viernes, 5 de agosto de 2016

La profetiza sin nombre estable

¿Qué tal? Hoy les voy a platicar de mi comida con Mrs. Weston y de lo extraño que fue el darme cuenta de lo mucho que la nueva maternidad de Jane la está afectando.

Tal vez debería comenzar con algunos antecedentes básicos para su mayor comprensión. No sé si les he contado que Mrs. Weston y Jane se hicieron amigas en primero de secundaria. Sí, a la tierna edad de doce años. Desde ese momento iban juntas a todos lados.  Los padres de Jane nunca le habían prestado mucha atención, tal vez porque su mamá había regresado a trabajar al poco tiempo de nacer ella o porque fue la última, nadie lo sabe. El punto es que Jane se iba sola al colegio y en preparatoria descubrí que su rutina diaria consistía en llegar a casa de Mrs. Weston, comer con ella y sus padres y de ahí tomar una combi hacia el colegio. Eran familia, pues, al menos hasta que Mrs. Weston entró a la Universidad a estudiar medicina y conoció al primer Mr. Weston. Para esas fechas, Fanny y yo eramos el otro dúo, Paris y Nicole, las Gemelas Fantásticas, Starsky y Hutch, por eso no sufrimos la pérdida de Mrs. Weston como Jane, aunque en su ausencia, la vimos florecer con ayuda de la escuela de arte y las fiestas locas. Jane se convirtió en una persona nueva lejos de la sombra de Mrs. Weston y siguió siendo esa persona feliz hasta que ocurrió lo inevitable, encontró un Mr. Bingley que, en mi opinión, la fastidió. Con la llegada de Mr. Bingley I, todos los ojos de su familia se tornaron hacia ella y descubrieron por primera vez, que la hijita rara tenía potencial. Podía ser una buena esposa cristiana. Eso fue lo que trajo bajo el brazo el buen partido cristiano con el que Jane tuvo la mala suerte de caer. 
Todo empezó a cambiar, para mal.
Eventualmente Mr. Bingley I terminó con ella de una forma cobarde y poco clara. Jane esperó que regresara, al principio, pero al pasar el tiempo sólo se concentró en sustituirlo y así conservar el status que ser una esposa potencial le había otorgado en el gremio familiar. Yo la entiendo, la necesidad de aprobación parental es cabrona, creo que todos la sufrimos. 
Cuando Fanny se fue, Jane y Miss Crawford eran lo único que me quedaba y me aferré a ellas con todas mis fuerzas, bueno, en realidad me aferré a quién pude y como pude, especialmente Miss Crawford y hasta Mrs. Palmer. Fue una época extraña de ajustes y aunque Jane empezó a trabajar a marchas forzadas en una televisora con ansias esclavistas, aún llegaba a mi casa a cualquier hora y sus días de descanso los aprovechábamos para ver los capítulos atrasados de Teresa en la comodidad de mi cuarto.  Su presencia era realmente vital para mí, igual que lo fue cuando intenté brevemente (menos de tres días) tener un Capitán Wentworth propio y como resultado sufrí una serie de ataques de pánico que me impidieron comer y dormir por días. Recuerdo que en esas noches de mayor angustia Jane se quedó a dormir conmigo. En la peor noche, cuando se me metió la obsesión de que el susodicho estaba cercando mi vida y futuro por mensaje mientras el resto del mundo me señalaba con el dedo de la reprobación por andarme besuqueando con un sujeto como una cualquiera, estábamos viendo Aladino y por alguna razón no pude soportar la película. Eso pasa cuando me entran las obsesiones, de repente hay canciones, olores, palabras o luces (como la luz del foco ahorrador que me enloquecía durante el brote de 2011) que simplemente no puedo soportar. Me puse como loca y saqué la película casi a madrazos. Jane no se sorprendió, estuvo ahí para mí, igual que la primera noche que llegamos a Oaxaca y me puse histérica por alguna razón absurda que ya no recuerdo. Estuvo ahí para mí. Ahora, recordando un poco que soy la persona más egoísta que ha existido y no pienso cambiar, comprenderán que la idea de perderla me horrorizara. Ya habíamos perdido a Mrs. Weston por un hombre, no iba a permitir que a Jane se la llevaran también. Fue ahí que llegó Mr. Bingley II, un pendejo feo, manipulador, mediocre, chantajista, ojete, berrinchudo y vividor... de quien no hablaré mal porque soy demasiado bondadosa y generosa para señalar los errores de mi prójimo.  

