miércoles, 29 de junio de 2016

Resumen

Me pasé toda la mañana leyendo y ahora planeo pasar el resto de la tarde viendo otra serie extraña que seguramente me dejará algo desconcertada... bueno, también me di a la tarea de husmear en el manual de la Sra. Elton y descubrí cosas perturbadoras que me perseguirán por siempre, pero ya las compartiré con ustedes más tarde, ahora contaré los minutos para salir a comer. Diez.

No me arrepiento de nada.

martes, 28 de junio de 2016

Fue hermoso

Resultado de la nueva combinación de Luvox con Wellbutrin: Aprobamos.
Así es, mi querido lector, después de un par de semanas con nuevos medicamentos creo que hemos superado la última crisis. Hasta me sentiría de humor para criticar "Los Vientos de Invierno" si no hubiera sido un capítulo tan decepcionante. 

Eso fue, decepcionante. Vaya, ni siquiera la muerte de Walder Frey nos dio la felicidad esperada.
Ahora sólo debo surfear a través de esta semana a la espera de las vacaciones. Eso es lo único bueno de este trabajo de godinez universitario: tengo vacaciones.
Ahora, sólo debo buscar qué hacer con ellas. 
Mientras tanto, haré lo posible por consumir el tiempo, rezar por que mi jefe no me hable para verificar los avances del proyecto que debería entregar pero estoy convencida de que es basura y resolver los sentimientos encontrados que me dejó ver "New Worlds". Por un lado, siempre es agradable ver a Joe Dempsie, pero esa peluca y las continuas muertes y discursos sobre la libertad no llenaron mi corazón vacío. Por fortuna ya regresó Supernatural, aunque se haya puesto tan raro a partir de la octava temporada, y no he terminado con Galapagos, del buen amigo Vonnegut, así que lo puedo guardar para las vacaciones. 

Que ahora que lo menciono (esto se relaciona, lo juro),no sé si les conté que hace un tiempo (en este lugar el tiempo se difumina de una forma monstruosa) me di una vuelta por la librería. Nadie va a ese lugar porque los libros son muy caros, extraño, tratándose de una librería de la Universidad, pero la vida es cruel. Esa vez me encontré un montón (bueno, dos o tres) libros padrísimos, incluyendo uno de Vonnegut, que al final resultaron ser muy caros para mi presupuesto. Pensé: "Volveré, no me olviden bonitos libros, vendré por ustedes". Finalmente, con dinero en la cartera regresé hace unos días con la esperanza de encontrarlos pero resultó ser una decepción. Habían desaparecido. Lo peor es que el lugar era un desmadre, tenían los códigos (o sea lo que sea que usan los abogados) junto a las ediciones baratas del Marqués de Sade que jamás he leído ni planeo leer, un cuento fue suficiente para convencerme de que no es mi taza de té. Libros infantiles junto a otros de autoayuda, antropología con matemáticas y demás caos en el que me perdí y no logré encontrar los libros elegantes que en mi pobreza anterior no me había podido comprar. Fue tan triste...

Se lo conté a mi Funko de Cersei y lloramos juntas; fue hermoso.

De todas formas compré otro dos al azar nomás porque tenía dinero y no quería terminar desperdiciándolo en pendejadas, como acostumbro. Ya saben, ropa de perro, sábanas nuevas, collares, coronas y demás pendejadas que no necesito. 

Lo que me recuerda a la tarde de compras de compartí con mi hermana el sábado, me porté como una bruja insufrible y la asusté con mi constante cambio de humor.  Compramos un té espantoso que simplemente no me pude tomar, es que eso no era té y conseguí una silla Acapulco con un señor simpatiquísimo que las vendía en la calle y nos contó todo sobre alguna vez que los detuvieron unos policías en Satélite allá por la década de los setentas. Amo esa silla y juro que compensaré a mi hermana por someterla a mi inestabilidad.  
Soy una perra inestable y les juro que me siento terrible por ello. En mi defensa diré que no es a propósito. Si usted tiene un desequilibrado en su vida, le suplico que lo entienda y no se tome personal los cambios de ánimo, el llanto súbito, la euforia seguida de ira o los repentinos espacios de silencio y/o ensimismamiento. La locura se trata con alprazolam y amor. 
¡Santo Dios, cómo me tiemblan las manos! Ya tiene días que estoy particularmente temblorosa, no sé si será efecto secundario del nuevo medicamento. Para no quedarme con la duda busqué y parece que no tiene nada que ver, aunque en un detalle simpático, el nuevo medicamento a veces los usan para tratar el tabaquismo: ¡JA! Bueno, en ese frente no ha habido cambios. 
Ahora supongo que podría trabajar un poco, inventarme algo, revisar la basura que estoy escribiendo o buscar algo nuevo qué ver en YouTube, como buena oficinista. Después esperaré y usaré mi hora de la comida para ir a hacerme manicure y pedicure.

