lunes, 9 de mayo de 2016

Café con leche

Se murió mi abuela. El jueves, a las siete y media o algo así mi hermana me mandó un mensaje. Supongo que mi primera respuesta no fue la cosa más profunda del mundo: "No mames", pero en mi defensa diré que creí que viviría al menos unos diez años más, no me la imaginaba muerta. Me salí de la oficina y llegué a su casa. Ahí estaba toda esa gente, su sobrinas, los hijos de las sobrinas, hasta el novio de la pinche vieja que nunca entendí por qué era más importante que yo. ¿Vieron cómo entran los traumas de la infancia? Yo creí que no la iba a extrañar, y tal vez no lo haga, pero de alguna forma me atacó una tristeza extraña, no era pérdida, era tristeza por lo que no fue.  La casa se fue llenando de gente, llegó la prima que parece trasvesti y se estuvo golpeando contra los muebles de la cocina, gritando y llorando, mientras yo estaba en el rincón, sin que nadie me pelara, sólo Sibila, la perra, que me lamía las lágrimas de vez en cuando. De repente el señor de la funeraria preguntó por un "familiar directo" y cuando iba a levantar la mano, otra de las primas se levantó y se encargó de firmar el inventario de ropa, no fue hasta que necesitaron un IFE que se acordaron que tenía una nieta, después me la regresaron se las podían arreglar perfectamente bien sin mí. 
Una de las primas la encontró en la cocina, parece que se desvaneció y se mató del golpe, o al menos eso dijo la doctora que mandó la funeraria y obviamente quería dinero. 
De repente, la prima que sí era cercana a mi abuela, no como las otras pirujas, se acercó y me dio la llaves. Me dijo "No dejes que suban y no se las des a nadie". Me pareció un exceso de suspicacia. Son vulgares, sí, también se dedicaron a sacarle dinero a mi abuela y a mi papá toda su vida, son vividoras, escandalosas, corrientes (aunque funcione como sinónimo de vulgar), ebrias (¿ven? ¡algo tenía que sacar de esa familia!), perversas, malvadas e ignorantes, pero ni siquiera yo pensé que fueran capaces de desvalijar la casa de mi abuela mientras el cadáver seguía tibio en el piso de la cocina. Mi papá dijo que no le avisaran a mi mamá y en un momento (de los muchos) que me parecieron ofensivos, la prima que la encontró, la mamá de la pendeja que ocupó mi lugar desde mi más tierna infancia, gritó "No, que nadie le avise a ella" y salió corriendo. Yo supuse que después de encontrar el cadáver estaba en shock y así trascurrieron las horas eternas en las que esperábamos que apareciera mi papá. De repente llegó el esposo de otra de las primas (Dios, siento que son miles), todo casual y alegre. Imagínense, yo estaba en el rincón pensando obsesivamente en el pequeño cuerpo esquelético que yacía en el piso cubierto por una sábana sin saber exactamente qué diablos estaba pasando, mi hermana buscaba a mi papá por todos lados sin encontrarlo, alguna de las primas estaba llorando y el señor de la flores, el que era también su jardinero y casi cuidador, derramaba lágrimas en una silla en el rincón cuando de pronto el otro pendejo apareció todo festivo y empezó "Qué milagro que se dejan ver", "¿ya vieron a mis muchachotes" señalando a sus dos hijos que estaban muy ocupados con sus celulares y hasta soltó unas cuantas preguntas casuales que no venían al caso: ¿Cómo están? ¿Cómo les ha ido?
El cadáver de mi abuela está en el piso de la cocina, pendejo, ¿cómo crees que me va?
Finalmente, cuando ya casi eran las doce mi mamá empezó a llamar y me tuve que ir para calmar sospechas.  Por la mañana, con todo el tacto posible, le dije a mi a mamá: "Anoche se murió mi abuela" a lo que respondió "qué bueno". Yo seguía desconcertada y preferí dormir más. Dormí, dormí y con ayuda de un tafil dormí más. Desperté cuando me habló el Mtro. M, Jefe de Unidad de este respetable lugar del que les escribo, para darme el pésame. Por la mañana le había preguntado a mi hermana a qué hora era el funeral y me había dicho que a las tres. Total, que a eso de la una de la tarde me estaba vistiendo cuando le pregunté a mi papá dónde estaba: Oh sorpresa! Ya la habían enterrado. 
¿Qué?
Nadie me dijo nada. Sólo me puso en un mensaje "Ya voy para la casa, ya enterré a mi madre". Le menté la madre a mi hermana por no decirme pero argumentó que me vio cansada y no me quiso despertar. Bueno, pensé que mi papá necesitaría mi compañía, pero sólo necesitaba que le diera un tafil y luego se durmió entonces aproveché mi día libre para ir a casa de mi abuela a empacar sus cosas. La ropa de cama para un hospital psiquiátrico, la ropa y los zapatos para el asilo de ancianos. No sé por qué no podía hablar. En algún momento, cuando descolgaba la ropa, mi hermana, como si estuviera sorprendida me dijo "¿tú sí la querías, verdad?". Le dije que no, pero que me hubiera gustado que ella me quisiera. Finalmente tuve que regresar a mi casa. Estaba cancelando mis planes para ir al bazar y beber cerveza  cuando Miss Lucas me convenció de lo contrario y salí. Admito que me dejé convencer porque mi madre no me habla desde el viernes, cuando mi hermana le planteó que tendríamos que llevar a la perra, Sibila, con nosotros y por supuesto mi madre recurrió a la intimidación y el chantaje para negarse en redondo. Estaba gritando que mis perros la tienen enferma cuando de algún lugar desconocido de mi alma yo también grité: "¿por qué no mejor disfrutas que por fin se te hizo?" Mejor me fui con Miss Lucas y terminé el sábado bebiendo cerveza tras cerveza en una cantina del centro, tal como lo habría hecho la bisabuela y también mi abuela. ¿Ven? Hay cosas que se heredan. 
