lunes, 25 de enero de 2016

El fantasma de Rasputin

Ayer me pasó la cosa más rara del mundo: Me encontré al doble de Rapsutin pasado por cloro. Es que, de verdad, era idéntico, a excepción de algunas cosas básicas. Los pantalones, por ejemplo: Que yo recuerde, una de las cosas que admiraba de Rasputin pasado por cloro  —vamos a pasar por alto la nervosa forma de sus antebrazos, la sonrisa gentil... el caminar distraído y desfachatez encantadora para sostener el cigarro o esa mala costumbre que tenía de sólo abrir la boca en público para decir algo tan completamente acertado y adorable que me daban ganas de golpearlo porque debería ser una persona terrible para que una pobre desgraciada no se pasara años dirigiendo su TOC hacia un incauto que jamás supo que había una vieja loca vigilándolo— era su completo desinterés por qué diablos traía puesto. Recordemos algunos detalles célebres como la playera rota del festival de Jazz, la playera todavía más rota de Jimmy Hendrix o la chamarra de lana con extraños tejidos marrones y naranjas que yo juraba que debió haber sido herencia de algún abuelo. Ah, también usaba mucho color verde, por lo que no podía ser el sujeto de ayer, que estaba demasiado cuidadito y preppy. 

De todos modos, hice lo que pude por verle el color de los ojos al impostor, iba con su señora por lo que temí que mi sorpresa e interés por revisar a su novio fuera malinterpretado, pero después de agarrarme con la Sra. Elton por cuarenta y cinco minutos y salir victoriosa, creo que ya no le temo a nada ni a nadie. Para mi alivio, el sujeto tenía los ojos cafés, no azules, por lo que no era él y seguí tranquilamente con mis compras de bazar como cualquier persona feliz. 

En el aftermath, mientras admiro mi vestido nuevo color coral y descuido espantosamente mi labor como bibliotecaria para hacer lo que me encargó Mrs. Boss, me pregunto: ¿Y si hubiera sido él? Nada, me hubiera hecho la desentendida y hubiera fijado la mirada en algún lugar lejano del techo como si no lo estuviera viendo y/o sufriendo un brote psicótico como resultado de su presencia.
Creo que en algunos lugares le llaman: Chillin', just chillin'.

Ay, Dios, soy tan triste. 

viernes, 22 de enero de 2016

Mírame bien

¿Recuerdan Rebelde? Yo ya no me acordaba, pero por alguna razón misteriosa, ayer terminé viendo capítulos viejos de una telenovela que ha pasado a la historia como un momento a la locura. ¿Por qué? No sabría decirle, estaba viendo una película de exorcismos cuando me aburrí y mientras buscaba qué más ver, me salió Rebelde en las sugerencias, quesque "porque viste Skins". Oh, well!
Creo que en realidad no quería dormir. Quería alargar la noche lo más posible y Rebelde resultó ser tan terapéutico como lo fue la primera vez que la pasaron. ¡Es muy divertida!
Seguramente se están preguntando en qué momento comenzaré a quejarme porque es mala o absurda y ya saben lo que dicen de las telenovelas que carcomen al pueblo, etc.,etc., pero no. ¡Es maravillosa! 

Había olvidado la existencia de Ninel Conde, las minifaldas de meretriz (como las que usa la Sra. Elton), las botas de bruja (como la que también usa la Sra. Elton) y los romances confusos. También había olvidado que Anahí alguna vez fue una persona que hablaba, ya saben, desde que encontró chamba como primera dama de Chiapas no tiene que hablar. 
Lo único que me sorprendió fue percatarme lo espantoso que era el vestuario. ¡La mayoría se parece a los Picapiedra!¿Qué hay con las ombligeras de peluche? Fue perturbador, ya sin mencionar los microshorts y las botas. Es que: ¡Botas blancas sobre jeans deslavados! ¿Quién diseñaba eso? ¡Es que no lo sé! Lo que me queda claro es que debe ser divertidísimo. ¿Será uno de esos trabajos soñados? 
Nada más porque los quiero... y no tengo ganas de hacer un carajo, hoy compartiré un estudio comparativo de los crímenes y desvarios de vestuario en Rebelde.

