miércoles, 4 de noviembre de 2015

El cine mexicano miente

Uno sabe que está jodido cuando tu propia madre te dice que no debiste haber nacido. ¿De veras? ¿Ya tan mal estamos que no debí haber nacido? ¡Mi propia madre! Debí haberme tardado más en salir. Tres horitas de parto no son nada. Ese es el problema de ser buen hijo. Debería ser una de esas pirujas que insultan y contestan como se les hincha un huevo y hacen lo que se les da la gana. "Sí mamita, no mami, como digas mothercita".  ¡Yo me he estado disculpando toda mi vida hasta por lo que no hago!

Ja, chale, gracias, madrecita. 

¿Mi crimen? Estar muy triste como para ir a hacerme pedicure, pedicure y depilarme las cejas. No tenía ganas.¿A quién le importa, quién me ve? No tengo una razón, nomás estaba triste. Estoy cansada. Podría ser hormonal, pero al parecer soy una ingrata que no debió haber nacido.
Disculpe usted, voy a averiguar en cuánto sale una lobotomia. ¡Tal vez así sería feliz!

De todo esto, podemos extraer una valiosa lección. María Isabel nos mintió:






"Déjela, don Ricardo, déjela que se vaya. Que me abandone. No me importa perderla si tiene de piedra el corazón."

No sufras María Isabel, mejor dile "ojala no hubieras nacido" o "¿para qué te traje al mundo? y ya que andas en esas, suéltale dos o tres trancazos verbales más. Total. ¡Hasta que chille, la canalla!

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