¿Qué haré con el resto de la tarde? No lo sé, sobrevivir, supongo. 

jueves, 23 de junio de 2016

Libros nuevos

Apenas son las 10:42.
Mañana iré a conocer a la bebé de Jane.

Todo lo demás sigue igual.


miércoles, 22 de junio de 2016

Días perdidos

Estoy exhausta. Físicamente, sí, pero también es emocional. Ya no puedo y como último recurso para salvarme de esta espiral de conductas dañinas intenté renunciar el jueves. No me la aceptaron. Al contrario, me dijeron todas las palabras bonitas y promesas todavía más bonitas para convencerme de que me quedara "durante la transición". ¿Qué hacía? Aguantarme y hacer lo posible por no desfallecer, lo que me salió al revés, pero bueno, eso ya no importa. Es extraño ver a esa persona en el espejo, de hecho, hago lo posible por evitarlo. No soporto verme en el espejo. Falté dos días con dos perfectamente válidas excusas pero como ya había empezado a limpiar mi oficina, todo mundo creyó que simplemente no iba a regresar y se armó el revuelo. ¿De veras creyeron que me largaría así como así, sin decir adiós? ¿como "las chachas" diría mi mamá, por más ofensiva que me parezca la expresión? 
Ni siquiera sé qué decirles o qué escribir. No tengo más fuerzas. He estado tomando vitaminas pero ya volví a ese estado en el que comer es difícil. Hoy no pude terminarme el Gohan que pedí en el sushi y dejé la mitad de mi orden de Kushiage. Ni siquiera me importa Juego de Tronos, qué pasó o volverlo a ver. No me importa.
Hoy que caminaba de regreso a la oficina pensaba "No me importa", aunque creo que se refería a un espectro más amplio de cosas que no me importan. Ojala tuviera algo qué esperar, no sé, algo que me diera esperanzas. Debí haber comprado ese segundo antidepresivo que me mandó Mrs. Pills, pero ni siquiera tengo interés en mejorar. No sé si es la depresión que habla, pero no veo posibilidades de que algo pueda mejorar. Después de unos años muy malos dejé de mentirme a mí misma diciéndome: "el próximo año será mejor", y al contrario, sólo empeora.
  Monsieur LeGrand y yo vimos una rata afuera de la ventana. ¿Es extraño querer acariciar a las ratas? No quiero quedarme aquí pero tampoco quiero ir a mi casa, ahí están mi mamá y mi hermana, que a últimas fechas ha dejado de emitir la calidez que me resultaba tan reconfortante hace unos años, cuando my bestie breakup acabó con todas mis facultades de creer en algo. 
No quise decírselo a Fanny en el último correo que le envié, pero ya nunca fui la misma, fue como si después de un trance tan confuso y doloroso hubiera perdido algunas capacidades afectivas básicas. ¿Para qué la iba a lastimar así? Nunca le hice daño a sabiendas y no comenzaré a hacerlo ahora, sin importar el cascaron de persona en el que me haya convertido. Rota, rota, rota.

Imagínense, Jane tuvo a su bebé y no siento nada. Absolutamente nada. Qué diferente de aquellas vieja historia que escribí sobre nosotras. Puras ilusiones y cuentos.

¿Llegar a abrazar a mis perros? A veces, cuando llego por la noche me duele tanto la espalda, estoy tan cansada que sólo salgo a llenarles el plato de comida y acariciarlos un poco, luego me meto corriendo y debo admitir que me he llegado a dormir con la ropa puesta y sin lavarme la cara. No me importa. 
¿Por qué no me voy de viaje? No sé, creo que tiene que ver con la fobia social y el self loath. ¿Les he contado que la primera vez que fui a Paris con mis papás no quería salir del hotel? No lo entendí hasta que llegué con Mrs. Pills y parece que el terror a ser visto por gente en la calle es una forma o síntoma de fobia social. Recuerdo que los primeros días mi papá estaba muy frustrado conmigo y me recriminó que yo, "triste pichón" me negara a recorrer las calles en las que caminaron Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir. No lo entendíamos, ni él ni yo, después de comprar una chamarra gigantesca de color blanco con una capucha enorme pude salir a la calle y disfrutar el viaje. 
Mi mamá cree que Mrs. Pills no me ayuda en nada, dice cosas terribles de ella y siempre le mienta la madre cuando me ve llorando. Si supiera lo difíciles que son para mí las cosas que suelen ser tan sencillas para los demás. Amor, parejas, matrimonio, hijos. Es como si no estuvieran en mis cartas. Nada más levantarme de la cama y llegar a la regadera es un logro.