Sí, esta es la primera dama de Chiapas... ¿quién quiere llorar conmigo?

Estoy confundida. Primero, esa tiene que ser una forma criminal de usar pintura corporal. ¿En serio mano? Yo le dibujaba mejores cosas en el antebrazo a mis amigas.

¿Qué es esto, prostitutas y padrotes prehistóricos?

Ahora vamos a discutir que Dulce está semidesnuda y Anahí también, pero por alguna razón está naranja (sí, es un Umpa Lumpa) en hot pants deportivos y botas (¿tenis?) de invierno. Es un misterio. ¿Le pagaron a alguien para escoger esta ropa? ¡No mamen!

Y me gustaría seguir quejándome pero me temo que Monsieur LeGrand llegará en cualquier momento y me fastidiará la fiesta con su presencia. 
Pero los dejo con una bella reflexión final: Las mujeres que usan shorts con botas de invierno ¿son indecisas o están confundidas? ¿es accidental o premeditado?
Eso, amigos míos, no lo sé. 

jueves, 21 de enero de 2016

Futura viuda

Cuando tenía unos cinco años mi mamá me compró unas pinturas para niños que incluían una pequeña paleta de plástico. Me pinté bigotes, me puse una bata y obligué a mi familia a que me llamara "Jimena Da Vinci" como una semana, después se acabaron las pinturas. (Nótese la confusión infantil entre Dalí y Da Vinci... era una niña, yo qué chingados iba a saber.)

Supongo que me acordé porque aproveché la hora de la comida para pintar un rato y estrenar mis pinturas nuevas. Sí, tengo pinturas nuevas, de las elegantes. No más ATL ni lienzos para estudiantes, NO SIR! Que sirva de algo mi vida de burócrata, aunque no he cobrado desde finales de noviembre y no tengo nin centavo. Chale, ya casi se me acaba el té y no tengo dinero. Supongo que si no anduviera comprando pinturas caras y pinceles elegantes tendría más dinero. Lo mismo va para las ediciones ilustradas y comentadas de libros que ya tengo pero necesito poseer en todo el ornato y magnificencia que las editoriales puedan producir para llenar los huecos emocionales de sus lectores. Esos aretes de rubíes con brillantes tampoco ayudaron, pero estarán de acuerdo que no es lo mismo llegar a un lugar donde un patán cualquiera me va a tachar de estúpida en mi cara, usando plástico que usando brillantes. ¡No es lo mismo, muñecas!
Y aproveché mi hora de la comida para jugar con mis pinturas nuevas. De repente olvidé cómo mezclaba el color para la piel. Oh, sí... eventualmente llegó a mí y cuando me di cuenta ya se había terminado el tiempo y otra vez iba tarde. Bueno, al menos me distraje... aunque no me sirve de gran cosa porque nunca me gustará nada de lo que hago.  ¡ARTE! Lo que hago no es arte, son monitos. Ni siquiera sé qué es arte.
¿Qué putas es eso?
No lo sé, digo, sigo despreciando profundamente mis tristes y limitadas habilidades pero al menos me gusta tener una versión modificada al oleo de alguna de las ilustraciones de Dulac para la Sirenita colgada en la oficina en lugar de una impresión barata de 50 pesos enmarcada con poco estilo, como Monsieur LeGrand, que ahora se desvive en cortesía, él y su adjunta. Ayer hasta me trajeron galletas y arándanos.
¿Qué putas?

Me insultan y luego me consienten. Pamplinas, pamplinas todas.

Me levanté con una canción en la cabeza. Some weird sin, de mi amado Iggy. Cuando me subí al coche descubrí con horror que no la tenía en el iPod y como resultado la he tenido puesta toda la tarde, cortesía de YouTube. Supongo que la muerte de Bowie me infundió el temor a quedar repentinamente viuda de mi perturbadoramente atractivo esposo, Iggy. 

