martes, 5 de abril de 2016

Días soleados

Monsieur LeGrand parece estar muy ocupado y no ha llegado en todo el día. Quiero esperar a que su becario se vaya para cerrar la puerta y leer el libro que me dejó mi primo, hace más de un año. Me da miedo salir, mejor me quedaré aquí con mi libro y mi lunch. Si veo al perro de nuevo corro el riesgo de desmoronarme públicamente y todo el puto mundo se mete en lo que no le importa por aquí. Esperaba un momento feliz para sentarme a leerlo en la terraza con una frasca de agua de limón y la suave compañía de mis hijos a mis pies... pero ni modo, tendré que conformarme con la silla de color naranja chillón y el escritorio de pino.

También podemos poner música. Sí. Eso haremos.




¿Les he contado de mi pequeño brote psicótico? Claro que sí, pues bien, ese par de años fueron difíciles. I've made a lot of mistakes... y se repetía y repetía.




Ya que estamos en tiempos tristes, esos que parece que sólo se renuevan cada determinado número de año con más fuerza que el ciclo anterior, vamos a escuchar esta por la misma razón que la anterior: Reasons! Hubo una época en la que simplemente no dejaba de oírla. Ese punto maniaco en el que sólo le pones repetir en el iPod y dejas que siga sin fin. Ya se, ya sé, todos preferimos las versiones originales: ¡pues no! Y para probarlo pondremos otra que me gusta más que su versión original.



A veces creo que si tuviera hijos se las cantaría como canción de cuna, es mil veces mejor que la que me cantaban a mí, una especie de tonada triste sobre una novia que va obligada al altar y la gente confunde sus lágrimas de horror con lágrimas de alegría. Claro, ya quedó claro para todo que no tendré hijos, ni sobrinos... y que probablemente terminaré en un asilo de caridad o en un hospital público, pero bueno, ese no es el punto. ¿Cuál era el punto? Ah, sí, que es una bonita canción.

Ya van a dar las dos entonces debo comenzar a parecer ocupada, pero lo más probable es que regrese después porque escribir es una de las terapias más efectivas para compulsivos como yo, eso y el tafil, pero escribir no requiere receta médica y es gratis. Es más, considerando que así consumo tiempo de oficina: Hasta me están pagando. 

Ya no sé si reír o ponerme a llorar, aunque no pueda hacer ninguna de las dos cosas en este lugar. Las puertas son de vidrio. 

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