miércoles, 4 de mayo de 2016

La astilla

Tengo una astilla atorada. Tuve un día malo, mi querido lector. No porque pasara nada absolutamente malo, sólo fueron piedritas que se me fueron acumulando en el zapato (literal y figuradamente hablando, caminé hasta la oficina, and yet... sigo gorda!). Primero, me cuesta cada vez más trabajo presenciar cómo sufren maltratos los becarios de Monsieur LeGrand. Se quiere quejar por horas del "nivel" de sus alumnos de la tarde, de todo lo que dice que es "de medio pelo para abajo" o de nuestra inutilidad, está bien, no hay pedo, pero es desagradable ver cómo le habla a sus becarios, simplemente me saca de quicio. A veces me pregunto si tendrá que humillar a alguien durante el día para sentirse realizado. La forma en que les habla, los regaña, les reclama, los amenaza e insulta porque su trabajo es "mediocre", entre otras cosas y "así no le sirven", me da nauseas. Supongo que no ayuda que no haya podido ir a la farmacia a comprar mis buenas medicinas y ande con la sangre limpia, bueno, no estamos contando el tafil. Si le agregamos la tarea extraña, tediosa y confusa que me dejaron ahora la cosa se va poniendo más desagradable hasta que habla mi mamá (sí, tiene mi extensión) y todo se va a la chingada. 
Me estaba dando de topes contra el escritorio cuando me invitaron a ver el partido de no sé qué alemanes contra no sé qué ingleses y todo mejoró. En lo personal es muy divertido acompañar a mi jefe, el abogangster, Ser Coffe y el Conta al restaurante más cercano de alitas para beber cerveza y comer papas (yo no como animales inocentes), me parece de lo más entretenido ver el sufrimiento y emoción sincronizado en la multitud. Hasta que llego a la oficina y retomo mi plática con Jane, le conté que fui a ver el partido y beber cerveza con los del trabajo porque "ahora debo beber por dos", haciendo alusión a su estado de buena esperanza y me sale con un: "nada más ten mucho cuidado".

...

EXCUSE ME?????

¡Que no mame!

De repente me enfurecí y  corté la plática en cuanto pude. ¡Al carajo!
Ya me cansé de perseguir gente a la que le valgo madre, lo hice por años con Fanny y lo sigo haciendo con Jane.  Al carajo todo mundo, estoy hasta la madre, tengo bastantes problemas que al parecer a nadie le importan. Tal vez Mrs. Pills tiene razón y el problema de mi papá me está carcomiendo lentamente. ¿"Tal vez"? No, me está carcomiendo lentamente. Llevo un par de semanas fingiendo que no me pasa nada y cuando llega Ser Coffee o el becario de mi jefe a preguntarme qué tengo me hago la pendeja. En el fondo sólo quiero llorar, pero ya ni eso puedo porque la edad pega y si me suelto chillando en la regadera por la noche al día siguiente llegaré con los ojos hinchados y creerán que estoy cruda, que si lo estuviera me valdría madres, pero da mucho coraje que lo acusen a uno cuando no hay razón. 
Por lo pronto, voy a dejar de forzar mi participación en la vida de la gente. ¿Cuál es el punto de comprar ropita para un bebé que no conoceré o acribillar a Jane con ideas de baby shower al que ya ni siquiera sé si me invitarán cuando yo, estúpidamente, me ofrecí a organizarlo? Bueno, es que de veras soy pendeja. Me asombra. 

¿Les he contado que hubo una época en que habría hecho cualquier cosa por Fanny y Jane? Las consideraba mis pulmones, la familia que yo escogí  y demás pendejadas que ahora me avergüenzan. 
Qué triste soy. 

Pero lo peor del día, probablemente, ha sido la muerte de mi plantita. Sí, murió mi diminuta plantita, la que está en mi maceta de perro dorado. Tal vez fue castigo divino por secarle el cactus a la Sra. Elton echándole café y coca de dieta. Dios está en todos lados.

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