¡Ay, Iggy, no mueras antes de que consumemos nuestro amor!
A estas alturas ya es mucho pedir. Por otro lado, he pasado dos días encerrada en la estantería, sintiéndome como en casa. Así debería vivir, para siempre, pero los putos de la Secretaría, Liberace y sus compinches, nunca soltarán las llaves y me temo que no volveré en un buen tiempo.
Bueno, al menos puedo contar dos días buenos.
Sí, han sido dos días buenos de inventario y quietud, la soledad me sienta bien, y como tal los atesoraré cuando tenga que sobrevivir a las juntas y los eventos donde no quiero estar. 

Escucho unos tacones a lo lejos, ¿será la Sra. Elton, usando una de sus minifaldas de meretriz? Me pregunto qué hará por las noches, ¿se sentará a cepillarse los chinos al compás de jazz parisino (que es lo único que escucha porque recordemos que ni siquiera conoce a Katy Perry) mientras planea el siguiente paso en su plan maestro para apoderarse del mundo?
Es extraño pensar que esa mujer se aferra a este lugar y este trabajo con el mismo esfuerzo con el que yo lo soporto. Si me pidieran la renuncia supongo que me sentiría mal, o tal vez se me quitaría un peso gigantesco de la espalda. Si me corren no fue mi culpa y hasta podría hacerme la víctima con mi papá: "pobre de mí, no logré convertirme en urbanista, buh, buh, buh"pero si renuncio sería como soltarle una cachetada de ingratitud a mi bondadoso padre, y eso sí que no me dejaría vivir. 

La ingratitud es el único pecado que no soporto. Lo que nos lleva al "weird sin" del que habla Iggy. No todos los pecados son iguales, y yo ya tengo una colección importante como para andarle agregando cuentitas al rosario.
Las cuentas que suenan todo el día.
No importa, al menos no soy un imbécil arrogante y sé usar pantalones y largas faldas, a diferencia de la fauna local. 
Eso es, fauna.
De hoy en adelante los observaré como si fueran habitantes de una población de caníbales, primitivos y salvajes, que quieren consumir mis huesitos en caldo. 
¡No se vale, soy vegetariana!

martes, 19 de enero de 2016

La nueva batalla del 5 de mayo

Fui al dentista. Sí, yo sé (who fucking cares?). El punto es que al momento de hacer cita les pedí que fuera en sábado porque no puedo estar pidiendo permiso a cada rato en el trabajo.
— ¿No puedes en la tarde, pues a qué hora sales?
— A las ocho y media.
—¡Estás ahí todo el día! 
— Entro a las nueve.
— ¡Son casi 12 horas!
— Eso pensé yo cuando me dijeron.
La señora que reconstruyó mi jodida muela suspiró y dijo (la muy incauta):
— Uy, te debe gustar mucho tu trabajo.

...

(Cara triste y sombría)

Sí, este... así debe ser.

Ya ni les cuento que Monsieur LeGrand se encabronó con los libros que compramos (sí, esos que me pidieron en un plazo de seis horas o menos bajo con la siempre pendiente amenaza de perder el presupuesto de todo el año si no me las ingeniaba para gastarlo todo en medio día. ¡Gracias!) y me soltó que básicamente había pedido puras estupideces y que se veía en qué manos estaba la biblioteca, que no tengo criterio y no sé qué tantas mamadas más. Como toda una dama que soy (una dama que está hasta la madre) lo mandé a la chingada como diez minutos y  después de semi gritarle que lamentaba haber roto su corazoncito con mis incapaces manos lo dejé hablando solo y me largué a fumar con Ser Café
Después llegó a disculparse, claro, después de que mi jefe salió a mi defensa.  Más tarde, cuando una vez más salí a fumar con Ser Cafe y le conté que se disculpó, me dijo "¿Se disculpó contigo o con tu papá?" Obviamente le da puto molestar a mi papá, por mí no da un pinche peso. ¿No les encanta que la gente los ame para ver qué le sacan a uno? Puta madre, me encanta. 

No hay sueldo en el mundo que amerite aguantar tanta mamada. ¡Por favor, por favor, que ya me corran! La verdad no creo aguantar un año más sin descender en una vorágine de alcoholismo y automutilación que me lleve a los antipsicóticos de nuevo... Oh, wait, nevermind.

viernes, 15 de enero de 2016

¡Ay, corazón, cómo me dueles!

