lunes, 4 de abril de 2016

I will be there when you die

Estaba a esperando a que dieran las seis para ir a comer con Miss *L* cuando revisé mi correo: Ahí estaba, no lo podía creer, un correo de Fanny. Lo empecé a leer y me solté a llorar, cosa que no podía hacer, tenía que fingir ser persona por algunas horas, no podía darme el lujo de desarmarme, pero no funcionó, era como ser reconocida cuando se esta sobreviviendo en el Programa de Protección a testigos. Era Fanny, la única que lo sabe todo de mí, las obsesiones, los buenos y malos ratos, lo que solía ser en mi juventud. Me lavé la cara y me dirigí a cumplir con mis obligaciones sociales, aunque quisiera meterme a la regadera y llorar sin parar. No ayudó el que mi madre y mi tía perdieran su vuelo a las Vegas y se quedaran un día extra en mi casa quejándose continuamente sobre cómo todo fue culpa de la aerolinea. 
Finalmente cumplí con mi plan con Miss Lil. Ahí sentada en Sanborns seguía la conversación casual sobre gente de oficina, la suya y la mía, haciendo un esfuerzo sobrehumano por parecer normal, recité mi papel como debe ser, lo mejor que pude. Realmente toda la noche fue como un paréntesis en el que sólo quería enterrar ese corazón delator en el piso que no dejaba de gritarme, el fantasma de ser joven y brutalmente honesta, idealista e ingenua. Esa ya no soy yo. Tuve que sentirme aporreada para entender cómo funciona la gente, el mundo y las relaciones afectivas. Al final se trata de caminar con cautela, calcular qué se puede decir y qué no se puede decir sobre y con tal persona para no herir sus sentimientos y brindarles confort. Mucha teoría, nada parecido a los largos días en los que podía literamente vivir con Fanny sin que sintiera estar con una persona ajena. 
Bebí mucho el sábado y ayer no me sentía bien, dejé a Miss *Lil para que tomara su camión y regresé a dormir y llorar todo el día. Socializar me hace daño y me deja un sabor amargo y mucha angustia. Recordar lo diferente que solía ser, cuando Fanny y Miss A. Elliot se sentaban a beber el té y fantasear sobre el futuro en el parque o el piso de un departamento en Reforma sólo acentuó la sensación de vacío que me deja convivir con las personas. La verdad es que han sido dos días tortuosos, en especial porque no pude, es más, ni siquiera quise mantener la fachada de indiferencia y cortesía que había adoptado con Fanny los últimos años. ¿Cómo podía? My cover's blown y le respondí la verdad, que siempre estoy al pendiente de su bienestar y que ha sido la única persona que ha sido mi amiga, a pesar de lo difícil que soy, siempre estuvo ahí y aguantó, a través de cada depresión y cada ataque de pánico. Lo que no dije es que muy en el fondo siempre he estado segura de que si algo terrible me sucediera, ella estaría ahí, igual que yo estaría ahí, aunque no nos volvamos a ver en años, vaya, tal vez hasta que yo muera de enfisema pulmonar. No lo sé, siempre pensé que sería así. Jane me pregunta seguido si no se puede arreglar todo, y por supuesto yo me hago pendeja y finjo indiferencia, pero al final del día no es que no quiera volver a ver a Fanny, al contrario, si tan sólo pudiera recuperar a la persona que la vio por última vez o recuperar un pedacito de esas tardes en las que Fanny, Jane y yo nos sentábamos a improvisar un picnic en las escaleras del Ángel de la Independencia daría mi brazo derecho, pero la verdad es que la que no tiene reparación soy yo y ya no queda casi nada de las persona que conoció Fanny, por eso es imposible. Al menos, creo que al fin puedo aceptar el pasado y darle un final agridulce a esta historia de 422 páginas que parecía haberse concluido sin trama alguna.  Ella me exime de la culpa, lo que le agradezco enormemente porque era un peso gigantesco que había estado cargando por años, pero yo sé que pude haber sido más fuerte, que pude haber sido paciente o más resistente. 

Ahora, estoy sentada en mi silla, fingiendo ser la persona que todos conocen aquí, preparando café, bromeando con la señora de vigilancia, fumando con Ser Coffee y saludando a todos con la frase oficial del Godinez "bonita semana", cuando sólo quiero sentarme a llorar por todo lo perdido, por Fanny y todo lo que representa, juventud, Jane Austen, esperanzas, la certeza de que todo era posible, la comida del centro y la terraza de un hostal en Taxco. Todo se fue y creí que ya lo había aceptado, pero es como la muerte de Rito, nunca voy a dejar de sacar su ropita de la maleta donde la guardo junto con sus collares y cepillo para abrazarla en las noches, cuando me siento más sola. 
Sólo me queda respirar hondo y tomar mi café del día. Esperar y esperar a que se acabe hoy, y después el resto de la semana.







Apenas son las once.

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