Creo que en realidad no es que mi mamá no me habla, es que yo no quiero hablar con ella. El domingo, con Mrs. Pills, cuando describía lo feo que se siente ser rechazada por tu propio padre me explicó que no fue a mí a la que hicieron a un lado, sino a todo el conflicto entre mi abuela y mi madre, en el que desgraciadamente yo estaba en medio. 
De la terapia me fui directamente a casa de mi abuela. Alimenté a Sibila, la saqué a pasear y cuando regresaba vi a una ancianita muy delgada apoyada en mi coche. Era una de las amigas del grupo bíblico al que iba mi abuela nomás por el café y el cotorreo. Me dijo "a ti te estaba esperando" y me empezó a hablar de mi abuela y todo lo que decía de nosotras, también de mí. Sabía donde trabajo, qué coche tengo, cuántos perros tengo y un montón de cosas que jamás en mi puta vida creí que le importaran a mi abuela. 
Siempre me sentí relegada por mis propios complejos y la noción de obligación para con mi madre. Puta madre, no podía llevar a la perra al veterinario porque ya sabía que me la iba a cobrar con agresión verbal y escrita durante unos dos días o más. No sabía que mi abuela me quisiera, siempre pensé que era un cuento que decía mi papá porque cada vez que iba a verla nos quedábamos en silencios incómodos durante horas. Me preguntaba cómo estaba mi papá, no me oía, le preguntaba cómo estaban sus sobrinas y me decía que bien, luego me preguntaba si ya tenía novio y como la respuesta tristemente solía ser "no", la conversación terminaba en una reflexión sobre cómo los muchachos de ahora quieren que los mantengan y entonces hablaba de la pendeja esa, su sobrina nieta que siempre fue mejor que yo, aparentemente. ¿Ven cómo mis terribles celos y complejos se meten en todo?
Cuando la ancianita se despidió me metí a la casa y me solté chillando como condenada. No es arrepentimiento, yo sé que por paz mental no podría haber hecho otra cosa y entiendo que nunca tuvimos oportunidad, ni mi abuela ni yo, después de todo, por más que me quisiera siempre iba a ser la hija de "esa mujer" y no hay ni cómo darle vuelta a eso. No crecí con ella y el poco tiempo que pasé con ella fue después de los 16 años, cuando aprendí a manejar y me escondía en su casa para escapar de mi madre o la escuela, a veces iba con Jane en las mañanas y nos daba café con leche y galletas: nunca estudiábamos. 
Chillé un rato hasta que habló la sobrina con la que siempre andaba de un lado para el otro, la que se la llevaba de viaje y con sus amigas de cantina de cantina como dos viudas descocadas de la tercera edad. Iba por la foto de su difunto hijo (sí, aparte de viuda se murió su único hijo, hace miles de años). Ahora que lo recuerdo, ella tenía una tienda de deportes. Recuerdo la tienda, llegué a ir unas pocas veces. Pero ese no es el punto. Llegó y me preguntó si había encontrado el reloj que le había regalado a mi abuela, le dije que había visto un reloj y subimos a buscarlo. No era ese. Entonces me preguntó si había encontrado la quincena y la pensión que guardaba en el cajón, su cartera o una pulsera de oro que siempre dejaba en la cómoda: No, no encontré nada. Fue entonces que el señor de las flores, el que se preocupó porque no contestaba nos contó cómo sucedió el asunto. Vio las las llaves pegadas, se preocupó y como no tenía teléfono fue a avisarle a la prima que vivía más cerca, la mamá de la pendeja a la que le tengo envidia, que llegó corriendo, vio a mi abuela muerta, se limpió la sangre y se subió corriendo. Él dice que alcanzó a oír que le decía a su esposo "la cartera". Ahora entiendo por qué tenía la credencial del IFE de mi abuela cuando los de la funeraria lo pidieron. 
¡Le robaron a un cadáver!
Lo peor fue que luego me contaron cómo estuvo el funeral al que no me invitaron. Ella, la misma prima que le robó a mi abuela recién muerta estuvo junto a mi papá, sosteniéndolo porque le dolía la pierna.
¿Soy invisible?
Tal vez estoy muerta y no me he dado cuenta, por eso nadie me ve. 
Siguiendo las instrucciones de la Dra. Pills, me acerqué y le dije a mi papá que me había sentido relegada cuando no me dejó estar ahí con él y que en todo caso a mí me hubiera gustado despedirme de ella. ¿Saben qué me dijo? "No creí que ni a tu hermana ni a ti les importara mi madre".

...

Bueno, pues ya no importa. Cada quien sabe a quién quiere en su vida y a quién no. Sólo quería venir y contarle a usted, mi querido y desconocido lector, que sí me importaba y que hubiera querido que fuera diferente. Sí me importaba, pero ya no haya nada que pueda hacer más que cuidar a su perra. Supongo que iré diario a la hora de la comida, al menos durante el poco tiempo que le quede a la pobre. En algún momento va a dejar de recorrer la casa buscándola y va a entender que su viejita ya no está. Los perros, a diferencia de las personas, no olvidan. 

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