Hice una estupidez. Ay, mi querido lector, ahora sí hice una estupidez.
¿En qué estoy pensando? Le diré: No estoy pensando.

Me siento como uno de esos ratoncitos de laboratorio (como mi difunto Monet Morococó) que tratando de escapar de una mano se cae en otro hoyo y así sucesivamente. Estoy desesperada por salir de aquí pero no encontraba ninguna salida honorable que me lo permitiera. ¿Qué hacer?
Aceptémoslo, no voy a casarme, que sería lo mejor, aunque el matrimonio de mis amigas me haya comprobado que el casarse es un boleto directo hacia la pobreza, al menos se trata de una tarea noble. Eso necesitaba pero no se me ocurría nada. ¿Cómo escapar sin decepcionar a mi padre?
¡La maestría!
El problema es que el proyecto que mandé era una mamada, la carta de motivos estaba peor y ni siquiera sé si completé el trámite decentemente o cargué los documentos correctos. No sé cómo le hice, ni qué puse. Sólo iba improvisando un paso a la vez. Extrañamente, se me hizo más rápido y menos abrumador que de costumbre, tal vez porque la opción era salir al pasillo y arriesgarme a ser atacada por la Sra. Elton, que encima de todo le fue a enseñar mi oficio a Liberace, el de la Secretaría de arriba que nos odia, lo que no puede ser bueno. ¿Por qué tengo que vivir teniéndole miedo a burócratas por los que en cualquier otra circunstancia no daría ni un peso? ¿Los respeto? ¡No! ¿Quiero convivir con ellos? Hell, no!

No sé qué diablos estoy haciendo. Es difícil concentrarse en este espacio de reclusión macabro que por más que adorne no termina de resultar acogedor. Ni si quiera los juguetes, el pizarron con las frases de Jane Austen o el oleo de la sirenita ayudan.

Oh, Dios...
Ahora, no sé si me da miedo que me acepten o no me acepten. Por un lado, si ni siquiera consigo fecha de examen, al menos le probaría a mis padres que lo mío es falta de capacidad, no de voluntad. Ya sabe usted, no me importa que piensen que soy idiota, lo que no soportaría es que piensen que soy floja, eso sí que no. 
La posibilidad más aterradora es que de alguna forma termine de regreso en la Facultad a la que juré no regresar. ¿En serio? No creo que pueda, los últimos semestres casi acaban conmigo. No quiero regresar a esa vorágine de abuso de bebidas espirituosas, fobia social, angustia y self loathing, pero no se me ocurrió otra cosa.
No quiero estar aquí pero no quiero estar allá. Como diría el chaparrito, "no mihallo".

Ahora sólo me queda esperar. En el mejor de los casos me batean de todos los recursos de emergencia que me he inventado para escapar de este lugar y rescatar lo poco que me queda de alma, en el peor de los casos me los tengo que echar todos, hasta las ponencias que representan mi peor miedo (hablar en público). No sé si haya un término medio. Me duele la espalda y me siento extrañamente agotada. 
Es que tiene que haber otra opción, pero no veo ninguna.


miércoles, 13 de enero de 2016

Papel de reciclaje

Creo que estoy maldita. ¿O seré una malcriada? A lo mejor sólo "he tenido la vida muy fácil" como dice a mis espaldas Mrs. Smith. No me duele. Eso me sorprendió. Cuando Miss L* me contó las cosas que le había dicho de mí no sentí nada en absoluto, ni siquiera sorpresa. Creo que sufro más por personajes ficticios de una serie de novelas que jamás terminaré de leer que por las personas que te usan hasta el cansancio mientras te odian secretamente. Yo podría envidiarla. Ella tiene un hijo, yo nunca tendré uno, pero supongo que es mejor así. Un día descubrí que me he vuelto inmune a ese tipo de cosas. No espero nada de la amistad, como que uno llega a un punto en su vida en que da por hecho que los amigos dirán cosas terribles de uno a sus espaldas, y así funciona y está bien. Ya ni siquiera puedo pensar en la diana que me pintó el jefe en la frente al llamarme ayer a su oficina para decirme que ahora se supone que yo reúna una junta como la que quería la otra vieja loca en la que ya no tengo energía para pensar. ¡Puta madre! No quiero hacer eso. Hay gente que ama exhibirse y socializar y jugar a sentirse especial e importante. Yo sólo quiero que me dejen en paz. Es que no puedo. Estoy hasta la madre.

