo había tenido todo, que no había tenido que trabajar y salir adelante sola, como ella, que hasta era mamá... yadah yadah.

"No había querido decírtelo para no hacerte sentir mal, estaba esperando el momento adecuado, mejor no te confíes".

Ahora, quisiera aclarar algo sobre lo que me acusa Mrs. Smith: ¡Eso nunca pasó! Jamás, jamás en mi puta vida  me he sentado más de cinco minutos en la oficina de mi jefe, y eso para que me pase formatos de oficios o me entregue listas de libros revisadas. ¡Eso jamás pasó! ¿Acaso soy una verdulera chillona para ir a molestar a mi jefe que seguramente tiene cosas más importantes qué hacer cuando el sueño del oficinista es que NUNCA te llamen a la oficina del jefe? 

¿De dónde putas sacó una mentira semejante? Ni siquiera he hablado con él de gran cosa aparte de cómo estuvieron las vacaciones y por qué se retrasó mi pago.

Al parecer lo que pasó fue que mi jefe y Ser Café hablaban de la pelea entre Mrs. Elton y Mrs. Smith y Ser Café comentó que hasta yo estaba harta de que me usaran para molestarse entre sí. Oh sorpresa, Mrs. Smith estaba escuchando y decidió inventarse un cuento chino que difundir. 

Cuando colgué el teléfono pensé: ¿Cuánto voy a aguantar?
No sólo porque mi super investigación del agua en la Zona Metropolitana que en un ataque de iniciativa le pedí permiso a mi mero jefe para hacer  terminó como papel de borrador después de entregarla, o porque Pepe Lepú adore poner en evidencia mi ignorancia sobre administración pública haciéndome preguntas todo el pinche día, a veces frente a sus becarios sabiendo que no tengo la menor puta idea de quién dejó una secretaría para irse a una comisión y concluir con "uy, mujer, estás peor que mis alumnos". El mismo hombre que dice que si fuera jefe los correría a todos, menos a mí "por obvias razones", aunque todas las tardes me pregunte qué traigo de chamba, si ya le agarré el gusto al tema de la administración pública o qué proyectos tengo dentro del Centro. 

En marzo cumpliré un año. Tomando letras como antecedente, puedo decir que tal vez, con ayuda de zyprexa, lágrimas y un poco de Dr. Feelgood nocturno, tengo oportunidad de aguantar hasta dos años. Si tengo muchas suerte y me aplico al consumo de tabaco, puedo aspirar a una falla cardiaca antes de los 35, ya no falta mucho, porque la verdad es que estoy atrapada y no tengo a dónde ir. 

Es que no tengo a dónde ir.

Disculpe la entrada quejumbrosa, pero se lo tenía que contar a alguien y en este lugar nada es seguro. Las paredes oyen... literamente, estos está hecho de cartón pegado con resistol y todo se oye. Además, no tengo amigos a quienes les importe. Ya ven lo divertidos que se la pasaron los Weston cuando me quejaba de los chismes que corren sobre mi inocente amistad con Ser Café. Gracias, para que se diviertan a mis costillas ya tengo a toda esta gente. 

En la siguiente entrada les pondré algo bonito como premio.


P. S
Ah, y como si no fuera suficiente, hoy descubrí que Mrs. Smith ahora sí se pasó de la raya: me robó a doña Yola. Verán, la señora que hace la limpieza en mi oficina se llama Yolanda y desde que vio las fotos de mis perritos nos pusimos a platicar y me enseñó las fotos de los suyos. A diferencia de muchos imbéciles, ella los recogió de la calle y los esterilizó luego luego, sí, lo que nos prueba que la sensibilidad y el sentido común no tienen nada que ver con cuánto ganes. Su cachorrita había estado durmiendo en una caja de cartón con un suéter mientras se recuperaba de la cirugía, entonces le traje la camita de Luke Skywalker que no usa y que gracias a Dios no destruyó, junto con un cojín y un collar. ¿No son maravillosos los vínculos que se forman entre las personas que aman a los perros? La semana pasada me encontré a un desconocido haciendo mi oficina y la vi de lejos en la coordinación. Supuse que la habían mandado a otro lado... ¡pero no! Al parecer se dirigía a Siberia, donde esta mi humilde cubículo, cuando Mrs. Smith le gritó desde la coordinación y le dijo que limpiara ahí primero. Me enteré porque la señora Yola llegó hace ratito a contarme que "la señorita otra" la había hecho sentir muy incómoda cuando le preguntó dónde había dejado su anillo. "Yo no vi ningún anillo", contestó la señora y entonces llegó a mi oficina a asegurarme que era muy honesta y que yo que siempre dejaba aquí mi bolsa podía ver que jamás me había faltado nada porque de veras, ella era muy honrada. ¿Quién se cree ese muppet sacado a tamborazos de Iztapalapa para culpar a un señora trabajadora y decente de la pérdida de un anillo que perdónenme, no era más que hojalata y pewter.?Yo he dejado perlas en mi oficina por accidente y siempre están en el mismo lugar.

Muy bien Mrs. Smith, me haces chismes, me haces dramas, hablas mal de mí a mis espaldas. Pero te robaste a mi señora Yola, la que me cambia la bolsa de basura más seguido, me separa las botellas de agua para que las pueda reciclar y sí sabe tratar a un animal, no lo regala porque "me iba a mudar" (te estoy hablando a ti, Mrs. Smith)

Voy por ti, perra.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

El cine mexicano miente

Uno sabe que está jodido cuando tu propia madre te dice que no debiste haber nacido. ¿De veras? ¿Ya tan mal estamos que no debí haber nacido? ¡Mi propia madre! Debí haberme tardado más en salir. Tres horitas de parto no son nada. Ese es el problema de ser buen hijo. Debería ser una de esas pirujas que insultan y contestan como se les hincha un huevo y hacen lo que se les da la gana. "Sí mamita, no mami, como digas mothercita".  ¡Yo me he estado disculpando toda mi vida hasta por lo que no hago!

Ja, chale, gracias, madrecita. 

¿Mi crimen? Estar muy triste como para ir a hacerme pedicure, pedicure y depilarme las cejas. No tenía ganas.¿A quién le importa, quién me ve? No tengo una razón, nomás estaba triste. Estoy cansada. Podría ser hormonal, pero al parecer soy una ingrata que no debió haber nacido.
Disculpe usted, voy a averiguar en cuánto sale una lobotomia. ¡Tal vez así sería feliz!

De todo esto, podemos extraer una valiosa lección. María Isabel nos mintió:






"Déjela, don Ricardo, déjela que se vaya. Que me abandone. No me importa perderla si tiene de piedra el corazón."

No sufras María Isabel, mejor dile "ojala no hubieras nacido" o "¿para qué te traje al mundo? y ya que andas en esas, suéltale dos o tres trancazos verbales más. Total. ¡Hasta que chille, la canalla!