Recuerdo cuando mi mamá me contaba historias de cuando era joven y trabajaba y estudiaba todo el día. Cuando salía iba seguido a la catedral a pedirle un milagro al Cristo del veneno, lo que fuera que la librara de un futuro seguro envejeciendo sola junto a mi abuela. Sentada con ella, escuchando letanías religiosas, todo para levantarse, trabajar y regresar a su casa a escuchar más letanías y así sucesivamente.  Parece ser que yo pagaré esa deuda pendiente. Mi madre se parace cada vez más a mi abuela y no se ha dado cuenta.
Ojala pudiera creer en los milagros, pero ya no veo a Dios por ninguna parte, sólo tristeza. El anciano que va de coche en coche tocando la ventanilla con una vasija de aguardiente a medio terminar, perros atropellados, niños solos y mujeres pidiendo limosna para el bebé que cargan y el que seguramente los espera en otra esquina. En la oficina sólo está el muro blanco y el ruido enloquecedor de una bomba, que bien podría ser la del baño. ¿O son las lamparas? 
Una hora más, y luego otra semana. 



viernes, 3 de junio de 2016

La gente que se delata

Cuando Mr. Abogangster me dijo que Mrs. Smith andaba con el coordinador, no le creí del todo, pensé que tal vez era una exageración o un chisme, como la mitad de las cosas que dice. Ya saben, como todas aquellas aseveraciones donde te intenta convencer de aquello de "soy un superhombre" o "el mundo está en mis manos", blah, blah, blah. Lo mismo pasó cuando la Sra. Elton empezó a difundir el rumor, pensé que era un prejuicio retrógrada y misógino muy propio de la princesita de rancho costeño que es. En verdad no lo creí, aunque le pregunté a Ser Coffee para estar segura. 
Le pregunté a él porque es mi amigo o al menos es mi compañero de tabaco, lo que significa una conexión única y sagrada. Vaya, todo mundo piensa que él siempre me cuenta cosas cuando nunca me cuenta nada, como la señora de la limpieza que hasta pensaba que era mi novio, en la realidad sólo nos quedamos sentados en silencio, con una que otra alusión a los Simpsons o The Walking Dead mientras encendemos dos cigarros dos veces al día, inhalando y exhalando humo. Me da una palmadita en la cabeza y nos despedimos con un signo de amor y paz. Me parece que somos sólidos amigos pero es muy reservado y no suele contarme información privilegiada,a menos que esté involucrada,por lo que no pensé que de ser cierto me lo hubiera contado, después de todo se trata de su jefe y mentor. Como supuse, cuando le pregunté directamente él evadió la pregunta y aseguró no saber nada ya que de ser cierto "sería muy grave".
 Oh, bueno, pronto mi mente se ocupó de cosas urgentes, como por ejemplo hacer cita para que me depilen las cejas y admirar el anillo nuevo que me regaló mi hermana y es lo más bello que he visto en mi vida, bueno, aparte de los pómulos de Joe Dempsie o los brazos de Normas Reedus. 