Hartazgo. 
Hartazgo.
Hartazgo.

 Lo que me sorprendió enormemente fue descubrir que no recuerdo algo que me haga feliz. Mis cachorros, claro, tal vez la tele... pero en el fondo es como si tuviera un hueco gigantesco que no se llena con nada. Anoche abrazaba a Fortunato pero no me sentía de ninguna forma particular. Me siento mareada, claro. Tomo demasiado café. Hace rato tenía una ligera taquicardia, si es que eso existe. A veces tengo hambre. Me duelen la parte interna de los antebrazos. Creo que es por estar sobre el teclado todo el día. ¿O habrá sido por cargar la caja de libros? No puedo estirar los brazos sin que me duelan.
Hace rato, Ser Café me preguntó: ¿Qué te hace feliz?

...


No tengo la menor idea.

A últimas fechas nada sabe a nada. Ni comer, ni beber ni comprar, ni respirar. Me falta el aire.
Es como tomar aire una y otra vez y no terminar de llenar los pulmones. No voy a dejar de fumar. Es la única forma de suicidio pasivo que conozco. 
Tengo tos. ¿Se habrá enojado Mrs. Pills por cancelar la cita del domingo? Estaba enferma. No sé si era sólo la tos con flemas y la sensación de tener las manos y brazos calientes, pero no pude levantarme el domingo. Hice un esfuerzo sobrehumano para ver a Miss L* el sábado. Fue mucho. No podía seguir.

Quiero sentarme en una banqueta y poner la cara entre las rodillas hasta que pueda respirar otra vez. ¡Es que no hay aire!

Faltan tres horas.

Ya no recuerdo haberme sentido feliz. ¿Cómo era? ¿Dónde se sentía? ¿Cuándo fue? A lo mejor en algún viaje. Un año o tal vez más. ¿Fue después de subir los cientos de escalones medio excavados en la piedra para llegar al Monasterio?  Creo que sí. ¿Fue cuando compré la quinta temporada de The Walking Dead?
Tengo que llegar a mi casa. Tengo que llegar a mi Zyprexa.

No creo que pueda hacer esto. No creo que pueda hacer nada... es que no me interesa.

Ahora estoy divagando.

