lunes, 25 de enero de 2016

El fantasma de Rasputin

Ayer me pasó la cosa más rara del mundo: Me encontré al doble de Rapsutin pasado por cloro. Es que, de verdad, era idéntico, a excepción de algunas cosas básicas. Los pantalones, por ejemplo: Que yo recuerde, una de las cosas que admiraba de Rasputin pasado por cloro  —vamos a pasar por alto la nervosa forma de sus antebrazos, la sonrisa gentil... el caminar distraído y desfachatez encantadora para sostener el cigarro o esa mala costumbre que tenía de sólo abrir la boca en público para decir algo tan completamente acertado y adorable que me daban ganas de golpearlo porque debería ser una persona terrible para que una pobre desgraciada no se pasara años dirigiendo su TOC hacia un incauto que jamás supo que había una vieja loca vigilándolo— era su completo desinterés por qué diablos traía puesto. Recordemos algunos detalles célebres como la playera rota del festival de Jazz, la playera todavía más rota de Jimmy Hendrix o la chamarra de lana con extraños tejidos marrones y naranjas que yo juraba que debió haber sido herencia de algún abuelo. Ah, también usaba mucho color verde, por lo que no podía ser el sujeto de ayer, que estaba demasiado cuidadito y preppy. 

De todos modos, hice lo que pude por verle el color de los ojos al impostor, iba con su señora por lo que temí que mi sorpresa e interés por revisar a su novio fuera malinterpretado, pero después de agarrarme con la Sra. Elton por cuarenta y cinco minutos y salir victoriosa, creo que ya no le temo a nada ni a nadie. Para mi alivio, el sujeto tenía los ojos cafés, no azules, por lo que no era él y seguí tranquilamente con mis compras de bazar como cualquier persona feliz. 

En el aftermath, mientras admiro mi vestido nuevo color coral y descuido espantosamente mi labor como bibliotecaria para hacer lo que me encargó Mrs. Boss, me pregunto: ¿Y si hubiera sido él? Nada, me hubiera hecho la desentendida y hubiera fijado la mirada en algún lugar lejano del techo como si no lo estuviera viendo y/o sufriendo un brote psicótico como resultado de su presencia.
Creo que en algunos lugares le llaman: Chillin', just chillin'.

Ay, Dios, soy tan triste. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario