miércoles, 10 de agosto de 2016

El ensayo de la amistad

Ah, qué agradable diferencia de conversación. Hoy Miss Lucas me llamó para platicarme sobre los lugares horribles a los que la están mandando en el trabajo y lo aterrorizada que está por entrar en territorio de narcos y usar una aerolínea sospechosamente mala. ¿Ven? ¿Era mucho pedir? Go, vamos a vivir la vida y quejarnos por cosas importantes. Duró unos quince minutos, tuvo sentido, se aportó información relevante que sí quiero conocer y no hubo mayores menciones de sufrimiento innecesario.

La vida es buena. Ahora sólo espero que mi jefe de veras revise lo que me pidió ayer y no se le olvide. Me quería reportar enferma pero me dio angustia que de veras fuera urgente. Tengo cólico, no quiero trabajar. Ese es un problema que las feminazis han pasado por alto de la manera más irresponsable. ¿Por qué no se ponen a exigir cosas importantes? Me vale madre si el poster de X- Men representa una supuesta "incitación a la violencia de género". Tengo útero, ovarios, óvulos y cada mes sufro de manera inconcebible una serie de malestares incapacitantes por su culpa. Me duelen las piernas, estoy hinchada y puedo sentir cómo mis entrañas se parten en dos para eliminar el óvulo que una vez más no usé y ahora se perderá para siempre. Oh, my little egg! Adiós pedacito de vida potencial, lamento verte marchar. El que los cólicos menstruales no cuenten como causal de discapacidad laboral es un asunto del que las feminazis, con toda su violencia y obcecación, deberían ocuparse.

¿Dónde están las heroínas cuando se les necesitan?

¡Consíganme cinco días libres, por favor!
(Y si le pueden agregar un tecito de orégano estaría fabuloso)

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