martes, 12 de enero de 2016

Live for Cersei, live for Tyrion, live for vengeance

¿Recuerdan el pleito con la ingeniera? Pues se puso peor. Los acontecimientos van más o menos así:
Me quejé con mi jefe.
Pasé dos días planeando mi venganza.
Atravesé por un momento de claridad de corazón en el que supuse que lo mejor sería olvidar el insulto y seguir adelante... claro, hasta que:
¡Se apareció en mi oficina el viernes en la noche para entregarme más oficios!
 Como se imaginará usted, mi querido lector, perdí la razón. Empecé a temblar y le reclamé todo, absolutamente todo lo que se me ocurrió. La pinche vieja loca lo negó todo, hasta la confronté con el oficio y se hizo pendeja. Peleamos y peleamos en una sucesión de acusación/negación que duro más de media hora sin llevar a nada. Finalmente, mi vecino, Monsieur LeGrand se despidió y aproveché para terminar con el lío. Claro, en cuanto llegué a mi casa me solté a llorar como maniaca. Estaba en los berridos, llorándole a mi mamá en la cocina con una botella de vino cuando me habló mi jefe, Monsieur le avisó que la loca y yo estábamos discutiendo "muy alteradas", y por supuesto le conté que había tenido una discusión con ella y que a grandes rasgos me había salido que como ella es jefa de unidad y yo sólo una asesora en su área puede hacer lo que se le hinche un huevo. Cuando leí los oficios que me entregó descubrí que no sólo yo le valgo madre, sino también el coordinador, al que le pasó por encima convocando una reunión a nombre de todo el lugar por sus pantalones, con copia pa' todo mundo, hasta la Secretaría Académica. Supuse que a mis jefes (al inmediato y al mero mero) les iba gustar menos que a mí.
Por supuesto le conté.  
Ya sólo debía averiguar cómo salvar mi dignidad en esta situación tan embarazosa. Mi papá y mi hermana me salvaron. Mi hermana me consiguió unos libros gratis como donación y mi papá me dictó lo que debía responderle a esta pinche vieja por escrito, igual que hizo ella. "Y no vayas a esa junta". Me apresté a salvar mi orgullo y el lunes escribí un oficio de lo más decente, pero llegador, con copia para todos lo que ella ya había anotado en su oficio anterior, comentándole que me era imposible asistir a la reunión a la que convocaba porque el principio de autoridad me impide emprender acciones administrativas que vayan en contra de las instrucciones giradas por mi superior inmediato (que no es ella). Técnicamente hablando era cuestión de decirle "Vete al diablo, no eres mi jefa".
Claro, cuando le entregué la copia a mi jefe, me enteré que el mero mero, el coordinador, canceló la reunión basado en que efectivamente nadie que no sea él puede organizar reuniones a nombre de todo este bendito espacio
No me importó, le iba a entregar mi coqueto escrito a como diera lugar y cuando la intercepté y la invité a mi oficina para entregárselo y hacerla firmar de recibido, tuvo la audacia de ponerse a explicarme cómo iba a organizar la junta. Hasta me mintió descaradamente argumentando que era "la premura" con la que se había convocado el asunto la razón por la que no teníamos ni espacio ni apoyos. ¡Ja!
Le dije que no iba a ir a la junta y que en el oficio le explicaba mis razones. Después le sonreí con todos los dientes muy a pesar de las ganas infinitas que tenía de cachetearla. 

Uno creería que el asunto estaba concluido. Tal vez, pero aún quedan un par de cabos sueltos.  Al parecer el jefe la regañó ayer en la tarde (cuando yo no estaba porque llevé a mi papá al aeropuerto), no sólo por su asombrosa iniciativa para ejercer funciones de patrón en su ausencia sino también por insultar y rasguñar a Mrs. Smith (¿No les había contado eso? Sí, eso hizo). Ella lo negó todo y exigió ver un video. No hay video.

Nadie me ha dicho si fui mencionada en la plática, pero seguramente ya le mentó la madre por andarse saltando los escalones en la jerarquía y le informó que canceló su numerito.
Cualquier persona con sentido común pensaría que el evento se canceló porque ella solita no puede andar convocando reuniones de vinculación a nombre de nada porque no está en sus facultades, pero esta mujer está seriamente  perturbada y es muy estúpida, lo que me sugiere que hará lo más obvio y me culpará a mí, o al menos eso piensa Ser Café.
Ahora, sólo me pregunto cuándo cobrará venganza, porque lo hará.

Vamos a recordar las sabias lecciones que nos ha regalado CdHyF:

"Cersei is as gentle as King Maegor, as selfless as Aegon the unworthy, as wise as Mad Aerys. She never forgets a slight,  real or imagined. She takes caution for cowardice and dissent for defience. And she is greedy. Greedy for power, for honour, for love."
 A Dance with Dragons




Estimado lector, si no escribo en el plazo de una semana es porque todo va muy bien o muy mal y ya me atropellaron. Dejaré en un sobre amarillo los datos de la responsable de cualquier accidente que sufra en los próximos días. Favor de dirigir las pruebas a las autoridades correspondientes.



Ah, pero no podía poncharle las llantas como una persona normal, tenía que ponerme creativa.
Gracias, sentido común, gracias.

viernes, 8 de enero de 2016

Clips

Intentaba mantenerme ocupada para superar el berrinche que hice con la majadería de la Sra. Elton cuando me puse a escanear documentos que según yo podría necesitar después... digo, ya había sufrido suficiente.
No sé si fue el agotamiento, el estrés o el asco que me provoca esa arribista insignificante, pero cuando le quité el clip a unas hojas vi la marca de óxido y casi me puse a chillar. Verá usted, cuando hacía el servicio social, ya saben, esa breve etapa en mi vida en la que tuve periodos en los que sinceramente me creí feliz (con todo y que empezaba a hacer las pases con mi predestinada soltería perpetua), el señor Javier, del archivo, siempre me regalaba los clips que le iba quitando a los documentos, casi todos del siglo XIX, que aunque usted no lo crea tenían formas coquetísimas, especialmente los del tiempo de don Porfirio, porque los clips manchaban de óxido los documentos. "Mira, pequeñas antigüedades" y así coleccioné una pequeña cantidad que actualmente están guardados en un pastillero que compré en el bazar de antigüedades que había en Álvaro Obregón por las mismas fechas. 