Hoy por la mañana, me vi obligada a ir a la coordinación a robar agua porque nuestro garrafón se acabó. Mrs. Smith se estaba peinando y maquillando. No sé que me estaba contando cuando no pude evitar notar las sombras. Unas era de Too Faced, que aunque ya no me pinto, me gusta coleccionar, en especial porque no experimenta con animales. Le estaba diciendo que me encanta la etiqueta que dice "tested on celebrities, not animals" cuando noté otras sombras también nuevas. Mrs. Smith me preguntó si Givenchy experimentaba con animales, sosteniendo otro juego en el aire para enseñármelo, lo que no supe contestarle, porque lo único que pensaba era: ¿cuándo dejamos las sombras rotas y el delineador de aguacate?  No es que quiera ser malvada, pero me parece un gran salto. La he visto maquillarse miles de veces y esas sombras no sólo estaban nuevas sino también era de marcas que jamás le había visto, de hecho, su gran cosmetiquera siempre estaba llena de esas pinturas que venden a granel en envases de plástico y que en lo personal me escandaliza que alguien se las ponga en la cara, como Mrs. Palmer. Recuerdo cuando fuimos a pasear al centro y me convenció de entrar a uno de esos lugares donde venden chucherías de todo tipo. Yo puedo comprar medias y calcetines de tres pesos ahí, me encanta, pero los cosméticos son un asunto delicado.
¿Cómo se puede dar esos lujos si tiene que pagar renta, la escuela de su hijo, la manutención, transporte, comida y no sé qué tantas cosas? Una vez hasta le presté dinero porque no le alcanzaba para no sé qué cosa de su hijo y luego aparece con pinturas caras. La había visto sacar lo que quedaba del tubo de lipstick con el dedo o comprar pequeñas novedades de treinta pesos con colores exóticos, sin mencionar que me sorprende enormemente que una joven de 24 años quiera comprar Givenchy. Yo se lo compro a mi mamá y eso porque tenían un khol con un paquete divino, pero es una de esas marcas que uno asociaría con señoras de la mediana edad. Señoras de la edad del coordinador. 
Alguien la llevó de compras.

No me hagan mucho caso, pero fue toda una iluminación. Un segundo estaba interesada en prepararme un té y al siguiente estaba plenamente convencida: No me mintieron, anda con él. Mrs. Smith tiene sugar daddy. 
Todo tuvo sentido, la actitud de jefa, esa costumbre de ir a todos los eventos donde fuera a hablar él y dejarme en la coordinación muy a pesar de mi jefe, que es el adjunto del coordinador involucrado y sus regaños y objeciones. Ahora lo veo todo y es sencillamente perturbador.
Qué bueno que ya le había pasado el chisme a Miss Lucas, con todo y que dudaba de su veracidad, ahora mi instinto no me falla y todo lo que le pasé como rumor ha sido comprobado como cierto. 
¿Qué poseería a una mujer de veintitantos años a acostarse con un hombre de setenta?
Aparte de la Edad Media, por supuesto. 
No lo comprendo.

Update: Le conté todo a Ser Coffee y creo que por su reacción, casi escupe el cigarro, realmente no lo sabía. Oh well, a ver ahora qué averigua él y qué me cuentan a mí, pero espero que esto se ponga bueno.

jueves, 2 de junio de 2016

miércoles, 1 de junio de 2016

Hasta la madre

Yo sé, estarán pensando que es rarísimo que yo use y abuse de este espacio para quejarme, pero estoy hasta la madre. Esta vez, con sus honrosas excepciones, debo decir que los que me tienen hasta la madre son los hombres en general y empiezo a creer que las feminazis tienen un punto.
Así está el asunto, la becaria de Ser Coffee llegó a contarme muy angustiada que ya no sabe qué hacer con el acoso al que la somete el contador, obviamente veinte años y sesenta kilos mayor que ella. Yo no puedo hacer nada, más que ofrecerle el resguardo de mi oficina, entonces acudí al abogangster de las muchas novias, a ser Coffee y a mi jefe, no porque quisiera, sino porque me preguntaron dónde iba a comer y como les dije que iría a Plaza y resultó que ellos también iban pues nos fuimos juntos. Ya que el abogangster me acompañó al banco, intenté convencerlo de que ayudara a la pobre desgraciada hablando con el hombre del problema (que se supone que es su amigo), ya saben, en una conversación de depredador a depredador a corazón abierto. Yo sólo quería que le dijeran, en una forma muy masculina "oye wey, no seas cabrón, ya déjala en paz, está casada", pero la reacción de mis respetables compañeros de trabajo me sorprendió: en lo que a ellos concierne, ella le da "entrada" en el momento en el que no lo cachetea y lo corre de su cubículo y sólo ella es la del problema...

¿EN SERIO?

