martes, 19 de enero de 2016

La nueva batalla del 5 de mayo

Fui al dentista. Sí, yo sé (who fucking cares?). El punto es que al momento de hacer cita les pedí que fuera en sábado porque no puedo estar pidiendo permiso a cada rato en el trabajo.
— ¿No puedes en la tarde, pues a qué hora sales?
— A las ocho y media.
—¡Estás ahí todo el día! 
— Entro a las nueve.
— ¡Son casi 12 horas!
— Eso pensé yo cuando me dijeron.
La señora que reconstruyó mi jodida muela suspiró y dijo (la muy incauta):
— Uy, te debe gustar mucho tu trabajo.

...

(Cara triste y sombría)

Sí, este... así debe ser.

Ya ni les cuento que Monsieur LeGrand se encabronó con los libros que compramos (sí, esos que me pidieron en un plazo de seis horas o menos bajo con la siempre pendiente amenaza de perder el presupuesto de todo el año si no me las ingeniaba para gastarlo todo en medio día. ¡Gracias!) y me soltó que básicamente había pedido puras estupideces y que se veía en qué manos estaba la biblioteca, que no tengo criterio y no sé qué tantas mamadas más. Como toda una dama que soy (una dama que está hasta la madre) lo mandé a la chingada como diez minutos y  después de semi gritarle que lamentaba haber roto su corazoncito con mis incapaces manos lo dejé hablando solo y me largué a fumar con Ser Café
Después llegó a disculparse, claro, después de que mi jefe salió a mi defensa.  Más tarde, cuando una vez más salí a fumar con Ser Cafe y le conté que se disculpó, me dijo "¿Se disculpó contigo o con tu papá?" Obviamente le da puto molestar a mi papá, por mí no da un pinche peso. ¿No les encanta que la gente los ame para ver qué le sacan a uno? Puta madre, me encanta. 

No hay sueldo en el mundo que amerite aguantar tanta mamada. ¡Por favor, por favor, que ya me corran! La verdad no creo aguantar un año más sin descender en una vorágine de alcoholismo y automutilación que me lleve a los antipsicóticos de nuevo... Oh, wait, nevermind.

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