jueves, 26 de noviembre de 2015

Se busca

Me temo que me he convertido en el siguiente blanco de la Sra. Elton. No sé ni cómo explicarlo. Oh, esto va a ser largo.   

Todo empezó en una junta nocturna el jueves pasado. La Sra. Elton no estaba. Aunque la junta empezó unos veinte minutos después de mi hora de salida, lo que no es bonito, fue bastante llevadera y tranquila. Había galletas. Todo mundo estaba enloqueciendo con la organización de un seminario. El jefe distribuyó obligaciones y resultó que a la Sra. Smith, la Sra. Elton y a mí, nos tocaba el registro de asistentes, el asunto molesto de los gafetes y programas. Cosas. Stuff and "thangs", como diría Rick Grimes. Bien, al otro día, me encuentro a la Sra. Smith en el baño, que me pregunta si la acompaño a ponernos de acuerdo con la Sra. Elton porque le da miedo. En toda mi inocencia y simpleza, la acompañé y empezó el problema.
La Sra. Elton ya me perdió el respeto, por completo. No sólo se quedaba callada con una risita macabra mientras exponíamos nuestros planes para hacer gafetes diferentes para los ponentes y los asistentes, las tarjetitas que indican "faltan 5 minutos" y demás cosas necias que nos tocaban, sino que al ver que no respondía, con todo y mi comentario jocoso; "¿estás botada de risa pro nuestra confusión?", también se colocaba a la defensiva viéndonos con cara de estar muy ofendida/divertida. Entonces, cantó la gorda:

—Bueno, veo que no quiere cooperar y yo no quiero discutir— dijo la Sra. Smith.
— ¿Qué, por qué no quieres discutir?— embistió la Sra. Elton como bestia loca — ándale, sí, ve corriendo a contarle al Dr. como siempre.
—Señoras, por favor, tenemos que... — intenté intervenir sin mucho éxito.
—Señorita, yo no estoy casada ni tengo un hijo — me aclaró la Sra. Elton haciendo referencia al hijo de cinco años de la Sra. Smith. 
— Pues yo sí tengo un hijo— contestó Mrs. Smith y me espanté. "Ahora sí se armó la gorda" pensé y seguí con mis vanos intentos de aligerar la situación.
— Bueno, bueno, damas, tenemos que ver cómo hacer esto, es la chamba... — ¿No aman mi paciencia?
— ¡Pues sí, para eso nos pagan!— me soltó la loca esa pero aguanté, como los mártires.
— En la junta el Dr. nos dijo que...
—A mí no me han informado nada.
— Porque usted estaba en Veracruz — le recordó Mrs. Smith.
— Mira, sabemos lo mismo que tú, sólo hablaron de las asistencias y de los registros— le dije, pero seguía sin cooperar. Qué frustración.

La cosa siguió así con embestidas y defensas hasta que me puso un cuatro en el que caí redondita.
—¿Y las constancias cómo se van a entregar?
Caí y le dije que no sabía pero que probablemente se entregarían ese mismo día, lo que yo no sabía es que ella está trabajando como espía (sí, así como de James Bond) con los de la Secretaría que se pelean con el Centro por el espacio y que unos insistían en firmar las putas constancias mientras los otros, o debería decir "nosotros", aunque no sé si aplique, argumentaban que siendo un evento del Centro no tenía nada que ver la Secretaría y sólo se requería la firma del jefe. Por suerte, no le dije nada sobre quién las iba a firmar, más que nada porque no sabía. 

La alerta sísmica nos salvó y una vez en afuera, mi jefe directo me preguntó qué había pasado y le reseñé con todo cuidado la pésima y fallida reunión. Hace un par de días, mi vecino de enfrente (que me tiene hasta el gorro), me visita y cierra la puerta. No les miento, siempre que hace eso me asusto, se me ocurre que me va a proponer matrimonio o algo así. Afortunadamente sólo quería decirme que habían desvinculado a la Sra. Elton de todo el evento y que el registro me tocaba sólo a mí. Me arrugué como pasa. Ah, chinga. Oh, bueno, "llenar unas hojitas no puede ser tan difícil", pensé (craso error). Al final me lo eché con ayuda de Dios y de los becarios porque los imbéciles que mandaron de quien sabe dónde para que lo hicieran servían para nada y para menos.
Han sido días duros, mi querido lector, por eso los tenía tan solitos. Ay, cómo los extrañé. 
La mitad del lugar trabajó como esclavo por tres días, yo me fui hasta las diez de la noche o más varias veces, imprimiendo gafetes, apartados, recogiendo paños, comprando café, cortando opalinas, llenando carpetas y ayer fue todavía peor.  Ayer llegué a las ocho de la mañana y me aventé todo el día registrando gente padrísima. Imagínese usted a una inocente servidora recibiendo gente con sonrisa falsa y repitiendo constantemente "Buenos días, lo molesto si se registra, por favor. Con nombre y procedencia basta. Gracias". Si no fuera porque los becarios "Musculitos", "Wolowitz" y "Bernardette" me ayudaron, hubiera fracasado todo y habría muerto de la mortificación. Así pasé el día, llenando hojas y repartiéndolas a los becarios que imprimían las constancias, mientras, la Sra. Elton pasaba tranquilamente con una sonrisa en la cara. Después del caos inicial, alrededor de la una de la tarde, llegaron sus seis (sí, ¡seis!) becarios a preguntarme si necesitaba ayuda. ¡Sí, la necesitaba a las nueve de la mañana!
Les saqué la vuelta y me largué. Me tocaba impedir que los asistentes entraran a la comida de los ponentes. Para mi sorpresa, me encontré a la tía de Fanny, que resultó ser la del catering. Está idéntica. Me hubiera detenido a pensar en el paso de los años y las vidas pasadas pero mi vecino de enfrente estaba muele y muele. 

Por fin, se acabó el día y creo que todo mundo estaba más muerto que otra cosa a las ocho de la noche. Los tacones se habían ido hacia horas y me dolía absolutamente todo. En el momento en el que por fin pude salir a matar pulmón con Ser Café, nos pusimos al corriente en los eventos del día. Bien, resulta que la Sra. Elton se largó con la presentación de uno de los ponentes. Eso ameritaría que la corrieran. ¡Se largó el día del evento con la presentación de uno de los ponentes! Y yo que estaba preocupada por haber entregado en desorden las hojas de registro. Faltas menores, faltas menores.

Pero este es un mundo extraño. El mundo laboral es extraño. Ya me quiero ir.

¿Han sentido ese cansancio horrendo que corroe el alma? ¡Ya no tengo alma! No podía despertar, quería dormir para siempre, en especial porque recuerdo haber soñado con algo relacionado con Gendry, el de Juego de Tronos. Ah, qué guapo es Joe Dempsie.

Hoy llegué una hora tarde. Estaba pacíficamente escuchando música  y dormitando en mi oficina cuando llegó la Sra. Smith con las últimas noticias: "La Sra. Elton me pegó".

¿Cómo? ¡Desperté en chinga!
Resulta que no le pegó, fue más una especie de jaloneo tipo catfight sobre unas llaves, pero aquí el punto es que hace rato que platicaba de los últimos chismes con Ser Café y Mr. Evil Law,  me confirmaron lo que ya me sospechaba: La Sra. Elton me culpa a mí de que la desvincularan del evento.

Aunado a los chismes que hay sobre mí y Ser Café (recordando que Ser Café rechazó los avances amorosos de la Sra. Elton en algún momento), ahora piensa que yo le quité la chamba del registro. ¡Claro, porque me moría de ganas por hacerla de edecán glorificada todo el pinche día! Fue idea del jefe y de mi vecino de enfrente, que en una reunión privada decidieron no incluirla no sólo porque se hace del rogar sino también porque le va con los chismes de todo lo que hacen a los enemigos de arriba. ¿Yo qué putas tengo que ver en eso? ¡Nada! Nomás estaba aquí. 

Me tiene entre ceja y ceja. 

Ahora sólo espero el momento en que sufriré su venganza. 

Vean correr a ese cervatillo. Sí, ese inocente con la playera de Blondie y los audífonos dispares. Ahora vigilen el ruido de los tacones del cazador que anda tras el pobre cervatillo despistado.

Y apunta, apunta, apunta...

En caso de ser asesinada por una Amy Bishop local cualquiera, quisiera dejar unas últimas instrucciones:

Debo ser enterrada sin embalsamar (no quiero a ningún necrófilo cerca de mí, a mí no me engañan, esa gente no está en el negocio por dinero), con una corona de flores blancas y el vestido de novia de mi Tita, por aquello de la posibilidad de un apocalipsis zombie. Si hay un Daryl Dixon en él quiero reunirme con su arco en un atuendo apropiado.  Mi coche será desmantelado y enterrado conmigo, junto con el féretro de Rito, el perrito. Lamento mucho si hay que tumbar el árbol que planté sobre él, Rito se va conmigo. Mis joyas también serán enterradas en una caja de plomo colocada bajo mi féretro.   Cualquier tipo de propiedad rentable, mi cuenta de ahorros y/o seguro de vida que pueda o no tener serán entregados en su totalidad, a mi primo, Carlos.  La colección de Barbies quedará bajo la custodia de mi hermana. Toda mi ropa y posesiones varias, zapatos, sombreros, coronas, réplicas coleccionables, etc., serán rematados en una venta de garage y/o subastados en internet y lo recolectado se donará a un albergue para perros abandonados, rescatados o enfermos. Anexaré una lista de los tres lugares de mi preferencia.

Por último, estimado lector, le pido que rece por mi alma porque tengo mucho pecados en mi lista... menos los que me gustaría haber cometido. (Mr. Dixon, lo estoy viendo a usted)

Y que Dios se apiade de mí.

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