 En ese entonces Jane dejó el trabajo semi esclavo para verse recluida como esclava de tiempo de completo por sus hermanos en el negocio donde toda actividad artística murió, después se acabó la vida social y llegó un punto, cuando yo estaba sufriendo el brote psicótico del 2011 (creo), que tenía que caerle ahí por las mañanas para poder verla aunque fuera un rato. Sólo era cuestión de tomar un camión y caminar un par de calles. Desayunábamos y en una de esas anécdotas chistosas, una vez se robaron un tanque de gas en nuestras caras. Oímos un ruido y ¡PUF!, ya no estaba.Me espanté.
Regresando a Mr. Bingley II, tengo que reconocer que ese hombre tenía unos talentos de chantajista tan asombrosos que mataría de envidia a cualquier madre. No se podía salir con Jane sin que empezara a sonar el teléfono y la escuchara decir: "¿estás bien?, ¿estás triste?, ¿quieres que vaya por ti?" y yo con ganas de agarrarla a cachetadas y suplicarle que reaccionara. Sin mencionar que la madre del sujeto vivía de él, no tenía los dientes frontales y le hablaba a Jane para regañarla cada vez que su precioso muñeco estaba triste. 

Sí, lo sé. Fue una fortuna que Jane terminara con él, aunque me parece que el la terminó por quincuagésima vez sin imaginarse que no le funcionaría como otras veces en las que había usado el recurso como una forma de meterle presión para que aceptara casarse con él. En la última perdió a Jane y sospecho que la existencia de Mr. Bingley III tuvo algo que ver. 

En un giro insospechado, Mrs. Weston regresó al gremio al terminar con Mr. Bingley I, vivir un tiempo en Puerto Vallarta, conocer a Mr. Weston II y perder a su mamá. Resurgió y quería vernos.  Se casó, fuimos damas de honor, olvidamos su ramo, lo recuperamos, nos cruzamos en la misa, luchamos con el vestido, en fin... todo parecía estar en orden en el mundo de las "jóvenes brujas".
Hasta esa fatídica noche en que fuimos al bazar. Yo estaba muy distraída con el perrito de Jane como para notar al sujeto parado junto a ella pero los Weston sí que lo notaron y de repente extrajimos una confesión de Jane: "Ah, sí, era su novio".

De ahí ya conocen la historia. Jane de repente tenía un año comprometida, de repente estaba embarazada de ocho meses y de repente fue mamá.

¡Así de huevos!

Total que platicando con Mrs. Weston descubrí lo atribulada que está por toda la situación. Igual que yo está escandalizada por las formas maternales de Jane. Ya saben, no tener ginecólogo fijo, no tener hospital a dos semanas de escupir el bebé, dejarse hacer cesárea porque le dijeron que era buena idea, alimentar a su bebé con leche mala, ignorar la diarrea, no ponerle nombre a más de un mes de haber nacido y dejar que sus tías la curen para el empacho sudándola en lugar de llevarla a un pediatra. Ah, sí, tampoco tiene pediatra. Por otro lado coincidimos en que Mr. Bingley III se ve completamente desconectado de su labor como padre igual que Jane se ve ajena al bebé. Hasta para alimentarla se ve despreocupada. Yo sé que se trata de Jane pero ya no es cuestión de que nos deje esperando media hora en el metro, llegue tarde al restaurante o descubra tres horas después que no ha visto a su perro: ¡ES UN SER HUMANO!

Es mamá, tiene la vida y destino de un diminuto ser humano en sus manos. Un movimiento en falso y la niña lo pagará por siempre. 

Mientras yo disfrutaba mi copa de vino Mrs. Weston se talló la cara y dijo con más emoción de la que la creía capaz: "Por primera vez siento que ya no conozco a Jane".

¿Creyeron que llegaría el momento en el que estaría de acuerdo con Mrs. Weston? Ya sin mencionar que he llegado a disfrutar pasar tiempo con ella. Creo que la hirió el que Jane no la hiciera partícipe del proceso, es más, me dijo que se puso a pensar que nos debió haber avisado de la muerte de su mamá, porque nosotras también la conocíamos y la queríamos, pero que no podía pensar, lo que admito que me conmovió muchísimo, y cómo le hubiera gustado que Jane nos tomara en cuenta.
Me sorprendió y conmovió, en especial porque en verdad se veía desconcertada. No lo vio venir. Supongo que yo estaba mejor preparada porque siempre estoy a la defensiva, lista para ese momento en el que se revele que la gente  no me quiere y sólo están acechando el momento para deshacerse de mí, pero eso es porque estoy dañada. Mrs. Weston es una persona sana, funcional y normal, no estaba lista para toda esta extraña cadena de acontecimientos y espero en verdad que logre recuperar un poco de Jane. Prefiero que sean el dúo ojete y burlón de la juventud que estas dos personas lejanas que se desconocen.
¿Creen que haya solución o luz al final de este caminito bacheado tan pinche? Yo ya no sé, pero insisto, yo no cuento porque estoy dañada. La gente dañada nunca ve las cosas acertadamente. ¿Luz, cuál luz?

El tiempo es canijo y este mundo es extraño. 


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