jueves, 18 de febrero de 2016

Un episodio de telenovela

Como estoy aburrida a muerte a les voy a contar un cuento interesante.
¿Recuerdan al abogangster residente? No se crean, sí me cae bien, es simpático, en especial cuando habla de mitos en lugar de mujeres, aunque sus devaneos amorosos son divertidos. No sé si ya les había contado de un episodio extraño muy al estilo de La Rosa de Guadalupe que tuvo lugar hace un tiempo, pero no importa, si ya lo hice lo volveré a hacer. 

Estaba su atenta servidora en su lugar de siempre cuando la pila del iPod comenzó a decaer. "Maldición", pensé, tendría que ir al coche por mi cargador, por lo que tranquila y felizmente me apresté a ir. Oh, sorpresa, cuando voy saliendo me encuentro a la becaria no.1 hecha un mar de lágrimas en el pasillo. Andaba buscando al susodicho sin éxito. ¿Qué putas? Me vio, la vi, la saludé y mi instinto maternal frustrado se apoderó de la situación. En especial entré en pánico porque ya me habían contado de la becaria no.2 que había entrado como su reemplazo. ¡No quería que se encontraran y se armara la gorda! Me la llevé rumbo al estacionamiento para que se calmara... y se fuera. Ella seguía llorando y me contó todos sus problemas con el abogangster residente, de cómo ya tenían planes para el futuro y tantos proyectos después de siete meses de relación, lo que me sorprendió porque yo había escuchado una versión completamente diferente  de los mismos eventos, cortesía de Ser Coffee, que me pasó el chisme. Sí, eso pasa en las oficinas donde la gente está atrapada doce horas diarias. 
A final se calmó, nos despedimos y ella se fue. 
Me sentí terrible por ella, después de todos es una niña, tiene 22 años. Claro, es una niña que se involucró con un hombre soltero de cuarenta, lo que no auguraba nada bueno desde el principio. ¿Les he contado que parece que yo los presenté? Yo no sabía, ella me lo dijo. Fue un accidente, en realidad pasó porque hubo un tiempo en que mi oficina era el punto de reunión social por estos lugares y todo mundo llegaba y se sentaba a platicar por horas, antes de que Monsieur LeGrand y la Sra. Elton llenaran esto con sus becarios sin dejarle mucho espacio a nadie más. Un día ella estaba sentada conmigo, platicando cuando llegó él a hablarme de mitología y libros, como siempre. Ahora que lo recuerdo debí percibir esas primeras miraditas curiosas pero me parecía tan improbable que no pensé en que hubiera nada de malo cuando ella me preguntó si sabía qué podía dejarle en una nota que quería dejarle en su oficina. Le dije que era fan de Borges y le di el dato de su cuento favorito, uno que le daba por leer en voz alta durante las tardes muertas. Soy una persona terrible. La verdad nunca pensé que pudiera pasar algo ahí, parecía poco probable, por la edad de ella y porque a mí me parece que es obvio para todo ser humano que él no es hombre adecuado para relacionarse, digo, salta a la vista. ¿En qué cabeza cabe? En la de una jovencita romántica. De hecho, ella fue la que me bautizó como "la tía de la oficina" y ahora que lo pienso y veo posible convertirme en tía de verdad, me da un gusto impresionante. No puedo esperar a convertirme en una de esas solteronas que beben directo de la botella en fiestas familiares y arruinan todo... oh, esperen, tal vez estoy más cerca de mi objetivo de lo que creía. 
Bien, el punto es que ya no la he vuelto a ver, aunque según el involucrado, lo sigue buscando. Según yo, él debería recapacitar, agradecer su buena suerte y casarse con ella. Debería apreciar su buena suerte, entrampó a una chamaquita. Es que de verdad que no lo entiendo. ¿Alguien cae por esas estrategias de conquistador de libro de texto? Las jovencitas inocentes, supongo. Espero de verdad que se recupere y olvide todo este feo asunto, como le dije "atesora lo que viviste con él" y luego sigue adelante. De verdad que debería convertirme en terapeuta, al menos me pagarían al contado. 
Ay Dios, ni siquiera son las once.
Supongo que ahora sólo me relajaré y esperaré al siguiente chisme, que será el recorte de personal. Extrañamente, no me asusta como debería el quedarme sin trabajo, ya será obra de Dios. Como voy a estar aquí todo el día estoy pensando qué haré a la hora de la comida. ¿Ir a visitar a Jane? Hace mucho que no lo hago, aunque también podría hacerme manicure o ir a nadar, pero ya fui dos veces en la semana, ya fue mucho.
 Ese es el problema con la gente, no tiene hobbies, por eso se involucra en relaciones interpersonales inadecuadas y destinadas al fracaso. Sufrimiento de gratis. De veras chavos, necesitan pasatiempos. Ah, el mal de la juventud, que bueno que se quita rápido.

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