Lo que me asombra de los hombres es que estén tan absolutamente ciegos. Cuánta razón tenía Miss Crawford, cuando me dijo que "no entienden indirectas". Recuerdo las primeras semanas que pasé aquí y el abogangster de las muchas novias llegaba a mi oficina, se sentaba y no paraba de hablar durante horas, de verdad, horas y yo sólo rezaba porque llegara alguien a librarme de su atención, lo que nunca pasaba, hasta que un día de plano me siguió al estacionamiento y me asusté tanto que solté el cigarro del miedo. No sé qué cara habré puesto que retrocedió y yo apresuré el paso hasta encontrarme en el refugio de mi coche. Al otro día se disculpó por invadir mi espacio y me dejó tranquila. Fue una época angustiante, recuerdo que en más de una ocasión llegué llorando a mi casa directo a la botella de vodka y a prenderle una veladora al Espíritu Santo para que me protegiera. Hasta la fecha me hace sentir incómoda su presencia, pero insisto: la vida laboral implica cortesía, y eso que técnicamente estamos en el mismo rango y no es mi jefe ni autoridad alguna. Para las becarias es distinto.

Cuando sabes que tu chamba pende de un hilo y que vas a pasar muchas horas trabajando junto a las mismas personas, lo último que quieres es una confrontación que siempre es igual: Una los acusa, les pide "por favor deja de quitarme el tiempo e invadir mi espacio", a lo que por supuesto sigue la indignación y la negación: "yo sólo estaba platicando", "estás loca", "no sé de qué me hablas", "qué exagerada", "era una broma", lo que no resuelve nada y sólo empeora las cosas. 
Intenté explicarlo pero nadie me entendió, al contrario. La culparon a ella y resultó que sólo ella puede ponerle remedio. Estamos hablando de la mujer que se casó a los 21 años con un hombre que no quería por la presión de su madre y hermana. No sé ustedes, pero eso me suena a que no tiene gran experiencia elevando la voz. 
¡Puta madre!
 ¿Resulta que es normal? Ni siquiera les preocupa que la pobre mujer esté hasta el gorro. No puede hacer nada, está haciendo el servicio social, no puede armar un numerito y causar problemas, mucho menos si ve que el contador es amigo de su jefe y del adjunto del jefe. La verdad es que nunca había conocido una raza de hombres tan... ¿voraces? Es como el abogangster de las cinco novias. En verdad, me pregunto, ¿para qué quiere tantas? Ninguna es excepcionalmente bella, es como si las mujeres no tuvieran valor o individualidad alguna y diera lo mismo una que otra, como si fueran comida. "Oh, no tiene tacos de sesos, entonces me comeré unos de carnitas o ya que estamos en eso, deme tres campechaneados". 
Pero lo peor, lo peor fue cuando el abogangster, que anduvo con la becaria con la que el contador quería con anterioridad, describió el problema de la siguiente forma: Uy no, es que él es como un perro cuando le quieren quitar el dulce".
¿DULCE?
Estamos hablando de un hombre de mediana edad que ni siquiera está divorciado y ya anda con otra mujer, con la que vive, lejos de su ciudad natal, acorralando a una prestadora de servicio social en su cubículo. Lo peor es que su hijo de catorce años escucha todo y piensa que eso está bien, que es el epítome de la masculinidad. No digo que crea en la monogamia masculina, por supuesto que no, pero me gustaba pensar que aunque un hombre mantuviera relaciones frívolas, extramatrimoniales o no, y de corta duración, al menos eran capaces de visualizar a las involucradas como personas, después de todo es el principio de la reina y la favorita, pero ahora descubro que en sus mentes una mujer ni siquiera es una persona, es un dulce.  "Está casada" le advirtió Ser Coffe, a lo que el vilipendiado de hoy respondió: "Me vale madre, yo le pego a lo que sea".
Regresé de muy mal humor. 
Por eso, por eso moriré soltera y completamente satisfecha por ello. Yo no le creo un carajo a nadie. Me ha quedado más claro que nunca la conformación de las relaciones hombres y mujeres, por eso agradezco enormemente que cuando yo hice el servicio social fuera en el archivo, con Marinita, la secretaría, y Javier, el archivista cuidándome del oftalmólogo perverso. 
Y por eso, por eso, mañana le diré a la becaria en peligro: "pequeña, estás sola en la selva, eres el cervatillo que se quedó atrás de la manada, debes correr y mentarle la madre con todas tus fuerzas porque es serio y peligroso, nadie puede ayudarte". Después le ofreceré mi spray de pimienta y prenderé otra veladora para rezar por su seguridad. 

Dios, guarda a las veinteañeras de la codicia de los hombres de mediana edad y no permitas que el demonio del acoso eche raíces en los cubículos de las jóvenes y desprotegidas. Amen. 
Ahora, si me disculpan, iré a sentir asco una hora más hasta que sea decente largarme.