Estaba en eso cuando pensé en las cosas que extraño:

El calor del pelo de Rito sobre mi estómago cuando despierto.
Extraño su respiración. 
La sensación de papel antiguo y amarillento.
El terror de ver un fragmento de papel desprenderse de las orillas.
El olor a bisquets recién horneados al entrar al metro Cuatro Caminos.
El aire frío con olor a fritangas de la mañana en la calle de Brasil.
A Fanny.
Escribir cartas.
Adivinar la hora por los gritos de la señora que pasaba enfrente del Museo todos los días insultando a los impresores de Santo Domingo, como relojito.
El maniquí que algún día cobraría vida y escaparía del aparador de una de la tienda de trajes y casimires en la calle de Brasil para tomarme en sus brazos y huir hacia el horizonte.
Caminar al Oxxo usando una bata.
El jardín interior que se inundaba en época de lluvias y parecía una pequeña laguna privada para mi disfrute particular.
Recibir instrucciones y correcciones. 
Entregar papeletas y sentir un ligero temblor en las rodillas cuando debía subirme a la escalera para sacar uno de los legajos de la última estantería.
Al doctor que todos los días, entre la una y media y las dos de la tarde, entraba al archivo, revisaba los ficheros, escribía un par de notas y después salía a fumar exactamente dos cigarros Camel apoyado en el barandal, sin decir una sola palabra y siempre con el mismos saco de tweed.
Peinarme.
Firmar como Miss A. Elliot.
Pensar que cualquier cosa podía pasar.
Imaginar la existencia de personas en mi cabeza.
El polvo de los legajos.
Usar guantes.
Usar sombrero.
Saltar del camión y caminar dos cuadras hasta mi casa.
Sentirme joven.

Tal vez se me agotaban las cosas qué extrañar cuando una bolsa de basura voló frente a la ventana de mi oficina, que como ya les he dicho da a un muro blanco. Es lo más bonito que me ha pasado en estos días, eso y unos aretes fabulosos que me compró mi madre. Las penas con pan son menos.
Ahora sólo debo sobrevivir el día de hoy. 
Ya después podré atesorar las pocas alegrías que actualmente me procuro, esos pedacitos de felicidad que aunque pocos en el día, ahí están. Por la noche, me recibirán mis hijos, me acurrucaré con Fortunato en su casita hasta que el viento me congele los pies, después le leeré poesía en voz alta a Mina y Luke, de preferencia con sus cuerpecitos sobre mis pies, tal vez me bañe y me quede sentada bajo la regadera hasta que me deje de doler la espalda y todo huela a gel corporal de coco. Con suerte habrá una película de terror. ¿Después? ¿Dormir? Quisiera evitarlo, he tenido unas pesadillas horrendas, ayer soñé que Fortunato era atacado por un perro gigantesco que le arrancaba un pedazo del cuello. Lloraba horriblemente y yo me ponía a gritar que alguien lo matara para que dejara de sufrir. Entonces la dueña del perro le disparaba tres veces en la cabeza. Desperté sudando como a la una de la mañana y fui por una botella de agua. Fortunato estaba dormido con mi hermana pero la angustia seguía ahí. Me volví a dormir y soñé que dejaba de fumar porque estaba embarazada. No, dormir no es una opción.
Caray... tiene qué haber algo más.
¿Qué me gusta de este lugar? Tiene qué haber algo. Disfruto de la compañía de Miss L* y Ser Café, pero la primera se fue a otro lugar y ya sólo me queda Ser Café para platicar. Si mi vecino, Monsieur LeGrand me vuelve a grillar durante más de hora y media como ayer, no sé qué pase con mis nervios. Tal vez llore y corra.
La verdad es que este campus nunca me ha gustado mucho y sólo me trae recuerdos del fin de una época feliz, o al menos de la decadencia, lo que necesariamente tiene un sabor amargo. Ver la estatua frente a la biblioteca, la superficie de las bardas y los jardines me causa pesar. No siento nada especial por las cafeterías, me da flojera caminar hasta cualquiera de ellas. Hasta puedo resistir la necesidad de comprar una coca de dieta sólo para evitar verle la cara a las horrendas y groseras mujeres que la atienden. Los universitarios me sacan de quicio. 
Tal vez algún día extrañe a la Señora Yola y a su esposo, los que hacen la limpieza tres veces a la semana. Sí, los extrañaré a ellos. Supongo que extrañaré la conexión a internet o el dinero. El dinero siempre se extraña y la verdad es que dudo que pueda encontrar jamás un trabajo mejor pagado que éste, vaya... vamos a dejarlo en "cualquier otro trabajo". Ah, sí, extraño mi autoestima profesional. Se me olvidó ponerlo en la lista. No lo sé. Hace una semana que no tomó antidepresivos, sólo ansiolíticos y el zyprexa, muy poquito, en realidad, y creo que he estado bastante estable. Vamos a ver cómo sigue la próxima semana. Tal vez, sólo tal vez, las cosas mejoren. Sí, así será y seguramente  se me ocurrirá algo más que podría llegar a extrañar de este lugar. Seguramente debe haber más cosas, sólo que ahora no las vemos.

Será, será, diría Ned Flanders esperando que se acabe el mundo.

miércoles, 6 de enero de 2016

La venganza

Así es, la Sra. Elton por fin me la aplicó. ¿Sabe usted qué hizo? Mandó un oficio al coordinador, al estúpido de Liberace y a la directora de la biblioteca de la Facultad pidiendo asesoría porque en "su" capacidad de "jefa de documentación" (lo puso en negritas), le compete ocuparse de "implementar un acervo bibliográfico" en el Centro, sí, ya saben, porque al parecer yo no existí durante el último año. Se los juro, pide asesoría para "implementar un acervo" (lo que yo ya hice), un catálogo virtual (¿como alguno de los cinco o seis que me eché en el año, incluyendo la clasificación que esta estúpida jamás habría podido sacar porque ni siquiera sabe hacer una puta bibliografía?) y demás "propuestas encaminadas al mejoramiento de los servicios que brindamos", como podría ser un Manual de uso de la Biblioteca, tal vez... ¡Oh, no, esperen, está hecho! También lo hice yo y a diferencia de ella que pudo trabajar un año en un manual de 40 páginas que rechazaron por malo y vergonzoso, yo tuve que hacer ese manual en menos de un día y aún así lo saqué y lo hice bien. ¿Qué hizo ella? Nada, esclavizar a sus seis becarios mientras yo me echaba mi poca chamba yo solita para que ahora me pase por encima y a nadie le importe un carajo. 
 En cuestión de unas cuantas líneas, la estúpida ingeniera ambiental decidió volverse bibliotecaria, cuando es bien conocido que la única razón por la que su unidad lleva ese nombre es porque no había otro lugar donde meterla y que la única estúpida que se encarga de los libros soy yo. Así, de madrazo, le informó a todo el que quiso oírla, con sello y todo, que al parecer no hay biblioteca, no hay catálogos, no hubo adquisiciones, ni donaciones, ni manuales en todo el puto año porque yo no soy nadie, no existo. 
Como se imaginarán, hice un desmadre de proporciones bíblicas, aunque dudo que a alguien le importe. A nadie le importa. 


En momentos como este debo respirar hondo y preguntarme: ¿Qué haría Varys en esta situación?

Esperaré... no sé cuánto, pero les juro que me voy a desquitar de esta pinche vieja. Desafortunadamente no se me ocurre nada.

¿Qué hacer, qué hacer? Si a usted se le ocurre algo le suplico de la manera más atenta que deposite cualquier idea o sugerencia en los comentarios, gracias.

Queda muy suya
Jimena